Cultura

1 marzo, 2020

Ernesto Cardenal: de revolución en revolución

Este domingo falleció en Managua a los 95 años. Poeta, sacerdote y revolucionario, como le gustaba definirse, fue uno de los más importantes referentes de la Teología de la Liberación en América Latina.

Victoria García

@vicggarcia

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Formado en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de México, Ernesto Cardenal regresó en 1950 a Nicaragua, donde participó activamente de la oposición al régimen de Anastasio Somoza. En 1965 fue ordenado sacerdote y al año siguiente fundó, en el archipiélago de Solentiname, una comunidad en la que realizó una lectura colectiva del Evangelio con los campesinos locales. 

La transcripción de estos diálogos se publicó con el título de El Evangelio en Solentiname. En la introducción del libro, afirma: “Estos comentarios fueron hechos durante la dictadura somocista (…). Yo he dicho que estos son comentarios marxistas del evangelio, y que es el evangelio interpretado a la luz de la revolución”.

Su obra poética es muy extensa. Quiso hacer, como él mismo lo formuló en una entrevista de 2015, “una poesía muy democrática, (…) que se entienda, una poesía del pueblo”. Admirador del estadounidense Ezra Pound, pensaba al lenguaje poético como un entramado polifónico que podía contener “de todo”: anécdotas, documentos oficiales, citas, trozos de cartas y telegramas, chistes, ideas económicas y sociales, anuncios comerciales. Todo eso unido bajo el impulso de las dos grandes inspiraciones poéticas de Cardenal: el cristianismo y la revolución.

Junto a otro poeta, José Coronel Urtecho, acuñó el término “exteriorismo” para referirse a este proyecto poético, que apuntaba a lo concreto y buscaba tomar distancia de la poesía “interiorista” y abstracta. Quizás una de sus expresiones más bellas de este proyecto sea el poema “Oración por Marilyn Monroe”, de 1965: “Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros / por nuestra 20th Century / por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado”.

En 1979, cuando triunfó la Revolución Sandinista, Cardenal fue designado ministro de Cultura, cargo que ejerció hasta 1987. Su colaboración con el Frente Sandinista de Liberación (FSLN) le valió una reprobación pública del papa Juan Pablo II en 1983 y, al año siguiente, su suspensión en el ejercicio del sacerdocio. En 1994, se distanció del FSLN, por diferencias con la dirección de Daniel Ortega. 

Su obra poética cumbre es el Canto Cósmico, de 1992, donde recupera una variedad de discursos científicos, literarios, religiosos, históricos, míticos y coloquiales para componer una mirada totalizante del universo, su versión poética del Génesis, la evolución y el Apocalipsis. También allí la aproximación cristiana se acopla a la mirada revolucionaria: “En el principio / antes del Big Bang / era la Palabra. No había luz  / la luz estaba dentro de las tinieblas / y sacó la luz de las tinieblas / las apartó a las dos / y ese fue el Big Bang / o la primera Revolución”. 

La Palabra –la poesía, el Verbo– está en el principio y en el final en la vida de Cardenal.  “La poesía fue mi vida”, afirmó alguna vez. También la revolución lo acompañó hasta sus últimos días: “Toda la humanidad ha vivido de revolución en revolución, desde que empezó a hablar (…). Todo lo que la humanidad ha ido adquiriendo ha sido por medio de la revolución”. 

Poesía, sacerdocio y revolución fueron en su obra facetas de una misma cosa: formas intensas de lo sagrado.

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