Mundo Gremial

18 octubre, 2018

El crudo relato de un periodista que trabajó diez días en Rappi

El periodista Emiliano Gullo trabajó durante diez días en Rappi, la compañía multinacional colombiana de reparto a domicilio. En diálogo con el programa «Insurgentes» de Radio Sur 88.3, analizó el trabajo de los rappitenderos y la precariedad laboral que sostiene la empresa, a partir de su experiencia en primera persona, plasmada luego en una crónica para Revista Anfibia.

El periodista Emiliano Gullo trabajó durante diez días en Rappi, la compañía multinacional colombiana de reparto a domicilio. En diálogo con el programa «Insurgentes» de Radio Sur 88.3, analizó el trabajo de los rappitenderos y la precariedad laboral que sostiene la empresa, a partir de su experiencia en primera persona, plasmada luego en una crónica para Revista Anfibia.

– Te metiste a trabajar en Rappi para ver que pasa con esta cuestión vinculada al trabajo ¿Qué sentiste?

– Tengo 40 años, atravesé el cierre de los 90 con laburos en supermercados, trabajos precarizados, pero nunca me encontré con un fraude laboral como es Rappi. Nunca tuve que pagar, ni en los peores laburos de los ’90, para trabajar. Rappi te promete que podes trabajar fácilmente y sin embargo te hace pagar. Esa caja-mochila si tenés bici cuesta 300 pesos, si tenés moto 500. Supuestamente es un comodato, fui el martes pasado a entregar la caja a las oficinas de Rappi para que me devuelvan mis 300 pesos, durante 10 días no se ensució mucho la caja, un poco abajo de apoyarla en el piso y me dijeron que no me iban a devolver la plata porque estaba un poquito sucia abajo. Eso demuestra que en los planes de la empresa no está la posibilidad de devolverte ese importe. Son más de 12500 los inscriptos en Rappi, la empresa arranca ganando 300 pesos como mínimo por 12500 cash.

– ¿Cómo definís Rappi?

– Es una empresa de pedidos on line que creció vertiginosamente, no se trata de un micro emprendimiento. Es colombiana, nació hace tres años y cuenta con inversores de Silicon Valley, gente que pone guita en Facebook y ya operó en más de 30 ciudades de América Latina. Tiene un crecimiento feroz, de las del mercado es la más grande y la que va más a fondo con la hiper flexibilización laboral.

– ¿Cuáles son las condiciones laborales que propone la empresa?

– Ahí entra una parte siniestra porque ellos te dicen que con el monotributo y DNI o residencia precaria que corresponde al 80 o 90 por ciento de los laburantes venezolanos de Rappi. Con esos requisitos podes empezar a laburar. Supuestamente tenes entre 15 y 20 días para entregar el monotributo mientras tanto podés trabajar. Lo que le pasa a muchos, sobre todos a los venezolanos que llegaron hace poco, un mes o unos días, es que empiezan a laburar, hacen 6 o 7 lucas en una quincena pero no logran sacar el monotributo porque se pierden en esta maraña burocrática que incluso a nosotros nos jode constantemente. La empresa le bloquea el usuario y los chicos no puede sacar la guita y tampoco seguir trabajando. Además se quedan con esa porción porque los pibes no pueden reclamar. Es siniestro por donde lo veas.

Estas empresas se alimentan de las crisis económicas, de la falta de empleo genuino. Yo no podría decir que el discurso de trabajar sin jefe y con libertad lo naturalizan todos los laburantes de Rappi. Para nada, pasa que hay una necesidad y una voluntad de tratar de estabilizarse acá en el caso de muchos venezolanos y hay pibes que laburan 10 o 12 horas, que comen sobre las bicicletas. En el caso de los argentinos que tienen que trabajar en Rappi también lo hacen por una necesidad muy grande, me encontré con muchos casos de colectiveros, administrativos, otros cadetes que no llegan a pagar los servicios y tienen que salir a trabajar en Rappi para hacerse dos o tres lucas en un fin de semana.

– ¿Se puede decir que es un trabajo?

– Si, es un trabajo que a mi me parece que lo que hay que hacer es regular este tipo de modos de trabajo para que los pibes no se jueguen la vida constantemente que es lo que está pasando. Es un trabajo hiper precarizado en el cual no hay ninguna legislación.

– ¿Qué pasa si tienen un accidente de tránsito?

– Nada y todo. Hay varios que se accidentaron, por suerte ninguno de gravedad y terminaron en la casa dos o tres semanas con la rodilla rota, inclusos internados en el hospital sin poder trabajar y sin ningún tipo de seguro o cobertura. Es una empresa que tiene más de 12 mil empleados encubiertos, niega la responsabilidad que tiene sobre ellos a pesar de generar ganancias y establecer ese lazo de trabajo. Tiene una cantidad de trabajadores casi como un hipermercado o cadena de Argentina. Sin pagar ART y ningún tipo de carga social. Lo único que le da a los laburantes es una gorrita con el logo.

– ¿Cómo la viste desde adentro? ¿Empezaron a organizarse colectivamente?

– Si, eso es una buena noticia. La semana pasada se creo la primera asociación de personal de plataformas que es la APP que nuclea a los laburantes de Rappi, Glovo y Uber, que es medio una novedad porque viene de otra plataforma y le da heterogeneidad al espacio. Me parece una iniciativa esencial en cualquier espacio donde haya trabajadores.

– ¿Por qué se legaliza Rappi con estas condiciones de precarización y no Uber? ¿Qué burocracias habrá en el medio?

– Primero porque el lobby o la fuerza sindical de los taxistas es muy fuerte y ahí hay una resistencia importante. Después el Estado no mira mucho donde están explotados los inmigrantes, entonces tienen un espacio para avanzar sobre los trabajadores. La propia empresa durante la charla-formación que dura 40 minutos en el subsuelo de los oficinas que tiene Rappi, te habla de los beneficios de tener monotributo y te cita uno de los datos que utiliza el gobierno para decir que el empleo no cayó que el 40% de los trabajadores en Argentina son monotributistas. Entonces hay una complicidad y una mirada hacia otro lado desde el gobierno.

– ¿Los consumidores de Rappi son funcionales a este tipo de precarización laboral?

– No hay mucha conciencia de lo que hay detrás de un laburante en general. Y este tipo de aplicaciones lo que fomenta me parece es esta locura por la instanteneidad. El capricho de tener un cordero ahumando ya. Ese tipo de cosas me parece que la nueva tecnologías o formas de comercio lo que haces es diluir aún más la situación del trabajador.
Es muy peligroso en un punto si no hay algún tipo de legislación que puede llegar a frenar este avance feroz. Porque los trabajos de los 90, el call center, McDonald’s, parecen funcionarios de la ONU al lado de esta empresa.

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