Nacionales

18 mayo, 2020

Coronavirus, cárceles y medios masivos de comunicación

Las protestas en diversos balcones de la Ciudad de Buenos Aires el jueves 30 de abril se hicieron bajo la sentencia de que “quieren soltar violadores”. Esto evidencia una clara desinformación por parte de los medios de comunicación tradicionales y expone la estructura social neoliberal en la que estamos insertes. ¿Cómo se afronta esta problemática desde el periodismo y el feminismo popular?

Daniela Gutiérrez*

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En el contexto actual de la pandemia y del aislamiento social obligatorio, el martes 31 de marzo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó una recomendación respecto a la urgencia de garantizar la salud y la integridad de las personas privadas de su libertad frente a la pandemia del Covid-19.

A partir de esto, la Cámara de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires resolvió un habeas corpus el 8 de abril que ayuda a descomprimir la situación de superpoblación en las cárceles, permitiendo que personas condenadas o procesadas por delitos menores, puedan cumplir su condena, mientras dure la pandemia, de forma de arresto domiciliario. El documento tiene en cuenta a personas contagiadas, a las que están dentro de los grupos de riesgo y a mujeres embarazadas y/o con niñes a su cargo. 

Semanas más tarde se publicó una nota sobre un muchacho de 33 años que robó en una heladería al día siguiente de que lo liberaran de prisión. Al otro día, a las 20 horas, se realizó un cacerolazo masivo como señal de protesta a “la liberación de presos”.

Respecto a esto, Belén Riccillo, militante de Atrapamuros, explica que, para ella, “los cacerolazos del 30 de abril se dieron por desinformación intencionada por parte de los medios masivos de comunicación, que incluso usaron casos completamente falsos o tergiversados. Quisieron fogonear que se estaban liberando violadores y asesinos a mansalva cuando esto no es así”.

En diversos medios de comunicación masiva se refirieron a esta situación particular como una “polémica por la liberación de presos con la excusa del coronavirus”. Esta frase le resta importancia al tema, lo reduce a una simple toma de posición respecto al cumplimiento de los derechos de todes les ciudadanes, generaliza y deshumaniza a les sujetes privades de su libertad, desinforma y genera más temor y desconcierto a la población, en un contexto ya de por sí angustiante.

Riccillo refuerza esta idea al decir que “la cobertura de los medios es sumamente estigmatizante y apela muchísimo al punitivismo social, en donde no se ve, no se trata y no se quiere tratar a las personas privadas de su libertad como sujetes de derecho”. 

También se deja de lado la realidad de las mujeres privadas de su libertad, y se invisibilizan sus reclamos, como las protestas pacíficas que se dieron en diversas cárceles de mujeres en relación a este tema. En estas viven niñes y algunas mujeres embarazadas. Riccillo explica que allí “las relaciones de poder se viven de otra forma, entre el sistema y las mujeres”. Además, agrega que “también al salir cargan con un estigma mucho más fuerte. El de la mala madre, el de la mala mujer. Entonces, los varones la tienen difícil y las mujeres la tienen mucho peor. Adentro e incluso cuando salen”.

A partir de esta situación y de los diversos discursos que estuvieron circulando por distintos medios, Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, en una nota en TN, explicó que, desde el Ministerio, son conscientes de los riesgos que implica la superpoblación carcelaria. También dejó en claro que comparar esta realidad con “estar a favor de que salgan violadores” es un claro ejemplo de cómo confundir al pueblo.

Es por esto que Gómez Alcorta, en esa misma entrevista, expuso la nota que fue entregada desde el Ministerio a todos los Poderes Judiciales de las distintas provincias el día siguiente a que se declarara el aislamiento social obligatorio desde el Poder Ejecutivo.

En la nota se expresa claramente la preocupación del Ministerio acerca de “los riesgos que podrían implicar para las víctimas la libertad de personas detenidas o condenadas por delitos contra la integridad sexual o hechos de violencia contra las mujeres”.

Además, explicó que solo el Poder Judicial puede detener o liberar a personas, y que la demanda y el reclamo se deben dirigir a quienes efectivamente tienen la competencia para solucionar esos problemas. Entonces, una periodista la interrumpió y le dijo: “Entonces no podés hacer una condena y un repudio concreto a lo que está pasando”, a lo que la ministra le contestó: “¿No lo estoy haciendo ahora?”. 

Es por esto que Belén Riccillo pregunta: “¿Por qué no sientan a un juez, cuando es el que firma estas cuestiones?”. Los medios de comunicación tradicionales son coherentes con el discurso machista y neoliberal que estructura nuestra sociedad. Entonces, para luchar contra esto, puede resultar importante recordar las guías que la Defensoría del Pueblo publicó en el 2016 para un ejercicio responsable de las coberturas periodísticas frente a diversos temas. 

En primer lugar, es vital generar mensajes que no generen pánico ni promuevan el linchamiento social. También es necesario entender a la información como un servicio, y a la comunicación como un derecho humano. Les comunicadores deben cumplir el rol social de “centrar la cobertura en brindar información que coopere en la orientación de la población para que pueda participar de un modo activo y responsable”. ¿Cuál sería este rol que la población puede y debería tomar? Y, más importante, como feministas populares y antipunitivistas, ¿qué se puede hacer en este contexto? 

Riccillo argumenta que, en primer lugar, “tenemos que acompañar los procesos de organización de las compañeras privadas de su libertad y visibilizar sus luchas”. Y, en segundo lugar, explica que “tenemos que cuestionar el origen de las problemáticas que las llevan a estar en la cárcel y cuestionar también las prácticas que se dan allí.  Porque también hay una cuestión de clase, en donde entendemos que el patriarcado golpea de manera diferente según la clase social. Las cárceles, para mí, no solo representan, sino que refuerzan los estereotipos de género”. 

Las cárceles, los medios de comunicación, la Justicia de la Nación son reflejos de la ideología dominante y exponen los lugares en los que hay que seguir luchando para llegar a una sociedad estructuralmente más justa y socialmente más consciente. Desde el periodismo y feminismo popular tenemos que seguir cuestionando estos discursos y promoviendo la lucha y la organización colectivas, teniendo como fin transformar la realidad actual y entendiendo que se trata de un cambio cultural y no meramente coyuntural. 

*Integrante de Mala Junta

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