Géneros

11 mayo, 2020

El amor en tiempos de sexting

Satisfacción sexual y vínculos en tiempos de pandemia, la virtualidad como escenario de fantasías y reconstrucción de la imagen personal.

Nayla Vera

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El Covid-19 modificó la vida a escala global en tanto política, económica, social y culturalmente. La población mundial está a prueba por el confinamiento, cuyo fin es evitar el contacto que facilita la propagación del virus. Por este motivo, entre los múltiples temas a abordar, el Ministerio de Salud se pronunció respecto al “sexo seguro” y añadió recomendaciones pertinentes al contexto actual.

Esto se sumó a la creciente producción y circulaciones de contenido pornografico, tips de masturbación, e innovación de las apps de citas. Pero sin dudas el fenómeno del sexting -es decir, la práctica que alude al envío de mensajes eróticos, sexuales, o pornográficos a través de teléfonos móviles, lo que incluye videos, imágenes, audios, y textos-, tiene el mayor nivel de protagonismo.

Desde los medios masivos se abordó el tema del sexting, y en aquellos hogares donde todavía se acostumbre a compartir la mesa en compañía de la tele, este tema no pasó desapercibido. La incomodidad que supone la relación prácticamente imprescindible con la tecnología y el tabú de hablar de sexo, no en términos reproductivos, sino en cuanto a placer  y goce, generó tensiones y recelo. El coronavirus obliga a expresar aquello que incomoda, fantasías no reveladas a uno mismo  pero que de momento  es todo lo que hay y puede ofrecerse a otres. No está demás hablar en términos plurales, ya que el sexting es algo que rompe espacio, tiempo, y límite de personas que buscan lo mismo, por este motivo la competencia es constante. Todes viven en ilusiones ajenas.

Frente a los límites y trabas, el sexo no tiene más opciones que reinventarse día a día, donde el foco está puesto en las nuevas generaciones acostumbradas a la instantaneidad, las aplicaciones, y con un nivel de atención o sorpresa que es mayormente efímero. La imaginación sale a la luz como nunca antes.

A pesar de lo diverso del sexting, hay actores sociales que quedan afuera o están invisibilizados: quienes no puedan acceder a un teléfono celular o buena conexión a internet, tiene más reducidas sus posibilidades. Esto deja en evidencia que el sexting no es un juego de muches, sino de les que pueden.

Por otro lado, no solo la falta de recursos atentan contra esta práctica. Muches adultes mayores no logran encontrarse con estas prácticas mediadas por tecnologías, que les incomodan o desconciertan, y no es casualidad, ya que no está pensada ni apunta a elles. Esto responde a los prejuicios de la tercera edad, que bien lo expuso Rosa Rodríguez Cantero, escritora de El amor en tiempos de PAMI, en una entrevista de Página 12: “Pareciera como que en la vejez se invisibiliza el goce, pero yo siempre digo que después de la menopausia cerré la fábrica y abrí el parque de diversiones”.

“Me acuerdo la primera vez que salí con este chico con el que estoy ahora, me preocupé por si iba a lubricar o no. Tenía vaselina en la mesita de luz y después deje que fluya. Al final no necesité”, agregó.

La realidad llevó a la población mundial a relaciones epistolares, como si se fuese una novela. La indiferencia dio paso al romanticismo e idealización. Abundan las promesas de reunirse cuando todo termine, y sin embargo: ¿qué pasará cuando vuelva la normalidad y se pase al plano de la realidad? ¿O se trata de algo que no trasciende la cuarentena? ¿Se sextea por satisfacer deseos o simplemente porque también se busca contacto o charla con alguien distinto? 

Quizás en los tiempos que corren lo más apropiado sería no encasillar o etiquetar nada. Es un momento experimental, de exploración personal y de mutua confianza con las personas que responden desde el chat, y al mismo tiempo no está de más hablar de responsabilidad emocional en este contexto y lo que depara en el futuro. Al ser un tema abordado desde el Estado, hay alertas y recomendaciones en cuanto a salud sexual, como también cuestiones de género y cuidados, siendo el respeto y consentimiento algo fundamental.

No es solo el mensaje, sino la persona que se construye detrás: al igual que las fotos, videos, audios, y textos, une también puede editarse cuantas veces lo desee al momento de sextear. La relación del cuerpo con el teléfono móvil en un contexto erótico remite a los postulados de Donna Haraway, una docente y escritora estadounidense, sobre la relación humanos/máquina en su reconocido libro El Manifiesto Cyborg: Allí se piensa a las máquinas como órganos o herramientas que tiene el cuerpo para relacionarse con otre.

En la búsqueda de delinear perfectamente la situación sexual, se pierden esas torpezas o autenticidades que tiene el cara a cara. El margen de error viene de una falla técnica o de conexión, pero no de las personas interactuando. 

Anais Nin, escritora francesa, años atrás advirtió sobre la importancia de las emociones y los sentimientos que rodean el sexo, y cómo la falta de estos deviene en una actividad monótona e insulsa: “Sin sentimientos, sin invenciones, sin el estado de ánimo apropiado, no hay sorpresas en la cama. El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, celos, envidia, todas las variedades del miedo, viajes al extranjero, caras nuevas, novelas, relatos, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino”.

Por otro lado, agregó: “El sexo pierde su poder y su magia cuando se hace explícito, mecánico, exagerado, cuando se convierte en una obsesión maquinal se vuelve aburrido.”

La honestidad sin tanto adorno termina siendo lo que estimula la pantalla. Se reciclan fotos, ángulos de cámara que benefician la imagen, instrucciones de masturbación, videos guionados por ambas partes, erotización de lugares impensados, la impaciencia y ansiedad presentes en todo momento.

Las reglas de juego varían  y eso genera una búsqueda pornografía amateur, o diferentes  propuestas que escapen de la heteronormativa y hegemonizada, como así también una visión del cuerpo propio y ajeno más aceptada, camino a despegar de los estereotipos, y entender la belleza y sensualidad en todas sus formas.

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