Educación y Ciencia

14 abril, 2020

De la catarsis a la reflexión educativa

Extrañando encuentros en la sala de maestres, mates, charlas; algunas líneas como puntapié para seguir haciendo catarsis, discutiendo y reflexionando para que la experiencia de estos tiempos sea transformada en conocimientos que se construyan colectivamente.

Agustín Durán y Lucía Castiñeira*

COMPARTIR AHORA

Ya pasó más de un mes desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio a raíz de la pandemia a nivel internacional provocada por el Covid-19. Las escuelas llevan el mismo tiempo cerradas para realizar su trabajo cotidiano y tanto les niñes como les docentes nos encontramos en nuestras casas. Les docentes, además, estamos haciendo el esfuerzo por generar un vínculo y un seguimiento virtual con grupos que, en la mayoría de los casos, son completamente nuevos para nosotres.

Además, si hay algo que caracteriza la cotidianeidad de la docencia es el encuentro dentro de lo que llamamos “sala de maestros”. En este espacio les docentes nos encontramos, compartimos los mates y hablamos, sin pelos en la lengua, de las cosas que nos pasan tanto dentro como fuera de la escuela. Pero, sin dudas, hay algo que siempre está: el momento de hacer catarsis.

Podemos naturalizarlo como  algo común y corriente, pero es un momento que para muches se vuelve necesario ya que es donde podemos exponer esas cosas que nos provocan malestar, ganas de patear el tablero (para no utilizar la expresión “mandar todo a la mierda”). Probablemente sea un momento de purificación emocional y mental, un momento donde escupir lo que a une le pasa y lo hace sentir mejor. 

De todos modos, la sala de maestres no es un espacio donde une se encuentre solamente con sus colegas afines, sino que, además, hay que compartirla con otres con quienes no congeniamos ideas u horizontes. Es precisamente allí donde nos encontramos con miradas que muchas veces nos suenan disruptivas y nos obligan a afinar nuestros propios pensamientos.

Ahora bien, ¿dónde queda ese espacio, ese momento, cuando estamos encerrades, trabajando desde la virtualidad y lejos de nuestros contextos de socialización docente?

Se trata de una situación de suma complejidad. Por un lado, no contamos con las herramientas y la formación necesaria para pasar de ser docentes de aula a dar clases virtuales. Ni siquiera en los profesorados hay una materia donde trabajar la “educación virtual” o a distancia y sus trasfondos pedagógicos.

Esto trae varios problemas: en primer lugar, muches cometemos el error de intentar replicar o sustituir el trabajo en el aula, aun teniendo clara la imposibilidad de hacerlo. Esto se da a raíz de que ni bien fueron suspendidas las clases presenciales lo primero que se dijo fue “hay que mandar actividades”. Algo que en un primer momento no solo dimos por hecho, sino que muches creímos acertado, en un contexto de desconcierto al que se sumó la IDEA de que solo eran dos semanas fuera de la escuela (aunque si efectivamente hubieran sido así también podríamos poner esto en tensión).

Un momento, ¿Esto lo aceptamos nosotres? Creemos que, como todo, hay que poder verlo en su complejidad y la Escuela se caracteriza por ser un espacio donde hay poco tiempo para hacer miles de cosas, algo que nos envuelve en una vorágine donde recurrentemente estamos a las corridas. Las escuelas, o muchas de ellas, no se caracterizan por ser lugares donde nos detengamos colectivamente a preguntarnos ¿Por qué? ¿Cuál es el sentido? ¿Qué queremos construir junto a les pibis? Simplemente corremos: organizamos los actos, la fiesta del Patrono, la Semana de las Artes, la Feria de Ciencias, y ahora también un plan de contingencia frente a una pandemia sin detenernos en esas preguntas. Entonces, no fue algo que aceptamos y ya sino que en medio de un panorama de desconcierto muches dejamos pasar sin prever las consecuencias.

A su vez nos encontramos, en la Ciudad de Buenos Aires, con un gobierno que profundiza aún más nuestro papel de aplicadores y, por ejemplo, año tras año exige que les estudiantes de la Escuela Primaria realicen las pausas evaluativas (en 3° y  6° grado), las pruebas Fepba (en 7°grado) y los “desafíos escolares” (hasta el año pasado) sin tener en cuenta la diversidad de recorridos, las diferentes realidades y las montones de complejidades que se dan no solo en cada niñe, sino también en cada institución que tiene una comunidad particular, en un barrio particular, con sus propias problemáticas. Esto perpetúa el rol del docente aplicador, un docente que no piensa lo que hace ni el por qué, sino que simplemente ejecuta las políticas educativas por las que nadie le consultó ni le tuvo en cuenta. 

Para esta concepción nosotres no somos capaces de producir saberes pedagógicos, nos tenemos que acostumbrar a ser simplemente aplicadores o, en el mejor de los casos, cuadros técnicos de la enseñanza.

Otra realidad que comienza a tomar vuelo con el correr de los días es que aquellas conducciones con tintes más autoritarios se empeñan en profundizar ese tipo de vínculo. Ya sea desde el ordenamiento del qué hacer, sin socializar ni el análisis ni la toma de decisiones, o desde el despliegue de los dispositivos de vigilancia y control -que a veces rozan la persecución- haciendo foco en qué y cuánto es lo que les docentes le solicitan a les estudiantes sin detenerse un momento en los aspectos cualitativos.

Les docentes no solo contamos con conocimientos pedagógicos, sino que somos capaces de construirlos y reconstruirlos permanentemente ya sea desde la teoría (aspecto que probablemente necesitemos profundizar) como desde la reflexión en torno a nuestra práctica cotidiana. Por ello se vuelve de vital importancia la apertura de canales de comunicación entre docentes que nos permitan analizar con mayor profundidad cuál es nuestro rol en esta situación paradójica y cómo enfrentarnos a las complejidades que nos atraviesan. Teniendo en cuenta no solo las miles de particularidades que tienen nuestres estudiantes sino también las que nos atraviesan a nosotres. 

Es necesario y fundamental que nos tomemos el tiempo para ver cómo nos sentimos, cómo se sienten les niñes y le demos el espacio que se merece y nos demanda la angustia, el desgano y la falta de ánimo que nos invade ante una situación inédita y poco clara para todes. Esto no tiene por qué significar caer en una “depresión educativa” ni mucho menos, sino en poder identificar, aceptar y hacernos cargo de nuestros sentimientos para poder buscar colectivamente propuestas que nos permitan ver en nuestro trabajo un aporte real a les niñes y adolescentes que, al igual que nosotres, se encuentran encerrades en sus casas.

Por ello se vuelve imperante el compartir con nuestres colegas -aunque sea en la virtualidad- lo que nos pasa, lo que sentimos y darnos un espacio para volver a hacer catarsis. No por el ejercicio de hacerla en sí, sino para poder ir más allá y pasar de la catarsis a la reflexión, y desde ahí buscar colectivamente propuestas para superar el “mandar tarea” y el “hacer como si enseñáramos” para construir juntes un vínculo, a través de la tecnología, atravesando esta cuarentena con nuevos aprendizajes que seguramente se parezcan poco a los aprendizajes escolares tradicionales pero es ahí donde probablemente radique el potencial educativo y pedagógico que tiene la Escuela hoy.

* Profesores de Enseñanza Primaria y delegades de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE – CTERA)

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas