Géneros

4 marzo, 2020

De qué hablamos cuando decimos tareas de cuidado

Históricamente invisibilizado, este trabajo realizado por las mujeres y, en la mayoría de los casos, no remunerado, ha comenzado a hacerse un lugar en la agenda del movimiento feminista y también de las políticas públicas.

Sol Martínez Allende

@SolMar1936

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Cuando hablamos de tareas de cuidado englobamos un conjunto de actividades que desde el marxismo clásico se denominara las tareas de “reproducción”, que consisten en la crianza de niñes, la limpieza del hogar, el aseo de la ropa, la preparación de los alimentos, el cuidado de adultes mayores, personas enfermas o con discapacidad. Son tareas indispensables para que la rueda siga girando, indispensables para que el sistema de producción siga funcionando.  

Estas tareas recaen en un 70% en las mujeres, quienes destinan a realizarlas -en promedio- tres horas más que los varones. Asimismo, más del 90% de las mujeres realiza tareas de cuidados mientras que entre los hombres este porcentaje alcanza al 67%. 

Un dato a tener en cuenta también es el de que cuanto más hijes, las mujeres destinan mayor tiempo al trabajo no remunerado y menos al trabajo asalariado fuera del hogar, mientras que en los varones se da la tendencia contraria, según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).

Por otro lado, cuando este trabajo se terceriza contratando la mano de obra de una persona externa, recae también en otras mujeres, quienes representan el 94% de quienes se dedican a la tarea y un 70% se encuentra sin registrar, es decir, sin derechos laborales. Sumado a esto la tarea de las empleadas domésticas es de las peores pagas, por ser considerada “no calificada” (porque a las mujeres nos enseñan desde muy chicas cuales son las tareas que nos corresponden, desde muy chicas nos convertimos en expertas, así que más que no calificada, podría definirse con una calificación muy generalizada, lo que genera mucha oferta de mano de obra). 

Como consecuencia, tenemos mujeres que han dedicado su vida al trabajo no remunerado para sus familias o al trabajo doméstico remunerado informal que llegan a la edad de jubilarse sin haber hecho aportes al sistema de seguridad social. Por tanto no pueden acceder a un haber mensual como un trabajador del sector formal. 

Durante varios años este déficit se subsanaba con las moratorias para amas de casa que daban la posibilidad de acceder a la jubilación y pagar los aportes que no se hicieron, con un descuento del haber. El gobierno de Macri quitó esa posibilidad e impuso la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) que equivale a un 80% de una jubilación mínima, y profundiza la situación de precariedad y desigualdad de las mujeres. En esta situación también se hallan las personas con identidades de género diversas, cuya inserción en el ámbito laboral formal llega a un porcentaje muy minoritario.

Las desigualdad que produce la falta de políticas públicas destinadas a la resolución social de las tareas de cuidado muchas veces es subestimada. Genera una doble jornada laboral para las mujeres, una erogación económica muy grande cuando se tercerizan las tareas, expulsión del mercado laboral, subocupación precarizada y dependencia económica. A su vez agudiza la dificultad de romper el techo de cristal que impide que las mujeres ocupen más espacios de responsabilidad tanto en el ámbito público como privado privado y también en las organizaciones políticas.

Algunos datos

Las licencias por nacimiento en la Ley de Contrato Laboral constan de 90 días para la madre y apenas dos días para el padre. No está adecuada a las nuevas configuraciones familiares amparadas en las leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario. Es así que cuando no es la madre la persona gestante o cuando hay dos madres, se debe judicializar para obtener el derecho a contar con los 90 días, desde ya muy escasos, de licencia. 

En el caso de la licencia por paternidad, algunos convenios han obtenido mejoras, pero son los menos y sigue siendo generalizada la licencia de dos días, lo que deja a la persona gestante sin la contención necesaria inmediatamente después de parir. Además de fomentar la preferencia -desde el lado empleador- a contratar varones que no faltarán a sus trabajos en caso de tener hijes.

Este año solo en la Ciudad de Buenos Aires hubo una faltante de 22 mil vacantes en las escuelas públicas, el 90% en nivel inicial (hecho denunciado por la Unión de Trabajadores de la Educación), pero no hay datos oficiales. El Gobierno de la ciudad no los publica. En los demás distritos del país el panorama no es distinto, pero es de más difícil análisis porque las inscripciones no son centralizadas.

Un jardín de niñez de gestión privada con amplitud horaria compatible con las jornadas laborales, esto es de 9 horas (o más si se cuenta el tiempo de viaje de la escuela al trabajo y del trabajo a la escuela) cuesta en promedio 18 mil pesos incluyendo comedor y materiales. En algunos casos y zonas llegan a tener cuotas de 30 mil pesos, lo que representa un sueldo bajo pero a la vez promedio de una mujer trabajadora. Esta situación expulsa a las que ganan menos del mercado laboral, o las coloca en una situación económica muy por debajo de los varones. 

La existencia de jardines en los espacios de trabajo es más la excepción que la regla. Como ejemplo de esto, dentro de la Administración Pública Nacional son muy pocos los edificios que cuentan con uno, y por si fuera poco el gobierno anterior los ha reconvertido, quitado espacio y vacantes y ha frenado obras destinadas a la construcción de nuevos jardines donde no hay.

Los datos en cuanto al cuidado de adultos mayores son más graves, no existen prácticamente espacios de cuidados públicos salvo para casos de extrema vulnerabilidad. A su vez, los hogares de día y residencias están muy por encima de cualquier jubilación no solo la mínima, sino medias y medias altas. De esta forma la tarea recae en las mujeres de la familia, que suman así una obligación más, o quedan en situación de abandono si no cuentan con familia.

La nueva etapa

Con el nuevo Gobierno, el movimiento feminista ha conquistado la creación del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, a cargo Elizabeth Gómez Alcorta. Desde allí se ha creado una Dirección nacional de Cuidados que puso en la agenda pública el tema como un hecho que debe resolverse de manera social, con políticas públicas y no de puertas para adentro de cada casa. 

Para ello se ha avanzado en la articulación con los demás ministerios nacionales y provinciales con el objetivo de encarar de manera integral este desafío. Además se contará con el apoyo presupuestario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) para llevar adelante un mapeo nacional de los servicios, las políticas y programas destinados a las tareas de cuidado. Se busca articular todas las políticas destinadas a poblaciones específicas para reorientarlas de manera que trabajen en conjunto para conseguir equidad en la redistribución, valorización y calificación de las tareas de cuidados. 

Este lunes 9, por el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras que este año cae domingo, se está organizando un gran paro internacional de mujeres, y en nuestro país con la consigna principal “la deuda es con nosotres” se espera que tenga gran impacto. En distintas ciudades del país habrá movilizaciones y se sumará a la agenda de reclamos este tema junto otros de misma envergadura: el aborto, la violencia de géneros, el recrudecimiento de los femicidios, la feminización del a pobreza, etc. 

Todas caras del mismo sistema capitalista y patriarcal que somete de manera diferenciada a mujeres y diversidades.

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