Batalla de Ideas

29 julio, 2019

Perfil y Ofelia Fernández: no es libertad de expresión, es violencia mediática

Por Santiago Mayor. La columnista Pola Oloixarac escribió una nota de opinión en la que agrede a la joven candidata a legisladora. Además de violar leyes vigentes y merecer una sanción, el artículo degrada a la profesión en nombre de una supuesta “incorrección política”.

Por Santiago Mayor. La columnista Pola Oloixarac escribió una nota de opinión en la que agrede a la joven candidata a legisladora. Además de violar leyes vigentes y merecer una sanción, el artículo degrada a la profesión en nombre de una supuesta “incorrección política”.

“En olitas cíclicas, como circulan las cosas y personas en la web, aprendemos que ciertas características de la burguesía argentina tienen un efecto no deseado en la vagina de la candidata a legisladora Ofelia Fernández”, comienza el texto que recuerda un discurso de la joven dirigente política en el que afirmaba que “la tibieza de la burguesía” le secaba la concha.

Oloixarac, que es también filósofa y escritora, añade que “Ofelia revitaliza el tropo marxista de la lucha de clases acercándolo a la inmediatez de su bombacha: nos invita a pensar que hay una pulsión sexual insatisfecha en el statu quo, y que el fragor por la revolución venidera es lo único que podría excitar a la joven”. Para concluir que “según esa imagen, votar a Ofelia es una invitación a complacerla sexualmente, preparándola para un coito exitoso”.

Todo eso, en el primer párrafo. El resto del (breve) artículo resulta en una vaga disertación intelectual que finaliza llamando a las nuevas y viejas generaciones a “convivir juntas”.

La autora pide no “cancelar” (sic) a quien no nos gusta como se puede hacer ahora con la “nueva tecnología”.

Libertad de expresión y violencia de género

La reacción no se hizo esperar y fue la propia Ofelia Fernández la que respondió a través de Twitter generando miles de manifestaciones de solidaridad.

“El medio que ya me ha titulado como ‘la colegiala K’ reitera en su búsqueda de poner arbitrariamente en el plano sexual la discusión política. Algo que por supuesto no le harían a un muchacho”, escribió.

Luego compartió mensajes misóginos y machistas que le enviaron por inbox y señaló: “Le hace mucho daño a la campaña electoral habilitar que a nosotras nos traten así. Injusto y desagradable”.

Por su parte Oloixarac se dedicó a compartir mensajes donde la elogiaban y a asegurar que simplemente había hecho un “análisis del discurso”.  En nombre de la libertad de expresión y la supuesta incorrección política que la lleva a “no tomar en serio” al progresismo argentino, según sus propias palabras.

Sin embargo el mentado derecho a la libertad de expresión no habilita cualquier mensaje. Sin ir más lejos la Ley Nacional 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres tipifica en su artículo 6°, inciso F, la “violencia mediática”.

Esta es definida como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.

No hace falta mucho análisis para comprender que escribir que una candidata posee una “pulsión sexual insatisfecha” y que votarla es “complacerla sexualmente, preparándola para un coito exitoso”, entra en los marcos descritos por la legislación.

De la misma forma que sucedió con las tapas de la revista Noticias (también de Editorial Perfil) en las que se atacaba, sexualizándola, a la senadora Cristina Fernández.

Responsabilidad social del periodismo

Pero más allá de la normativa -la cual no caben dudas que fue violada y por lo tanto merece una sanción (que no equivale a censura previa si no que se inscribe en la jurisprudencia argentina)- existe otro plano de análisis que compete a la autora de la nota y también al medio de comunicación.

El Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, redactado en 1983, sostiene que “en el periodismo, la información se comprende como un bien social, y no como un simple producto. Esto significa que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida”.

Además añade que “el verdadero periodista defiende los valores universales del humanismo, en particular la paz, la democracia, los derechos del hombre, el progreso social y la liberación nacional, y respetando el carácter distintivo, el valor y la dignidad de cada cultura, así como el derecho de cada pueblo a escoger libremente y desarrollar sus sistemas políticos, social, económico o cultural”.

Resulta paradójico que primero quien escribió la nota, pero luego un editor o editora, lo hayan leído y hayan considerado que no había problema en publicarla. De mínima pone de manifiesto un desconocimiento de normas legales nacinoales y criterios elementales de la profesión.

Cabe recordar que el diario Perfil posee una “defensora/editora de Género”, acorde al aggiornamiento que muchos medios de comunicación hicieron (entre ellos Clarín) en el marco de la revolución feminista y la marea verde que vive nuestro país. Sin embargo, estas decisiones empresariales -que merecen ser celebradas- parecen, a fin de cuentas, ser más un maquillaje que apunta a dar una buena imagen pública antes que a realizar transformaciones de fondo sobre los contenidos.

La mayoría de las empresas periodísticas refuerzan un discurso disciplinador y patriarcal que busca, como escribió en LatFem la abogada Sabrina Cartabia, “sacar de la competencia a las mujeres que disputan poder”.

Se corre el eje del debate público de ideas, propuestas e ideologías para objetualizar y denigrar a las mujeres y disidencias. En definitiva “se deja de lado el núcleo de la existencia de esas mujeres en un espacio de poder para colocarlas dentro de escenas siempre heterosexualizadas de imaginación porno”.

“Los objetos no disputan poder, son consumidos por quien tiene el poder. Este golpe busca sacarnos del juego y deshacer nuestras posibilidades de pelear como iguales en la arena del poder”, completó Cartabia.

Ofelia Fernández molesta porque es mujer, porque es una piba, porque es feminista e irreverente. Porque no se acomoda a los moldes de un sistema político vetusto y tradicionalista (aún dentro del progresismo y hasta de la izquierda).

La disputa por el poder y por una sociedad mejor, más igualitaria y más justa se da en todos los planos. A quienes hacemos comunicación nos corresponde una tarea en ese proceso.

Una tarea que no puede ser inmolada en los altares del click y los compartidos, si no que debe ser enaltecida en la rigurosidad, el manejo cuidadoso y responsable de la información y sobre todo en la responsabilidad social que le cabe al periodismo en una sociedad verdaderamente democrática.

@SantiMayor

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