Fútbol

25 junio, 2018

La carta de Di María antes de un partido clave

Este lunes se viralizó un texto titulado «Bajo la lluvia, en el frío, de noche». La firma pertenece al ex jugador de Rosario Central e integrante del plantel de la selección argentina en Rusia 2018 en el que relata desde un lugar personal y emotivo su recorrido por el fútbol, la final de Brasil 2014 y las frustraciones que invaden a toda una generación.

Este lunes se viralizó un texto titulado «Bajo la lluvia, en el frío, de noche«. La firma pertenece al ex jugador de Rosario Central e integrante del plantel de la selección argentina en Rusia 2018 en el que relata desde un lugar personal y emotivo su recorrido por el fútbol, la final de Brasil 2014 y las frustraciones que invaden a toda una generación.

Ángel Di María se lesionó en los Cuartos de Final del último Mundial en un pique al vacío para recibir un sublime pase de Messi. No pudo jugar contra Holanda la semis pero podía tener su revancha en la final con Alemania. Se especuló mucho, el periodismo hizo de las suyas (aunque nunca tanto como ahora) y se dijo que el jugador se quería cuidar, que no quería jugar.

«Yo estaba sentado en la camilla a punto de recibir una infiltración en la pierna. Me había desgarrado el muslo en los cuartos de final, pero con la ayuda de los antiinflamatorios ya podía correr sin sentir nada», relató en su carta. Era la mañana del 13 de julio de 2014 y en unas horas Argentina iba a jugar en el Maracaná su partido más importante en 24 años.

«Les dije a los preparadores estas palabras textuales: ‘Si me rompo, déjenme que me siga rompiendo. No me importa. Sólo quiero estar para jugar’”, contó. Sin embargo, de pronto ingresó al lugar el médico Daniel Martínez con un sobre en la mano: “Ángel, mirá, este papel viene del Real Madrid”. “¿Cómo? ¿Qué me estás diciendo?”, respondió el media punta argentino. “Bueno, ellos dicen que no estás en condiciones de jugar. Y nos están forzando a que no te dejemos jugar hoy”, respondió el integrante del cuerpo técnico.

Di María sostuvo que sin siquiera leerla rompió la carta y en ese momento entendió lo que estaba pasando. «Todos habían escuchado los rumores de que el Real quería comprar a James Rodríguez después del Mundial, y yo sabía que me querían vender para hacerle lugar a él. Así que no querían que su jugador se rompiera antes de venderlo. Era así de sencillo. Ese es el negocio del fútbol que la gente no siempre ve», dijo sin pelos en la lengua.

Después de eso tuvo una charla con Alejandro Sabella, el técnico que aquel equipo ya histórico y le dijo que si él lo elegía para jugar iba a estar. Finalmente el titular fue Enzo Pérez pero Di María, en el banco, se infiltró antes del partido y en el entretiempo por si le tocaba entrar. No sucedió.

«Perdimos la Copa del Mundo. Fue el día más difícil de mi vida. Después del partido, los medios empezaron a decir cosas feas del por qué no había jugado. Pero lo que les estoy diciendo es la pura verdad», completó.

Las paredes grises y Graciela recorriendo Rosario

«Las paredes de nuestra casa supuestamente eran blancas. Pero nunca me las acuerdo como blancas. Al principio, eran grises. Después se pusieron negras, por el polvillo del carbón», rememoró Di María en otra parte de la carta que hace, sin previo aviso, un salto temporal a su infancia.

Allí recordó las dificultades económicas de su familia, como su padre fue estafado por un conocido quedando como garante de una casa que nunca se pagó con lo cual tuvo que afrontar dos hipotecas y mantener a su familia. La forma que encontró para eso fue hacer las famosas bolsas de carbón que se usan para el asado. Compraba las barras enteras que llegaban desde Santiago del Estero y en el fondo de su casa rosarina, bajo un techo de chapa, trabajaba todo el día.

«Tenía sus pequeños ayudantes, eh. Antes del colegio, nos despertábamos con mi hermanita para ayudarlo», recapituló Ángel y agregó que cuando llegaba el camión, tenían que llevar las bolsas «pasando por el living y después por la puerta de entrada» dejando la casa «totalmente negra».

En paralelo, el hoy futbolista consagrado recuerda que era un chico muy inquieto. Su madre lo llevó a un médico y este recomendó que lo pusieran a jugar al fútbol. Luego de romperla en el club de su barrio un día llegó el llamado de Rosario Central.

Su padre, hincha de Newell’s Old Boys dudaba; su madre, canalla, ni lo pensó y aunque el club quedaba a nueve kilómetros lo solucionó: «Ahí es cuando nació Graciela (…) una bicicleta amarilla, oxidada, con la que mi mamá me llevaba todos los días al entrenamiento».

Di María grafica muy bien aquellos años: «Una mujer andando en bicicleta por todo Rosario, con un pibe atrás y una nenita adelante, más un bolso deportivo, con mis botines y algo de comer, en el canasto de adelante. En subida. En bajada. Pasando por los barrios más difíciles. Bajo la lluvia. En el frío. De noche. No importaba. Mi mamá sólo seguía pedaleando».

Sin embargo, cuando parecía que la cosa no iba para ningún lado y se estaba por vencer el plazo familiar de «otro año más con el fútbol» o trabajar, llegó el debut en primera en Rosario Central.

Correr al vacío

Su historia como futbolista ya resulta más conocida, sin embargo contó como nadie lo que significó para él el punto de inflexión en su carrera. En 2008, cuando ya estaba en el Benfica de Portugal (aunque como suplente y casi sin minutos de juego) fue convocado a los Juegos Olímpicos. «Ese torneo me dio la oportunidad de jugar con Leo Messi, el extraterrestre, el genio. Nunca me divertí tanto jugando al fútbol».

«Lo único que tenía que hacer era correr al vacío. Empezaba a correr, y la pelota me llegaba al pie. Como si fuera magia», resumió con sencillez. De ahí en adelante su trayectoria despegó, no sin problemas familiares, como su hija que nació prematura, y también futbolísticos, como la famosa final contra Alemania.

Pero se sobrepuso. Y aunque su sueño «estuvo cerca de morir tantas veces», no importó: «Mi papá siguió trabajando bajo el techo de chapa… mi mamá siguió pedaleando… y yo seguí corriendo al vacío».

Ojalá este martes, uno de esos piques le dé una alegría a Ángel, a Lio, a Javier y a todos y todas las que estén mirando ese partido.

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