El Mundo

8 marzo, 2020

“La capacidad de las mujeres en la resistencia al golpe de Estado ha sorprendido a muchos”

La militante feminista boliviana Ximena Centellas Rojas viajó a Buenos Aires en el marco del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. En esta entrevista da cuenta de la construcción del feminismo en su país, los debates, las deudas y la lucha contra la dictadura.

Alicia García Tuñón

@AliGarciaTunon

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Del miércoles 4 al sábado 7 de marzo, bajo el lema “Nosotras movemos el mundo”, el Ministerio de Cultura junto con el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación organizaron una serie de actividades culturales y conferencias para celebrar el día internacional de las mujeres en el Centro Cultural Kirchner (CCK).

En el panel «Estrategias y tensiones de los feminismos en los gobiernos nacionales y populares de América Latina», dialogaron con la ministra Elizabeth Gómez Alcorta la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y lideresas latinoamericanas de Bolivia y Perú. Hablaron sobre sus experiencias feministas de construcción, acceso y ejercicio del poder en los espacios de gobierno en la región.

Una de ellas, la boliviana Ximena Centellas Rojas, habló con Notas frente al Congreso mientras se presentaba la Secretaría de Géneros de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).

Psicóloga, militante de la Comuna de Mujeres Urbanas, coordinadora de la Escuela Nacional de Formación Política del Movimiento al Socialismo (MAS) y ex jefa de Redes de Conocimiento Internacional de la Vicepresidencia de Bolivia, trae su pañuelo verde atado a la muñeca y compró otros para llevarse a Bolivia.

– ¿Qué significa el 8 de marzo para una mujer en Bolivia?

– Es trascendental, es un hecho histórico. En Bolivia es un día por la reafirmación  de la lucha que se desarrolla como mujeres para buscar más derechos. Se ha buscado, durante muchos años, interpelar a los gobiernos de derecha y neoliberales. Pero con el proceso de cambio, cada 8 de marzo, el presidente Evo Morales anunciaba una nueva ley con ampliación de derechos, un bono, etc.

En Bolivia se ha creado una “alianza de mujeres”, mujeres que provienen de todos los sectores urbanos, campesinos y de organizaciones de clases medias y se ha generados una agenda de despatriarcalización en la que se incluyeron progresivamente todos los procesos que implican el empoderamiento de las mujeres. No solo algunas políticas públicas o leyes a favor de nuestros derechos sino fundamentalmente un proceso de reeducación del Estado y de la población sobre el tema patriarcal.

Entonces, cada 8 de marzo, se fue avanzando en distintas conquistas como la creación de la Secretaría de la Mujer para atender la violencia con urgencia, operativizar la ley 348 para reeducar a la policía y a las instancias estatales. Esto se ha quedado un poco truncado con el golpe de Estado y me imagino que este 8 de marzo va a ser uno de los más tristes después de 14 años porque no hay nada que festejar, más allá de la demagogia de la presidenta golpista que tenemos hoy.

– ¿Qué impacto real y concreto tuvo en las mujeres este período de 14 años del gobierno de Evo?

– Fundamentalmente, la dignificación de la mujer. A pesar de que hubo muchas críticas y en cierto modo tienen algo de verdad. No basta una norma y una ley para cambiar la realidad porque es todo un proceso su aplicación y su institucionalización pero, fundamentalmente también una reeducación de la sociedad. Sin embargo ha habido un proceso de dignificación de la sociedad, las mujeres se han entendido, se han podido ver en otros ámbitos. 

Que una joven de 27 años como Adriana Salvatierra sea presidenta de la Cámara de Senadores, y  que el 51% de asambleístas sean mujeres gracias a la participación que tuvieron y tienen en el MAS y la lucha de las mujeres, hace que las mujeres se vean desde otra perspectiva. A pesar de muchos prejuicios machistas, a pesar de la construcción cultural machista y patriarcal en las propias mujeres, se ha ido generando una idea de que valgo, de que soy y que existo y que ya la historia no la escriben los vencedores. 

Esto se ha reflejado en la capacidad de las mujeres en la resistencia al golpe de Estado, de enfrentamiento a las fuerzas represivas, de un coraje que ha sorprendido a muchos que ha dejado atónitos a los varones, que da muestra de que hay una dignificación que ya hemos avanzado, que tenemos otro lugar en la sociedad y que de ahí no vamos a retroceder.

– ¿Cuál ha sido el rol de las mujeres en el ámbito institucional, en los espacios públicos?

– Las mujeres han tratado desde todos los niveles de poder. Desde los municipios, los gobiernos departamentales o el gobierno central, ha habido la visión intuitiva o políticamente consciente de ampliar las capacidades de las instituciones para la sociedad. 

El sentido social de la mujer es bien importante porque cuando una mujer es autoridad no solo se ocupa  de ella o de la función pública, sino que amplía en todo lo que puede, se ocupa de las infancias, de otras compañeras. De hecho las mujeres son las primeras impulsoras de los proceso de formación política y social. 

No sólo porque las mujeres tenían los niveles más bajos de formación -en Bolivia del millón de analfabetos, 800 mil eran mujeres- sino también porque hay ansias de reconocerse, de formarse y ahí tenemos un rol bien activo. En políticas sociales y en temas de formación. También en temas de articulación de solidaridades. 

Las mujeres somos promotoras de lazos comunales y solidarios, de entrelazar entre las organizaciones, que va más allá de una simple traspolación del trabajo de cuidado y del trabajo de logística de los eventos. Hacer procesos de articulación y de ensamblar los tejidos sociales, que no se nota pero como decía antes, en los momentos más duros como en el golpe allí es donde sale y se hace evidente. Las mujeres pensamos en sociedad no somos individualistas.

– En este momento, la presidenta de facto es una mujer ¿Que representa?

– Es un debate que se está dando en Bolivia. Algunos sectores feministas la defienden por el solo hecho de ser mujer. Las organizaciones, las compañeras urbanas y campesinas hemos dicho que no la vamos a defender porque es una golpista, asesina, que ha violentado los derechos de las mujeres de los niños. 

La semana pasada en El Alto le tiraron gas a una escuela repleta de niños. No por ser mujer la vamos a defender. Las mujeres vamos a defender a aquellas que estén con el proceso de cambio, con la revolución, con los derechos sociales, humanitarios y de las mujeres. Esta mujer es una marioneta que está trabajando para el imperialismo, a la que no reconocemos como presidenta por golpista

– En Argentina, el tema del feminismo y la 4º ola tienen una importancia y efectos en la política concreta que son reconocidos en muchos lugares del mundo. ¿Qué significa el feminismo en Bolivia? 

– Allá la cosa es distinta. El feminismo liberal ha copado muchos espacios en Bolivia. Hay un prejuicio muy fuerte en las organizaciones campesinas, en las naciones originarias, porque las compañeras tienen una visión de lucha diferente. Primero porque la cosmovisión originaria plantea una relación hombre-mujer diferente, chacha-warmi que es el simbólico que se maneja hasta en las autoridades, y eso limita mucho la confrontación entre el hombre y la mujer.

Recuerdo una compañera, Julia Ramos, fundadora del MAS y de las Bartolinas decía: “Sí, nosotras luchamos contra los hombres porque ellos nos pegan y nos violentan, pero mi prioridad no es esa, es resolver el tema de la tierra, las soberanía de los recursos naturales, la distribución de la riqueza y después de esa agenda sí nos podemos meter en eso, la prioridad es esa agenda y la agenda de los problemas nacionales”.

Lo que ha pasado en Bolivia es que algunas injerencias del feminismo liberal han generado prejuicios y recelo porque lo ven como una posición distraccionista que nos aleja de la visión antiimperialista y del objetivo principal de la revolución. Esto no quiere decir que las mujeres no luchen por sus derechos, por su emancipación y que han luchado, incluso contra los propios varones del MAS. 

En la Asamblea Constituyente fueron las primeras en luchar, en defender, pelear incluso contra los propios camaradas, en imponer la ley del acoso político que ha sido una defensa no solo contra los otros partidos sino hacia adentro del partido. Pero la prioridad es la lucha nacional antiimperialista, la constitución del Estado plurinacional. Aunque eso no significa que abandonemos nuestra propia lucha y por eso se estableció una agenda  de despatriarcalización. 

La gente está consciente de que hay que hacer un proceso de reeducación y de transformación y de desarrollo de una democracia intercultural que tiene que ver con la relación hombre-mujer porque implica una horizontalidad y un respeto verdadero de la otroriedad. Sin embargo esa agenda de despatriarcalización que va concretizando de hecho las reivindicaciones, no se ha hecho a través del grupo feminista.

Hay grupos feministas, progresistas, pero las actrices centrales son las organizaciones sociales de mujeres como las cocaleras, la confederación de mujeres campesinas Bartolina Sisa y las compañeras juanas del ámbito urbano, las interculturales. Es decir, las propias organizaciones sociales de todo el país que tienen sus alas femeninas que no necesariamente se dicen feministas.

– En Argentina a las mujeres nos cuesta mucho llegar a cargos de conducción en las organizaciones sindicales. ¿Cuál es el rol de las mujeres en el sindicalismo boliviano?

– Yo quiero reivindicar a la compañera dirigente de la asociación de productores de coca de los Yungas quien a pesar de que es un sector mayoritariamente compuesto por varones, ella lo conduce. El gobierno golpista la presionó para que renunciara, incendiaron campos y golpearon campesinos. Todo esto produjo mucho miedo entre los compañeros. El gobierno pensó que como era mujer iba a renunciar fácilmente pero ella se plantó y les dijo que no, que la lucha iba a continuar. 

Organizó y preparó una gran asamblea con los trabajadores para tomar decisiones y retomó una alianza con los cocaleros de Yunga, Chapare y Cochabamba. Allí participó también Andrónico Rodríguez. El miércoles 4 la metieron presa, la acusan de procesos inventados para amedrentar y descabezar el movimiento sindical.

Otra cosa muy interesante que se dio en este periodo es que las mujeres pudieron entrar en el interior de las minas. Hasta hace unas décadas esto no era permitido porque se creía que el Tío, el diablo del interior, hacía escapar la veta si una mujer entraba, era una lógica mística. Con la organización de las cooperativas mineras, las mujeres se ponen su casco y trabajan en las minas. Armaron sus propias organizaciones. 

Para mí es un proceso muy interesante, las compañeras dan una parte de lo que ganan para solventar los procesos de formación porque se dieron cuenta de que el tema del ninguneo masculino, del avasallamiento, era porque las trataban como poco formadas orgánica y políticamente, que no conocían de sindicalismo. Sostienen y mantienen procesos de formación nacionales para empoderarse y poder impulsar su capacidad de liderazgo que todavía no pueden disputar con el varón porque es un sector sumamente machista, aunque las mujeres lograron un lugar de respeto.

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