Géneros

7 marzo, 2020

El deseo dignifica: clandestines y violentades, nunca más

A 10 años del crimen lesbo-odiante de la Pepa Gaitán, la necesidad de reconstruir nuestra memoria, nuestra identidad y nuestros derechos se hace cada vez más urgente.

Crédito: Lanzi

Agos y Lanzi

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El 7 de marzo de 2010 La Pepa Gaitán fue fusilada en Parque Liceo, en la ciudad de Córdoba. Tenía 27 años, era militante social y activista LGBTIQ+, lesbiana visible. La mató el padrastro de su novia, Daniel Torres, por ser homosexual. La justicia no lo consideró un crimen de odio y, por eso, desde hace cinco años esta fecha se instauró en Argentina como el Día de la Visibilidad Lésbica: una jornada para denunciar la violencia hacia las identidades lésbicas cis y trans y recordar a sus víctimas.

El 16 de octubre de 2016 Hugui, de 42 años, fue llevada presa por defenderse de diez hombres que intentaron violarla en el barrio San Martín, provincia de Buenos Aires. “Vas a conocer lo que es bueno”, le decían mientras la golpeaban. “Sos una tortillera. Sos una puta. Te voy a hacer sentir mujer. Te vamos a empalar, tortillera”. La policía descreyó los testimonios de Higui y se rieron en su cara. “¿Quién te va a querer tocar o abusar a vos, si sos horrible?”, le contestaron.

El 2 de octubre de 2017 Mariana Gómez fue esposada durante tres horas y media en la estación de Constitución, Capital Federal, y luego fue trasladada a la comisaría por “lesiones graves” y “resistencia a la autoridad”. Ella estaba besándose en la estación con su esposa, un policía se acercó con la excusa de que apagara su cigarrillo. “Me preguntó el estado civil, le dije que estoy casada. Y anotó ‘soltera’. Le dije ‘Te estoy diciendo que soy casada’. Y me preguntó si tenía algo para acreditar esto», contó en ese momento.

Tres situaciones, en distintos lugares de la Argentina, que dejan ver una lógica de Estado que se materializa en el suegro, en los vecinos de barrio y culmina siempre en la policía. Tres situaciones y una misma causa: ser lesbiana. La mataron por lesbiana. La arrestaron por lesbiana. La procesaron y acusaron por lesbiana. Y estos son sólo algunos de los hechos más graves.

¿Qué tenemos las identidades lésbicas que cause tanto odio, tanta violencia, tantas ganas de entrometerse en nuestras vidas? Parece hasta ridículo que en el discurso de los agresores de Higui se oculte la verdad: no somos mujeres, no somos castas, no creemos que nos hace falta una «buena pija» y no luchamos incansablemente por ser lindas o femeninas. Al contrario, nos movemos por el deseo, por el goce y porque éstos estén en plena libertad.

Es oportuno aclarar que de esto ya hablaba Monique Wittig, una lesbiana francesa activista de los 70, cuando sentenció: «Las lesbianas no son mujeres». Y así, sentó un precedente para nuestra identidad que nos expandió profundamente: no sólo somos una fuerza subversiva en tanto a las prácticas sexuales sino también lo somos en tanto al sistema binario. Porque la forma de vida heterosexual, en tanto única vía posible para desarrollarse y existir en el mundo, fue condición impuesta a las mujeres desde los inicios de la historia. Y las identidades lésbicas han construido una fuerza profundamente emancipadora y política para romper con ese régimen: no se trata sólo de sexo o de genitalidad, se trata de formas de sentir, de pensar, de relacionarnos y de ver las cosas.

Efectivamente Wittig tenía razón, no somos mujeres, y no se sorprendería al escuchar que hoy hay personas que se identifican lesbianas, otres lesbianes y otros lesbianos. Y que más allá de los pronombres de cada une, entendemos que compartimos vivencias de vida que son particulares y que necesitan verse con esa lupa a la hora de pensar derechos humanos para nosotres. 

Somos les que por falta de políticas pública nunca tuvimos un método de cuidado accesible para usar en nuestras relaciones; somos les que por falta de Educación Sexual Integral (ESI) no aprendimos a vincularnos con nuestro cuerpo de manera conciente; somos les que por no tener una contención adulta familiar o profesional ocultamos nuestros deseos y parejas por mucho tiempo; somos les que por seguir viviendo en una sociedad que nos comprende ciudadanes marginades nos aguantamos comentarios estigmatizantes, amenazas de corrección y hasta violencias que pueden llevar a la muerte. 

Somos les que no aguantamos más. Queremos que esto cambie y no sólo para les lesbianes sino también para las travas, les trans, les intersex, les no binaries, las marikas, les asexuales y más. Estamos todes unides por lo mismo, aunque con vivencias y necesidades diferentes, pero unides al fin por romper con el sistema binario y heterosexual. Tomemos la responsabilidad política que eso implica y construyamos con nuestras vidas, con nuestros cuerpos y con nuestros pensamientos un mundo nuevo.

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