América Latina

9 octubre, 2018

El caso de un periodista chileno que fue llevado a juicio por un genocida

Este 9 de octubre el periodista chileno Javier Rebolledo fue absuelto en el juicio en su contra a raíz de una querella presentada por el teniente coronel (r) de Ejército, Raúl Pablo Quintana Salazar, ex miembro de la DINA -organismo represor en los primeros años de la dictadura trasandina- que cumple condena de 20 años por delitos de lesa humanidad en la cárcel especial de Punta Peuco y que es mencionado en la investigación del periodista publicada en el libro “Camaleón”.

Este 9 de octubre el periodista chileno Javier Rebolledo fue absuelto en el juicio en su contra a raíz de una querella presentada por el teniente coronel (r) de Ejército, Raúl Pablo Quintana Salazar, ex miembro de la DINA -organismo represor en los primeros años de la dictadura trasandina- que cumple condena de 20 años por delitos de lesa humanidad en la cárcel especial de Punta Peuco y que es mencionado en la investigación del periodista publicada en el libro “Camaleón”.

El caso ha generado un tímido debate en Chile respecto del real estado de la libertad de expresión y el derecho a la información en el país, además del lógico cuestionamiento sobre la posibilidad de que un violador de DDHH que se encuentra condenado pueda iniciar una causa judicial para defender su honra.

Rebolledo es autor de los libros “La Danza de los Cuervos”, “El despertar de los Cuervos”, “A la sombra de los Cuervos”, “Camaleón” y “Los hijos del frío”, todas investigaciones de la represión aplicada por los organismos de seguridad del régimen de Pinochet, la violación sistemática de los derechos humanos durante el período. Además ha tenido una destacada trayectoria en los equipos de investigación de diferentes medios impresos chilenos.

camaleonDías antes del juicio el periodista conversó con Notas, donde señaló que con su caso “se pondrá en cuestionamiento la libertad de expresión” sostiene el periodista en referencia de su caso y recalca que “falta discutir sobre el rol de la prensa, porque los temas periodísticos no venden porque la gente no los ve. Si no se discute el rol del Estado en esta materia no se va a resolver”.

– ¿Cómo se contextualiza tu trabajo en tiempos en que la memoria se encuentra en disputa?

– Este tema de la dictadura, que es lo que me interesa y apasiona, tiene que ver con todo lo que sucede hoy. Desde que hay una herida abierta que define dos posiciones morales, éticas frente a la vida, el respeto a las personas hasta el sistema social, político y económico que tenemos. Me dedique a analizar como lo que se hizo en dictadura, con mucho cuidado y a punta de represión tiene hoy una repercusión absoluta. Ahora hay una memoria en disputa porque es la forma en la que te paras frente al mundo con tu historia.

– En Chile se ha logrado “vender” que es un país que tiene libertad de expresión, pero tu caso da cuenta de todo lo contrario…

– Esta idea de que porque es neoliberal y que todo funciona en base a la oferta y la demanda es democrático es una mentira porque eso también lo puede generar una dictadura. Sabemos que es lo que puede pasar cuando la competencia es descarnada, la concentración económica y los monopolios operan, que es lo que vivimos acá. Los dueños de los medios son empresarios y quienes pagan son otros empresarios entonces ¿cúal es el rol del periodista en ese escenario? Yo soy un periodista que no tengo espacio prácticamente, no tengo opción en los medios hegemónicos salvo que piense igual que sus dueños.

– Este formato responde finalmente a un modelo que se ha impuesto…

– Es que los empresarios no son tontos. Esta cuestión se grafica en “El Ciudadano Kane”, donde queda expresado que las comunicaciones son fundamentales para el control de la opinión pública.

– ¿Existe contradicción en que no se refuerce el trabajo de investigación periodística a pesar de la serie de novelas históricas que han sido publicadas en el país últimamente?

– Creo que hay una comprensión de que el libro tiene cierta distancia con un hecho histórico y que existen distintas funciones entre un relato en particular y la denuncia del día a día. En el caso del periodismo de investigación pasa que si tu denuncias pero no pasa nada y se genera un desincentivo respecto del periodismo de investigación porque generas rabia. Se entiende que el periodismo cumple su función pero termina pasando que los acusados terminan cumpliendo condenas en libertad o muchas de las cosas que se denuncian se toman con investigaciones irrisorias. Queda la sensación de desgano. A eso se debe sumar la educación, ya que los empresarios no consideran el rol educador del periodismo porque no rinde económicamente.

– ¿Ese escenario que planteas termina por normalizar cierta censura o la persecución judicial como en tu caso?

– Espero que no. Yo estoy impresionado con lo que a mí me sucedió, porque es una pésima señal enjuiciar y exponer a una persona a penas corporales por investigar. En un principio no me había preocupado de este tema pero luego de estudiar la realidad en otros lugares que protegen la labor del periodista no establecen penas corporales, puedes demandarlo si te sientes injuriado o puedes obligar a corregir y hasta indemnizar, pero meterte preso es buscar desincentivar la labor periodística. Más aún en mi caso donde quien me demanda es un violador de derechos humanos, condenado a veinte años de prisión y, sin embargo, no pierde el derecho de meterme preso desde Punta Peuco por cuestiones que son verdad y por las que se siente injuriado.

– Es un contrasentido evidentemente…

– Para mí es un contrasentido difícil de comprender. Aún más viendo como se dio el proceso judicial porque el tribunal de origen desestima la demanda en un fallo extensamente argumentado donde expresa que no existe injurias porque reproduzco una resolución judicial sin emitir opinión. Sin embargo la tercera sala de la Corte de Apelaciones, que es el segundo tribunal más importante del país, revoca el fallo en seis palabras diciendo que a ellos si les parece que existe el delito de injurias y ordena seguir con el procesamiento. Esto da para pensar de la soberbia de una parte del Poder Judicial.

– ¿Qué sensación te queda?

– Por una parte pienso que es muy injusto lo que me sucede, agradezco las enormes muestras de solidaridad se ha producido un hecho muy bonito por parte de los colegas y de distintos sectores. Incluso se ha movilizado la creación de un proyecto de ley que elimine el delito de injurias en el caso de los periodistas y que quede restringido a las causas civiles. Pero de todas maneras queda una sensación de orfandad y desconfianza del país donde tu vives.

– ¿Chile es un país para desconfiar?

– Diría que es un país que ofrece pocas garantías de calidad a los ciudadanos. Mira lo que pasa en el Servicio Nacional de Menores, donde uno ve en su página web un cuento en colores y, sin embargo, ves a los niños reproduciendo las mismas conductas que en una cárcel. Nos creíamos los más honestos de la región y ahora vemos que éramos súper cínicos porque somos iguales a los que ellos llamaban “países bananeros”. Chile es un país de matones, porque el que tiene plata tiene poder y el que no la tiene esta jodido.

– ¿Y ese matonaje lo termina sufriendo quien se dedica a investigar?

– Yo siento que a mí se me ha hecho matonaje. Yo enfrento al abogado de Manuel Contreras (ex jefe de la DINA, que murió en la cárcel cumpliendo casi 600 años de condena por violaciones a los DDHH) a quien le paga la ONG Jure, la que es financiada por militares en servicio activo y en retiro, termino siendo yo contra el Ejército. Todo el mundo sabe lo que significa enfrentarse a un abogado poderoso, sobre todo en el caso de Chile donde el tráfico de influencia es absoluto.

José Robredo Hormazábal – @joserobredo

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas