Batalla de Ideas

2 febrero, 2020

Discutir lo indiscutible

En 2012 se filtró un anteproyecto oficial para expropiar y repartir tierras por decreto. Pero la magia duró poco. Al sistema no le gusta discutir lo indiscutible, poner en agenda lo importante. Hoy incluso sólo hablamos de divisas y libre comercio.

Imagen de archivo

Federico Dalponte

@fdalponte

COMPARTIR AHORA

Argentina debate sus miserias y una deuda copiosa: miles de millones de dólares que el país no tiene y deberá producir para poder devolver. Un pase de manos millonario y el fin de la inocencia: a la vuelta siempre hay que pagar, canta Baglietto.

Las escapatorias a esta altura son pocas. Una de ellas es clásica: denunciar la ilegitimidad de la deuda como hizo Rafael Correa hace diez años en Ecuador y que pague dios si es que lo encuentran. Ninguna de las dos es fácil: ni encontrar a dios ni desconocer la deuda. El mundo del siglo XXI, globalizado y financiero, impone sus leyes con rigor y declarar al país en «default» implica renunciar un poco a ese mundo –y animarse a construir otro–. ¿Y si tal vez…?

Pero importa poco; a la larga nadie se anima a tanto. La Argentina es un país que no discute los próximos años, sino apenas las próximas semanas. El anterior presidente, que esperó durante cuatro años que llegara el segundo semestre, le dejó al actual un calendario plagado de vencimientos y un 2020 para la ruina.

Las miras entonces están puestas en abril, y no más allá. Y está bien que sea así, porque la crisis de deuda puede consumir a un país entero. Y está mal que sea así, porque alimenta la ficción de que el futuro de ese país se juega en la voluntad de un puñado de bonistas.

Alguien, algunas o algunos deberían pensar en el país a construir después de esta crisis, cuando pase la emergencia y valga la pena preguntarse por las cosas importantes: qué hacer por el acceso a la tierra, cómo repartir de manera justa las ganancias, cuál debe ser el rol de la banca privada, o por qué nos resignamos a soportar el libre mercado de bienes, servicios, capitales y divisas como la única opción de vida posible.

***

No hay mucho margen, se dirá. Y es probable. Pero también es cierto que los márgenes se amplían a la fuerza, creando alternativas. Aunque a la postre generen resistencias.

Lo sabe Felipe Solá. En agosto propuso recrear la Junta Nacional de Granos para controlar el precio de los alimentos, y no le fue nada bien. En una semana se estaba desdiciendo para no enfurecer a las asociaciones de productores.

Se sabe también: en la Argentina se pueden discutir las retenciones, un número más, un número menos. Pero muchos se incomodan ante planteos más audaces. Hace medio siglo, por ejemplo, hubiese sido natural barajar la opción de una reforma agraria, una idea compartida por vastos sectores políticos, desde John F. Kennedy hasta la Unión Democrática antiperonista.

Hoy ya no. Los márgenes son mucho más estrechos. Debatimos sobre esos márgenes estrechos sin tocar lo estructural. Por eso tampoco se discute el rol del Estado frente a la creciente desaparición de chacras en las últimas décadas, donde el 1% de las explotaciones concentra un tercio de la tierra, o el rol de las iglesias en la educación argentina, donde ocho de cada diez escuelas secundarias confesionales reciben subvenciones del Estado.

Es notorio el retroceso en este sentido, como si todos y todas fuésemos ahora menos creativos, menos imaginativos, menos –llamémosle– progresistas que hace varias décadas atrás. Nos disputamos políticas a los codazos en el estrecho margen que nos queda, sin romper nada, cuando tal vez habría que romperlo todo: ¿para qué necesitamos una bolsa de valores? ¿Por qué trabajamos la misma cantidad de horas que hace cien años? ¿Por qué la capital sigue siendo Buenos Aires? ¿Por qué se permite que una misma persona tenga dos casas, o dos autos, si sólo puede usarse uno a la vez?

***

El ministro Ginés González García, por ejemplo, deslizó hace unos días la necesidad de favorecer la producción nacional de medicamentos y pareció una revolución –con surgimiento automático de Contras incluido–. Y en rigor, con perspectiva, es casi nada: favorecer la producción local, como lo hacen Francia, Alemania o EE.UU. Y a la vez parece tanto.

A ese punto llegó el debate público: una pereza absoluta en la generación de nuevas ideas estructurantes. Se necesita pensar más allá,  imaginar más allá, lanzar una idea políticamente incorrecta para ampliar el estrecho margen de la discusión actual.

Por caso: resolver cierta crisis habitacional mediante la prohibición de la herencia, o mediante la venta forzosa de inmuebles en desuso, o mediante un leasing que convierta al inquilino en dueño, o mediante la parcelación feroz de los countries. O resolver cierta crisis sanitaria mediante la eliminación de las obras sociales y la creación de un sistema único de salud estatal. O resolver cierta crisis de transporte mediante la limitación del uso de automóviles particulares, o mediante la gratuidad absoluta del trasporte público, o mediante etcéteras y etcéteras.

Algo, alguito que nos permita salir de las dicotomías que nos impone el libreto capital, ese que nos obliga a elegir entre créditos a tasa usuraria o alquiler a precio extorsivo. O el que nos fuerza a optar entre el sistema de obras sociales ideado por Juan Carlos Onganía, o el sistema de salud privatizado, o el sistema público desfinanciado. O el que lleva al país a escoger entre reventar la Patagonia para exportar hidrocarburos o reventar la pampa húmeda para exportar alimentos.

La trampa, en definitiva, es repetida en tantos, tantísimos otros debates nacionales, incluido el de la deuda: quita de capital, menores intereses o extensión del plazo. Usted elige. Muerte a palazos, guillotina o cicuta en acuerdo negociado con el acreedor. Y sí, se entiende, es posible que hoy no haya otra opción. Pero pensar más allá –a veces, muchas veces– es lo único que nos saca del laberinto por arriba.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Batalla de Ideas