El Mundo

21 abril, 2020

Bitácora internacionalista: Mahmoud Muñiz, un laburante de la liberación

En 1959 un obrero metalúrgico argentino, militante sindical, trotskista, emprendió un viaje hacia el norte de África. Su misión: fabricar ametralladoras para la independencia de Argelia.

Gonzalo Armúa

@GonzalArm

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El 5 de abril, en una nota perdida de una actividad en una embajada en el norte de África, se leía sin mucho más detalle que “al finalizar el evento, ‘Mahmoud el argentino’  de 97 años, expresó sabias palabras en señal de homenaje al gran patriota y líder venezolano”. 

Un argentino, cuyo nombre es Mahmoud, rindiendo homenaje a Hugo Chávez en Argelia. Una historia de internacionalismo poco conocida. ¿Quien es y que hace ahí?

Para tener una idea del contexto hay que volver a la guerra de liberación (también conocida como revolución argelina) que estalló en 1954 para poner fin a la dominación colonial francesa que se había establecido desde 1830 y que, como todo proceso colonial, se sustentaba en la desigualdad económica, étnica, cultural y, por sobre todas las cosas, en la violencia. El terror fue el sello distintivo de las brigadas de paracaidistas franceses y los grupos paramilitares, encargados de reprimir, asesinar y torturar a este pueblo que se levantaba contra la metrópoli. 

El Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia fue, en contrapartida, un ejemplo de la lucha antiimperialista en África y todo el mundo. Se había terminado de conformar en 1954 con la unidad de todas las fuerzas nacionalistas, revolucionarias y anticoloniales. 

Francia respondió a sus acciones con el envió de los paracaidistas del general Jacques Massu, quien torturó y ejecutó de manera sistemática a miles de personas. Estos métodos luego fueron replicados por los grupos de tareas de las dictaduras en el cono sur, entre ellas la de Argentina. 

En la década de 1950, Roberto Muñiz era un laburante, militante sindical en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y del Partido Obrero Revolucionario (POR). Junto a dos compañeros más, decidió sumarse a la causa argelina en 1959. 

Tres obreros matriceros argentinos viajaron a Marruecos a montar una fábrica de armas para el FLN. Los revolucionarios necesitaban imperiosamente de técnicos, gente con oficio. Hasta ese entonces sólo habían logrado producir granadas y la provisión de armas largas era insuficiente. Muñiz contó en una entrevista unos años después que llegaron a fabricar diez mil ametralladoras provistas cada una con diez cargadores, es decir, hicieron cien mil cargadores para la lucha por la independencia de Argelia. 

Mención aparte merece el POR como expresión del trotskismo que veía pertinente la estrategia de liberación nacional como parte de la revolución permanente. Así interpretaron y apoyaron al peronismo y lo propio hicieron con la revolución argelina. Roberto es de esa estirpe y tal vez por eso su experiencia fue poco reivindicada en nuestro país, más allá de algunas menciones en blogs militantes, alguna nota de color o un párrafo en un libro de Pedro Saborido.

La fábrica de armas se instaló en una finca en Marruecos, por razones de seguridad, y allí convivieron y trabajaron los matriceros internacionalistas: holandeses, alemanes, griegos y el argentino. También, por seguridad, bautizaron a Roberto como “Mahmoud”.  

Él era de Remedios de Escalada aunque se había mudado a Córdoba con su mujer Alfonsa, quien también era delegada sindical en la fábrica Alpargatas. En Argentina, luego del golpe de Estado contra Juan Domingo Perón en 1955, no estaba nada fácil para una pareja de dirigentes sindicales, pero Argelia no podía esperar. 

Ya en la fábrica de armas montaran todo una línea de producción de granadas, morteros y ametralladoras, copiando las del enemigo. Varios compañeros de Mahmoud murieron en pruebas fallidas de armas, él tuvo mejor suerte.

Finalmente Argelia consiguió la independencia en 1962 y Roberto, que originalmente había viajado por seis meses, ya llevaba tres años del otro lado del mundo en un país que lo abrazó como un héroe y parte de su pueblo. Alfonsa, su compañera de lucha y de la vida, también llegó a Argelia ese mismo año para quedarse. 

Roberto siguió su vida como obrero en la Sonelgaz (empresa de gas del Estado argelino) donde se jubiló tras 20 años actividades y una actuación reconocida en la Unión General de Trabajadores de Argelia (UGTA), la central obrera. 

En 2008, en una gira por el país, Cristina Fernández escuchó hablar de “Mahmoud, el argentino” y así fue como ese obrero internacionalista acabó encontrándose con la presidenta. 

En una entrevista del periodista Ricardo López Dusil del año 1997 publicada, paradójicamente, el diario La Nación, Mahmoud Muñiz confesó con humilde orgullo una situación que le había sucedido cuando fue al médico: “Un hombre joven, cuando llegó el momento de pagar, me dijo: ‘¿Cómo voy a cobrarle, si por hombres como usted yo he podido ser médico y tener mi consultorio?’ ¿Se lo imagina? Soy un hombre feliz, que tiene una inmensa alegría por haber vivido lo que ha vivido”.

El internacionalismo en las luchas de liberación nacional de los años ´50 y ´60 tiene cientos de historias de laburantes como Roberto, como Alfonsa y como tantos y tantas que comprendieron que la lucha es una sola. No es extraño que en 2020, en una embajada de un país asediado por el imperio, que sigue demostrando que las ideas de patriotismo, unión continental e internacionalismo son parte del mismo rumbo, Mahmoud, a sus 97 años, siga dando un paso al frente como en aquel lejano 1959. 

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