Nacionales

28 abril, 2020

“La fragmentación del sistema de salud es uno de los grandes problemas para afrontar la pandemia”

El viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, repasa en esta entrevista las dificultades estructurales que tiene la Salud Pública argentina. Pero también destaca los logros alcanzados para prevenir y contener el contagio de coronavirus.

Sebastián Gatti

@GattiTosco

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Nicolás Kreplak comenzó su militancia política en la Universidad de Buenos Aires fundando la agrupación Síntesis. Desde ese lugar iniciático viene debatiendo acerca de la concepción de la salud, sobre modelos y sistemas. Su militancia lo llevó a La Cámpora y a partir del 2015 se incorporó a la gestión estatal siendo viceministro de salud de Nación. 

Los cuatro años de macrismo lo encontraron presidiendo la Fundación Soberanía Sanitaria, una usina de pensamiento que impulsó entre otras cosas una revista y una maestría en Salud Pública. 

Desde diciembre del 2020 es viceministro de salud de la Provincia de Buenos Aires. Lo que ya de por sí se vislumbraba como una tarea titánica luego del vaciamiento de lo público por parte de la gestión de María Eugenia Vidal, encontró un giro impensado con la llegada de la pandemia de Covid-19 que asola el mundo.

Nicolás se tomó unos minutos de su cargada agenda para brindar esta entrevista en la que aborda temas que van más allá de la pandemia como la fragmentación del Sistema de Salud argentino y la concepción de la salud como un derecho y no una mercancía.

– El Sistema de Salud en Argentina se encuentra hiperfragmentado. Tenemos un subsistema público, unos privado y otro de obras sociales. A su vez, se descentralizó teniendo una gran parte de la cobertura en manos de los municipios. ¿Cómo pensás que se ve afectada la respuesta a la pandemia a partir de dicha fragmentación?

– En primera instancia la fragmentación del sistema de salud en términos de financiamiento y organización política hace que una vez que necesitamos un sistema de salud coordinado, no tengamos ningún tipo de gobernabilidad y haya que construirlo en este momento. Para que te des una idea tuvimos que inventar un sistema de monitoreo epidemiológico que no existía. 

Antes de empezar la pandemia ya estábamos con brotes epidémicos de sarampión y dengue. Tuvimos que armar un boletín epidemiológico porque casi no existía área de epidemiología, tuvimos que construir una sala de situación y después de eso armamos un sistema de monitoreo orientado especialmente al Covid-19. Todo eso hubo que construirlo de cero.
Pero ni siquiera teníamos conocimiento de la cantidad de camas que teníamos en el Sistema de Salud. Ni de las municipales, las provinciales, ni las nacionales, ni las privadas. Tuvimos que construir toda esa información y es muy difícil, porque tenemos muy poco gobierno sobre el sistema municipal y menos sobre el privado. La verdad es que no hay coordinación, todo eso se está construyendo en este momento.
Y la fragmentación también repercute en las condiciones laborales. Argentina es el país de Latinoamérica con mayor índice de multiempleo entre los profesionales de la salud. Prácticamente el 95% de los médicos hoy tienen multiempleo, lo cual es un problema en el contexto de la pandemia. Que el 20% de los infectados sean personal de salud se debe al multiempleo. Tenés hospitales con 16 profesionales de la salud infectados y ningún paciente. 

Así que si, la fragmentación es uno de los grandes problemas y la respuesta que estamos dando frente a la pandemia quizás nos ayude a desandar ese camino

– Ginés González García planteó la posibilidad de disponer de la totalidad de las camas, incluso las del sector privado y vos mencionabas recién el armado de herramientas de monitoreo epidemiológico que comentabas. Estas son tareas donde el rol del Estado es fundamental. ¿Pensás que a partir de la pandemia haya algo más que pueda hacer el Estado para reconstruir la fragmentación del sistema o incluso si hay que pensar de nuevo el Sistema de Salud?

– Yo creo que se tienen que repensar muchas cosas. Los que veníamos militando esto hace mucho que lo decimos pero ahora quizás se enteran muchos más porque entra en la agenda política. La pérdida de soberanía que implica el neoliberalismo y su expresión en salud, hoy está siendo el principal problema. No podemos ni confeccionar barbijos propios. 

Ni hablemos del pensamiento, de la investigación. En ninguno de los elementos necesarios para tener un sistema de salud tenés soberanía suficiente y tenés que construirla en este contexto. 

Al estar en la agenda política, es una oportunidad de oro para poder hacerlo. Tampoco es que se pueda fácilmente. Las crisis no son un momento donde uno tenga demasiada capacidad de crear porque tenés que intentar que no se destruyan cosas, pero hay que aprovechar y construir todo lo que se pueda. 

Tenemos el ejemplo de la integración territorial. Ahora se está haciendo seguimiento de pacientes con síntomas leves o asintomáticos una vez que lo externamos. Estamos hablando de referencia y contrareferencia, de seguimiento territorial. Son cosas que el sistema de salud no tiene pensado y que son indispensables para las enfermedades crónicas, para la prevención y la promoción de la salud. 

Esta pandemia nos obliga a darnos estructuras organizativas que nos permitan hacer un seguimiento territorial. Ojalá podamos sostenerlas en el tiempo y potenciarlas para que puedan ser una respuesta.

– Hay un problema global con la falta de insumos de protección personal para el personal de salud. Hay faltantes en todo el mundo y encima los países centrales pujan económicamente para apropiarse de esos materiales. ¿Qué están haciendo ustedes para hacerle frente a esa situación?

– Estamos haciendo todo lo que es posible. Se compró todo lo que se podía comprar, pero en nuestro país no tenemos el nivel de producción suficiente, y estamos hablando de elementos de una simpleza tan pasmosa como un barbijo. Además, empieza una cuestión tecnocrática compleja por la que capaz podés producirlos pero no los tenés evaluados ni avalado que sea efectivamente un producto médico con capacidad de ser utilizado. Y eso también hay que discutirlo, porque algunos elementos tecnocráticos están por sobre necesidades reales. 

Yo creo que tiene una asimilación a lo que sucede con los papers y la evidencia, aparece algo de la industria farmacéutica extrapolado a otros lados porque hay una lógica desmedida de ese tipo de miradas.
Por otro lado, se destruyeron las importaciones. La mayoría de las cosas se importan por la vía marítima que está paralizada totalmente. El resto se trae en aviones de pasajeros, como no hay más vuelos no se puede importar. 

Tuvimos que construir un puente aéreo con Aerolíneas Argentinas (para eso sirve la soberanía) con un vuelo a Shanghai que es la capital del mundo más lejana desde Buenos Aires. Ese vuelo lo hace Aerolíneas y desde ahí estamos trayendo materiales de protección porque los chinos sí tienen capacidad de producción. 

En este punto hay que discutir también las características del capitalismo global y de la distribución internacional de trabajo. Hay quienes producen bienes materiales y el resto servicios que hoy no valen nada. Hubo que construir ese puente aéreo que se está haciendo cada 72 horas para traer insumos para la Provincia de Buenos Aires y ahora se está sumando el resto del país.

– Desde la década del 90 y a partir del consenso de Washington comenzó una disputa sobre la concepción de la salud como un derecho o una mercancía. La mayoría del mundo, y gran parte de la corporación médica en Argentina, piensan a la salud más como una mercancía que como un derecho ¿Pensás que a partir de esta situación puede haber un cambio de paradigma o vamos a seguir remando contracorriente?

– Creo que en gran parte de la dirigencia mundial hay dos formas de verlo. La gran parte de los gobiernos del mundo, salvo algunas excepciones, son de derecha y liberales. Ahora bien, en algunos países incluso siendo gobiernos liberales y bastante conservadores entendieron lo que estaba pasando y salieron a decirlo. 

En Francia teniendo en el gobierno a un exponente del neoliberalismo como Emmanuel Macron, salieron a decir que no se puede pensar a la salud como una mercancía, que la salud no es una mercancía más sino un derecho y el Estado tiene que garantizarlo. Hay otros países del mundo con gobiernos también liberales pero más reaccionarios como Donald Trump y Jair Bolsonaro, que siguen diciendo que la salud es para quien pueda y que para quien no, no. Creo que a esos les está yendo peor que a aquellos que intentaron empezar a defender el derecho a la salud. 

Dicho esto, yo tengo la sensación de que pasada la pandemia va a haber miles y miles de problemas de los cuales hacerse cargo y la salud va a pasar al final de esa lista. Va a ser responsabilidad de toda la militancia política y de la sociedad construir que esto no nos puede volver a suceder. Para que no nos vuelva a suceder no alcanza con haber vivido la experiencia sino ponerlo en agenda para construir el Sistema de Salud que necesitamos.

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