Batalla de Ideas

29 abril, 2020

El virus del odio en las redes sociales

La convivencia entre periodistas y trolls pone en jaque las condiciones del debate democrático. Análisis de las formas que la violencia política adquiere en la nueva era digital.

Santiago Feinmann

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En el último decenio, las redes sociales adquirieron una notable centralidad en la comunicación política generando el advenimiento de un nuevo escenario comunicativo. El tradicional esquema de verticalidad en la circulación de información desde los medios periodísticos hacia la población se ha modificado y la ciudadanía cuenta en la actualidad con la posibilidad de tener un papel relevante dentro del proceso comunicativo.

En un contexto global marcado por la inmediatez y la hiperconectividad, las plataformas como Twitter, Instagram o Facebook se convirtieron en espacios propicios para debatir sobre cuestiones de interés público. Así, representantes políticos y líderes de opinión acuden a estos medios utilizando distintas estrategias para contactar con sus audiencias.

Bajo estas condiciones se han popularizado los trolls, término que define el comportamiento de usuarios de redes sociales que tienen como objetivo distorsionar conversaciones sobre la base de mentiras, infamias y provocaciones varias. La creación de cuentas orientadas para atacar a otros usuarios antecede a las redes sociales y se originaron con la emergencia de los blogs cuyo formato de páginas habilita interacciones a través de comentarios.

En el año 2017, el diario inglés The Guardian publicó un esclarecedor documental titulado The internet Warriors en el que a través de entrevistas en profundidad se estudiaron los casos paradigmáticos de estas personas que pasan buena parte de su tiempo generando violencia desde sus cuentas de redes sociales. La evidencia demuestra que ejercen su odio desde una angustiosa soledad. Que se ríen de sus propios “chistes” e interactúan desde lo extremo porque parecen buscar, por la excitación “argumental” que provocan sus opiniones, una forma de autogratificación momentánea e iluminadora. Twitter e Instagram constituyen los campos privilegiados de acción para esta forma de vandalismo cibernético.

Un caso emblemático de acoso en las redes es el generado contra la congresista más joven de la historia de los EE.UU. Desde su asunción en noviembre del 2018, Alexandria Ocasio Cortez fue el blanco de innumerables ataques racistas, misóginos y antinmigración que apuntaron a desvirtuar la influencia que tiene en sus millones de seguidores sobre temas como medioambiente, feminismo e inclusión social. En uno de los peores casos de violencia en sus redes, Alexandria denunció la participación activa de The Daily Caller, uno de los tantos medios conservadores con sede en Washington. “Para los que están al tanto, los republicanos comenzaron a circular una foto mía falsa, desnuda. El Daily Caller la republicó y se rehusó a indicar que era una foto falsa en el título. Es completamente desagradable el comportamiento de los medios conservadores”, escribió en Twitter en enero de 2019.

En nuestro país, la actividad del trolleo cobró notoriedad durante el mandato del ex presidente Mauricio Macri, en el que estos internautas experimentaron altos niveles de organización y coordinación para realizar ataques a distintas periodistas, políticos y figuras públicas, bajo una instrumentalización sospechada de haberse llevado a cabo por funcionarios de primera línea.

Los perfiles de estos ataques estuvieron sincronizados de forma permanente con los intereses del gobierno saliente y una vez efectuado el cambio de mandato, comenzaron a operar desde un registro opositor nutriéndose de renovada información falsa. En esta clave, parte del periodismo argentino volvió a funcionar como proveedor de la materia prima que estos grupos utilizan para agredir y difamar irresponsablemente.

En las última semanas el odio volvió a viralizarse en las redes sociales y sus transmisores fueron inicialmente Eduardo Feinmann y “Baby” Etchecopar quienes insultaron y difundieron al aire datos falsos sobre la legisladora porteña Ofelia Fernández. El modus operandi de estos periodistas sin rigurosidad profesional y de los trolls, se sostuvo con narrativas misóginas y violentas que incluyeron la publicación de archivos pasados para intentar desprestigiar su desempeño en la actualidad. Este tratamiento surge en respuesta al ascenso de un novedoso fenómeno social, cultural y político que viene liderando en nuestro país la parlamentaria más joven de la región.

Ofelia Fernández irrumpió en el escenario local con una marcada agenda de izquierda y un hábil manejo en sus redes sociales. Lanzó su candidatura en su cuenta de Instagram a comienzos de 2019 y a lo largo de la extensa campaña electoral se convirtió en la candidata a legisladora por la Ciudad de Buenos Aires con mayor compromiso (engagement) de seguidores, quienes acompañaron replicando sus mensajes. Los puntos más altos de sus impactos en esta red están asociados a publicaciones en defensa de los derechos de las mujeres y las disidencias en Argentina.

El 28 de mayo del año pasado, en el marco de la octava presentación del Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, registró cerca de 200 mil likes y una interacción de 7.500 comentarios. Su influencia este año siguió en aumento: el video de su primera intervención dentro del recinto parlamentario en las vísperas del Paro Internacional de Mujeres se viralizó alcanzando sus impactos máximos históricos en todas las plataformas sociales. “Marzo lleva más femicidios que días”, llegaron a titular distintos diarios al día siguiente haciendo referencia a una de sus frases.

Si hay una paradoja que atravesamos en la actualidad es que el avance en la calidad de las tecnologías digitales ha degradado la calidad del debate público. La responsabilidad en el uso de las mismas se torna fundamental ya que la violencia verbal reduce la discusión política centrando las miradas en las personas y no en los argumentos. De aquí que la complicidad entre parte del periodismo y los trolls es muy peligrosa para la democracia. Terminan siendo responsables de empobrecer el sentido de la libertad de expresión, de la que luego pretenden hacerse eco.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

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