Fútbol

11 junio, 2018

El hombre que debía desaparecer (1)

Muchos años después de los acontecimientos, Ernst Jean-Joseph todavía es buscado, en vano, por los periodistas. Condenado por la FIFA, por el gobierno de su país y por la historia, el futbolista que fue promesa de Haití en el Mundial 74 se autocastigó con el silencio. Cumplió su pena: desapareció. Primera parte, de una historia de fútbol, hechiceros y dictaduras.

Muchos años después de los acontecimientos, Ernst Jean-Joseph todavía es buscado, en vano, por los periodistas. Condenado por la FIFA, por el gobierno de su país y por la historia, el hombre se autocastigó con el silencio. No da entrevistas y no permite que lo encuentren. Cumplió su pena: desapareció.

Comenzó en el fútbol en su ciudad natal, Cabo Haitiano, y prosiguió en el AC Violette, de la capital Puerto Príncipe, uno de los (pocos) grandes equipos del país. A los 25 años, era titular de la única selección haitiana que conquistó una plaza para la Copa del Mundo, en 1974. Con 1,85 metros de altura, mestizo con cabellos pelirrojos, fue descrito por la revista brasileña Placar, en junio de 1974, como “un líbero con cierta categoría” y “uno de los pocos [de la selección haitiana] que parecen saber jugar fútbol».

Pero el mundo vería a Jean-Joseph en el campo apenas un juego. Su carrera fue condenada al fin después de los 90 minutos iniciales del Mundial, sin que él explicase exactamente por qué.

Hasta entonces, su destino parecía ser la gloria. La clasificación de Haití era motivo de fiesta y orgullo nacional. Pero, aparentemente, Jean-Joseph no fue el único responsable por la clasificación del país para la Copa. En 1957, François “Papa Doc” Duvalier se arrogó el derecho de volverse presidente vitalicio de Haití. Con su muerte en 1971, su hijo Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, a los 19 años, heredó el cargo, la milicia, el país y los métodos. Sin embargo, preocupado con la repercusión internacional y con su popularidad, consideró que las eliminatorias de la Copa del Mundo eran una excelente oportunidad para legitimar su régimen.

El hexagonal organizado por la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCACAF) –disputado por Haití, México, Trinidad y Tobago, Honduras, Guatemala y las Antillas Holandesas- que garantizaba la plaza para el Mundial de Alemania fue realizado entero en el estadio nacional Sylvio Cator, en Puerto Príncipe, reformado especialmente para la clasificación y con capacidad para 30 mil personas.

Más allá del factor de la hinchada local, otras fuerzas pesaron a favor de los dueños de casa. En la partida contra Trinidad y Tobago, el árbitro José Roberto Enriquez, de El Salvador, anuló cinco goles legítimos de los visitantes. “Yo no lo pude creer, Trinidad y Tobago anotó cinco veces y le deberían haber cobrado un penal en cada tiempo. Dicen que los goles deciden una partida, pero no fue eso lo que sucedió en esta noche”, escribió Keith Sheppard en el Trinidad Guardian. No se sabe si es verdadera la versión de que el joven presidente, en persona, habría amenazado de muerte a Enriquez en caso de un resultado desfavorable. Por si las dudas, el gobierno también invirtió en hechiceros que eran vistos conjurando maldiciones contra los adversarios en las gradas. El hecho es que Haití venció por 2 a 1 y, un año después, la FIFA expulsó al árbitro y al juez de línea canadiense James Higuet.

Años más tarde, el mediocampista Jean Herbert Austin recordaría: “Esas tres semanas fueron las más increíbles que recuerdo en Puerto Príncipe. Después de cada victoria, había un carnaval en las calles y todo quedaba prácticamente parado. El juego decisivo fue contra Guatemala y, antes del partido, Duvalier estaba en el vestuario incentivándonos a ganar y vencer por Haití”. Después de la clasificación, con la victoria por 2 a 1, Baby Doc retornó al vestuario para proclamar a los jugadores como héroes. Titular del equipo, Jean-Joseph todavía era una de ellos.

Antes del viaje para Alemania, el dictador recibió a los jugadores nuevamente, esta vez en el propio palacio presidencial. E hizo las esperadas declaraciones de motivación y expectativa con el éxito de la selección. Pero, en medio de su discurso, incluyó una mención ambigua a Joe Gaetjens. Por un lado, los jugadores podrían inspirarse en aquel que era, hasta entonces, el mayor ídolo de fútbol del país: incluso jugando para la selección de los Estados Unidos, en la Copa de Brasil de 1950, Gaetjens fue el autor del sorprendente gol de los norteamericanos en la victoria contra Inglaterra. Por otro lado, recordaba que por cuenta de sus posiciones políticas de oposición al régimen de Papa Doc, Gaetjens fue secuestrado por los “Tonton Macoutes” y su cuerpo nunca fue encontrado.

En Alemania, la misión de los haitianos no era de las más sencillas. En su grupo estaban Italia (subcampeón mundial), Polonia y Argentina. El objetivo era, al menos, demostrar dignidad.

En el día 15 de junio, Italia y Haití abrieron la zona, en Múnich. El público de 53 mil personas demostró simpatía por los haitianos, apoyando al seleccionado caribeño. Y entonces, en el inicio del segundo tiempo y contra todos los pronósticos, Phillipe Zorbe realizó un lanzamiento en profundidad desde el propio campo, el atacante Emmanuel Sannon se liberó de su marcador, gano en velocidad y dribleó al imbatible arquero Dino Zoff, que hasta entonces ostentaba el récord de 1.143 minutos sin goles, abriendo el marcador.

Años más tarde, Sannon definiría a éste como su mejor momento en el fútbol: “Recuerdo el rostro de Zoff, él estaba absolutamente furioso con su defensa, y yo estaba alegre porque sabía que, en casa, todos estarían enloqueciendo”. Al mismo tiempo, el gol sorprendió al propio equipo haitiano. “Psicológicamente, no creo que estuviésemos listos para eso y perdimos nuestra concentración”, recordó el atacante.

El momento mágico en que la pequeña selección caribeña subyugaba a la poderosa Italia duró apenas seis minutos. En la secuencia, Rivera empató, la realidad reestableció su orden con Benetti, y Anastassi cerró el marcador. Haití fue derrotado, como estaba previsto, pero dejaba al Olympiastadion con la cabeza erguida.

Incluso con la derrota frente a Italia –y después contra Polonia y Argentina- la selección haitiana todavía sería venerada por sus compatriotas. Emmanuel Sannon se tornaría el mayor nombre de la historia el fútbol haitiano por los dos únicos goles de Haití en una Copa, el del primer partido y otro contra Argentina, además de ser electo el atleta haitiano del siglo. Después de su pasaje por el campeonato belga y por la liga norteamericana, retornó al país, donde todavía entrenaría a la selección entre 1999 y el año 2000. Víctima de un cáncer de páncreas en 2008, su entierro fue transmitido por televisión y generó una conmoción nacional al punto que el Congreso haitiano aprobó una pensión vitalicia para su familia.

El destino de Jean-Joseph también sería decidido en la partida contra Italia. Su actuación fue elogiada. Según la revista Placar, “con increíble resistencia, el cerró la defensa desde el comienzo al fin y, siempre que fue posible, cubrió las fallas del lateral Auguste. Jugó tan bien que Haití llegó a estar venciendo a Italia por 1 a 0”. Así como Sannon, Jean-Joseph fue sorteado para el anti-doping. Aquí los caminos se separan.

Miguel Enrique Stédile

Traducción: Lautaro Rivara

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