Géneros

20 mayo, 2020

Mi decisión debe ser respetada

Durante el mes de mayo, todos los años se celebra mundialmente la Semana del Parto Respetado. El lema del 2020 es “Mi decisión debe ser respetada”, y se celebra del 18 al 22 de mayo.

Sol Martínez Allende

@solmar1936

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La Argentina cuenta la Ley 25.929, reglamentada en 2015, que trata específicamente acerca de los derechos de las personas gestantes y recién nacidas, y de las obligaciones de las instituciones y profesionales que acompañan el momento del parto.

Estos derechos son, por parte de quien está pariendo, a estar acompañada por quien ella elija durante todo el proceso (trabajo de parto, parto y post parto/internación),  a ser tratada como persona adulta y sana, a ser informada de todas las intervenciones que puedan ejercer sobre su cuerpo, y respetar su decisión de aceptarlas o no. A ser escuchada y que no se subestime su padecer físico, a moverse, a parir en la posición que desee, a que se respeten sus tiempos, a comer y beber, a no separarse de su hije durante la internación, y a ser informada de las intervenciones que puedan ejercer sobre éste.

En lo que respecta a la persona recién nacida, se contempla el derecho a la identidad, a ser nombrada, a permanecer internada conjuntamente con su madre, a no ser separada innecesariamente, a que se le trate con respeto y no se le hagan intervenciones innecesarias e invasivas.

El incumplimiento de estos derechos es lo que se considera violencia obstétrica, y está contemplado también en la Ley 26.485 de Protección Integral, cuyo fin es prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres.

A menudo el parto respetado se confunde con una modalidad en particular en la atención de los nacimientos, como lo son los partos sin anestesia, los acuáticos o los planificados en el domicilio.

Sin embargo, el parto respetado poco tiene que ver con estas elecciones, sino con, como enuncia el slogan de este año de la Semana del Parto Respetado, el respeto a las decisiones de las personas que van a parir, entendiendo que se trata de un proceso fisiológico y competente a su propia sexualidad.

Pero justamente el derecho a decidir si gestar o no, es sistemáticamente negado. No sólo por la ilegalidad del aborto, sino también por la falta de acceso a los métodos anticonceptivos y que, paradójicamente, esa responsabilidad recaiga, la mayoría de las veces, en las mujeres. Se parte desde este la vulneración de este derecho principal, para que luego se continúen violando los demás.

Una servidora escribía hace un año en sus redes: “Cuando cumplimos con el mandato social de la maternidad también se nos violenta, porque claro, el mandato no es parir a secas, es parir con dolor, parir atadas, parir castigadas por haber deseado, parir observadas y expuestas, parir insultadas, para apuradas, parir con frío. Para luego ser obligadas a continuar con nuestras tareas como si nada hubiera sucedido, la casa, el marido (si hay), les otres hijes, y al poco tiempo, el trabajo.”

Es que más allá de las leyes, la represión a la sexualidad de las mujeres es uno de los pilares en lo que se basa el patriarcado, y los partos, hasta ahora la única manera de reproducción social, su mayor exponente. Esta opresión, transversal a todas las clases sociales, se expresa de manera más cruda y violenta en aquellas mujeres más pobres, con menos acceso a la salud, a la información y a las redes de contención.

Las redes de contención son las múltiples herramientas que han construido las mujeres y personas gestantes desde hace al menos una década, pero que se han  visto potenciadas con el surgir de la cuarta ola feminista y la masividad de sus reclamos. Redes, grupos, agrupaciones, “tribus”, las mujeres aprenden que no es en soledad como se enfrentan las violencias, recogen el legado de otras luchas y se organizan.

Así es que muchas instituciones han tenido que, de a poco, adaptarse a que cada vez más mujeres se presenten en con planes de parto, que detallen las cosas que no están dispuestas a ceder en el momento en que entren en trabajo de parto, durante el mismo y la internación.

Muchas también eligen parir en sus casas, cuando sus condiciones habitacionales así lo permiten, en la intimidad, con equipos especializados en este tipo de partos, pero que hasta ahora no son contemplados en planes de salud, ni estatales, ni del sistema de obras sociales ni por las prepagas.

Por otro lado, también crece una nueva camada de profesionales que se atreve a cambiar paradigmas, y reconoce a las mujeres como protagonistas del proceso, quizás más en el ámbito de la partería que en el de les obstetras, pero se puede notar en ambos.  

Sin embargo, es una pelea que no admite bajar la guardia. Para las mujeres se trata de estar en pie de guerra de manera constante, sospechando de todes y de todo, una lucha sin cuartel en el período donde lo ideal sería que reinase la paz, la preparación del nido, la serenidad y el amor.

Y no es, como se suele decir, solo un momento en la vida que pasa, que se olvida, sino que tanto cuando fue un momento sublime, como cuando se atravesó con violencia sexual, física y psicológica, el parto y la manera en que se desarrolló tendrá consecuencias la salud mental de la mujer o persona gestante y de la recién nacida. Consecuencias que son la mayoría de las veces subestimadas.

En el marco de la cuarentena por el coronavirus, el Ministerio de Salud comunicó una serie de recomendaciones para las instituciones con la intención de que no se vean afectados los derechos de personas gestantes y recién nacidas. Incluyen protocolos de internación y permanencia de acompañantes.

De todas formas, la realidad es más compleja. Muchos hospitales no cuentan con habitaciones de pocas camas, sino con grandes pabellones donde se internan hasta doce mujeres con sus hijes.

En estas condiciones no se permite que puedan quedarse acompañantes durante la internación, lo cual no es un detalle. Esto significa que la mujer debe hacerse cargo de sí misma y de su hije sin la contención necesaria en el momento más movilizante de su vida, tanto física como emocionalmente.

Para poder realmente transformar la atención son fundamentales tanto el cambio de paradigma en la formación de les profesionales, como la inversión en la salud pública y la auditoría y control del sector privado con fines de lucro.

La vida continúa en cuarentena, nuevas personas siguen llegando al mundo gestadas en cuerpos deseantes, sexuados, que se revelan una y otra vez a ser envases, a ser reprimidos, que paren gritando, con miedo, con dolor, con placer, con amor, con fuerza incontenible.  Hay que tomar esta semana para poner una vez más a la violencia obstétrica en el banquillo, pero no la olvidemos las demás semanas del año.

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