Nacionales

1 marzo, 2019

Soberanía en las vías del ferrocarril

El 1º de marzo de 1948, bajo el mandato de Juan Domingo Perón, una multitud celebró en la estación Retiro de Buenos Aires la compra y nacionalización de la red de ferrocarriles británicos. Tras un largo proceso de quiebres y cambios, desde Notas recordamos este hecho histórico de nuestro país en un contexto donde la soberanía nacional está en constante pugna de intereses.

El 1º de marzo de 1948, bajo el mandato de Juan Domingo Perón, una multitud celebró en la estación Retiro de Buenos Aires la compra y nacionalización de la red de ferrocarriles británicos. Tras un largo proceso de quiebres y cambios, desde Notas recordamos este momento histórico de nuestro país en contexto donde la soberanía nacional está en constante pugna de intereses.

A finales de 1946, Miguel Miranda, político, economista y presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en ese entonces, dio inicio a negociaciones con autoridades inglesas para la compra de los ferrocarriles, lo que significaba terminar con el drenaje de divisas, recuperar el dominio de las tarifas y equilibrar el trazado de los ramales para una actividad regional más desarrollada. En otras palabras, estatizar las vías ferroviarias con el objetivo de que la economía gire en torno a una política nacional y soberana y no en función del histórico interés británico y colonial.

La estatización de los trenes se compró en un total de 2.029 millones de pesos en bienes directos e indirectos (estos representaban un total de 26 mil propiedades que tenían los ferrocarriles a lo largo del país). En los primeros meses de 1948, todas las líneas férreas pasaron a ser parte de la Empresa de Ferrocarriles del Estado Argentino y cada una de ellas recibió el nombre de diferentes políticos destacados: Mitre, Roca, Sarmiento, Belgrano, Urquiza y San Martín.

En aquella emblemática fecha, que coincide con la conmemoración del Día del Trabajador Ferroviario, asistieron más de un millón de habitantes a un acto montado de espaldas a la Estación y frente a la Plaza del Retiro. Perón no pudo acercarse por estar en reposo luego de una operación de apéndice, pero su imagen fue destacada y renombrada por incontables banderas en apoyo a su gobierno.

Esta fecha fundacional significó para los argentinos algo más que apropiarse de una locomotora que extiende vagones a lo largo del país. Significó progreso, crecimiento, desarrollo y sobre todo, un avance en soberanía e identidad nacional. Un avance que, en palabras de Scalabrini Ortiz, simbolizaba la llave fundamental de una Nación: la economía nacional, pública y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribución de la riqueza y hasta la política doméstica e internacional están íntimamente vinculadas a los servicios públicos de comunicación y transporte.

Más aún, se incorporaron regiones olvidadas y el tren llegó hasta el norte y el sur argentino, tras organizarse el sistema social de transporte de pasajeros. Al unísono, se fundaron escuelas técnicas para ferroviarios y capacitación para personal en las Escuelas Fábrica. Creadas por la Ley Nº 1921, se puso en marcha la comisión de aprendizaje y orientación profesional donde aquellos jóvenes se perfeccionaban en diversas técnicas industriales.

Tras haber estado 90 años bajo el poder privado de los británicos, otro avance importante luego de la nacionalización fue el nuevo servicio de flete, que facilitó la exportación de materia manufacturada hacia aquellos centros industriales que estaban en constante formación. Dicha asunto era despreciado por las empresas inglesas por contar con diferentes intereses.

Pasados los años se comprendió la razón por la cual fue necesario transformar las redes ferroviarias en conciencia nacional y al servicio de un país que necesariamente rompió la dependencia de la política británica. Tal fue el caso que también se creó la Fábrica Argentina de Locomotora (FADEL) y ya en 1951 se creó la primera locomotora diésel de Argentina, denominada “La Justicialista”.

La red ferroviaria creció en su máxima expresión hasta el año 1957 llegando a alcanzar 48.000 kilómetros de ramificación a lo largo de todo el país. Este proceso promovido por Perón insistió en la independencia económica, social y soberanía política. Desde dicho momento, comenzó un retroceso gradual de la red por el aumento en la industria automotriz y las influencias externas. Luego de varios años y, a partir de 1976, durante la dictadura militar y la orientación de la economía neoliberal provocó el levantamiento de vías y cierres de ramales. En ese entonces, dejaron de circular trenes y se generó un deterioro en la infraestructura.

Tal fue la repercusión que generaron las decisiones de Perón en materia ferroviaria que muchos habitantes argentinos comprendieron que un país sin trenes era un país sin futuro. Desde ese momento histórico radica el legado de que la llave fundamental para una Nación está vinculada a “los servicios públicos de comunicación y transporte” como lo dijo Scalabrini Ortiz, férreo defensor de la nacionalización de los ferrocarriles argentinos.

Santiago Camarero – @santicamarero

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