Batalla de Ideas

21 agosto, 2019

Brasil miró de reojo y Bolsonaro no cantó victoria

El presidente brasileño volvió a opinar sobre la disputa electoral en Argentina mientras la selva amazónica se prende fuego, su gobierno compra diputados y negocia cargos para parar investigaciones en su contra.

Ana Laura Dagorret

@anadagorret

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Las PASO en Argentina arrojaron un resultado desconcertante y demoledor para la derecha representada en Juntos por el Cambio. Los números alcanzaron relevancia internacional y las reacciones no se hicieron esperar, principalmente por parte de uno de los más entusiastas partidarios de Mauricio Macri, su par brasileño Jair Bolsonaro.

El mandatario fue el más indignado con la voluntad popular y declaró al día siguiente de la elección que la crisis cambiaria desatada era producto de la posibilidad de la vuelta de la izquierda al poder. Si bien sus palabras estuvieron a tono de sus habituales exabruptos, dejaron al descubierto la preocupación del Gobierno de Brasil por una más que posible victoria del peronismo en Argentina.

Es que las consecuencias que puede traer una victoria de Alberto Fernández son nada menos que una renovación y reorganización del progresismo en la región, no sólo por la influencia que siempre ha tenido la Argentina por sobre los países de Latinoamérica y, principalmente Brasil, sino también por la falta de credibilidad de una derecha que, aún victoriosa en 2018, ya se muestra fragmentada y desarticulada ante el accionar del presidente y su clan.   

Vaza Jato y corrupción

El escándalo de la Vaza Jato, los casos de corrupción que envuelven al hijo mayor de Bolsonaro, la media sanción a la reforma previsional y los recortes en el presupuesto destinado a educación le valieron al Ejecutivo una caída en su popularidad. Quienes durante la campaña decían que la mejor opción para erradicar la corrupción era el diputado Bolsonaro, hoy condenan muchas de las decisiones y maniobras del gobierno destinadas, en su mayoría, a detener las investigaciones que podrían complicar al presidente.

Desde el núcleo más duro del bolsonarismo la estrategia, ya en mandato, ha sido la misma que durante la campaña: negación de la realidad, ataques diarios a críticos y opositores con una legión de más de cinco mil trolls y la divulgación permanente de fake news.

Desde los medios de comunicación tradicionales la colaboración en la desinformación viene acompañada con la puesta en duda de los reportajes de The Intercept y el ocultamiento de informaciones relativas a escándalos que envuelten al presidente, sus hijos y familiares.

Tal es el caso de Flavio Bolsonaro y los depósitos que le hizo su ex asesor Fabricio Queiroz por casi 1,2 millones de reales.

Flavio Bolsonaro y Fabricio Queiroz

Si bien ha publicado algunos reportajes sobre los negocios de la familia presidencial en sus 30 años en la política, la red O Globo hoy se muestra indiferente ante los escándalos y declaraciones que ya son una cotidianeidad. La compra de diputados para la aprobación de la reforma previsional, lo que en años del Partido de los Trabajadores (PT) la prensa llamaba Mensalão, ahora es reportado como una práctica tradicional de la política brasilera.

Todo pareciera indicar que el objetivo es alcanzar la reforma como sea antes de que termine 2019. Lo que pasará después es una incógnita incluso dentro del Ejecutivo.

Incluso las revelaciones más graves que hasta el momento se han realizado en relación a la prisión de Luis Inácio Lula da Silva han permanecido sin cobertura en la mayoría de los medios, inclusive aquellos más críticos del oficialismo.

La prisión ilegal del ex jefe de Estado quedó al descubierto a partir de la serie de reportajes publicados, que no sólo probaron la parcialidad del proceso en el que fue encarcelado sino que en sus últimas publicaciones mostraron los acuerdos trazados entre miembros del Poder Judicial y el Ministerio Público con agentes políticos para negociar informaciones.

Violencia, crisis ambiental y nepotismo 

A estos escándalos se le suman la alta tasa de desempleo, el incremento de la pobreza y la consecuente violencia social que azota al país.

Sólo en la ciudad de Río de Janeiro durante el primer semestre de 2019 se registraron 881 muertes a manos de la policía militar, cuyas operaciones dentro de las favelas se volvieron casi diarias y más violentas desde la asunción del presidente y el gobernador estadual, igualmente ultraderechista, Wilson Witzel. Con la excusa de combatir al narcotráfico, la policía se ha visto legitimada para matar sin ningún tipo de consecuencias.

Un niño dibujó en su escuela el miedo con el que crecen en una de las favelas de Río de Janeiro

Por otro lado, no se puede dejar de mencionar la catástrofe ambiental que ya hace 17 días azota gran parte del territorio de Amazonas, donde se han desatado incendios forestales que, ante la inacción del gobierno, se han extendido por los Estados de Rondonia, Acre, Mato Grosso, Río Grande y Rio Grande do Sul.  

Hace sólo algunos días, Noruega y Alemania cancelaron su aporte para el Fondo da Amazonia, un presupuesto de cerca de 300 millones de reales destinado a preservar la biodiversidad y riquezas de la región. Las medidas fueron adoptadas por los países aportantes luego de los datos revelados por el Instituto de Pesquisas Espaciales, que mostraban un crecimiento de la deforestación en un 44% más que en 2018, y de las declaraciones de Bolsonaro, que instó a la cancillera alemana Angela Merkel a “tomar el dinero de Amazonas y reforestar Alemania”.

Amazonas en llamas.

El presidente de Brasil y su círculo más íntimo continúan con su estrategia postelectoral de hacer de la gestión un escenario permanente de campaña. Aún sin tener logros y proyectos concretos a ya ocho meses de gobierno, se muestra siempre dispuesto a generar alguna polémica, utilizando el gobierno como si se tratara de un reinado y queriendo ocupar cargos de relevancia.

Hace poco se supo de la voluntad del presidente de nombrar a su hijo Eduardo embajador en EE.UU., lo que generó un enorme rechazo popular. “Si el Senado no aprueba a mi hijo como embajador, yo lo nombro canciller y así será jefe de todos los embajadores brasileros”, dijo el mandatario.

Con ese panorama, los resultados de las PASO en Argentina le dieron otro motivo para inmiscuirse en los asuntos internos del país vecino y resultaron una excelente ocasión para seguir identificando a su enemigo: los sectores progresistas y la izquierda regional reagrupada.

Si algo quedó claro el pasado 11 de agosto fue el fracaso del blindaje mediático, el ejército de trolls y el desparramo de fake news como estrategias para garantizar el ajuste y la gobernabilidad.

Sin comparar a la sociedad argentina con la brasileña, y sí pensando en el fracaso del big data como estrategia de gobierno, todo pareciera indicar que la ola progresista podrá alcanzar a la resistencia que se ha desplegado a lo largo del territorio de Brasil. Si eso pasa, Bolsonaro podría verse en el mismo lugar que Mauricio Macri, vaticinando el principio del fin de una de las etapas más oscuras del país.

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