África

15 febrero, 2018

Sudáfrica: la renuncia del presidente y la crisis del partido de Mandela

Este miércoles Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica desde 2009 presentó su renuncia ante las presiones de su propio partido, el Congreso Nacional Africano (CNA) y organizaciones aliadas. La corrupción, la burocratización y la falta de respuesta a los reclamos populares como trasfondo de una crisis que no es nueva.

Este miércoles Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica desde 2009 presentó su renuncia ante las presiones de su propio partido, el Congreso Nacional Africano (CNA) y organizaciones aliadas. La corrupción, la burocratización y la falta de respuesta a los reclamos populares como trasfondo de una crisis que no es nueva.

Zuma pronunció un discurso por cadena nacional en el que informó que dejaba el cargo «con efecto inmediato». «Si bien estoy en desacuerdo con la decisión de la dirigencia de mi organización, siempre he sido un miembro disciplinado del CNA», añadió.

Paradójicamente, en los días previos se había resistido a los pedidos de su propio partido y de los demás integrantes de la alianza gobernante: el Partido Comunista (PC) y el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica (Cosatu). Incluso unas horas antes había brindado una entrevista en la que declaró que «nadie» le había dado «una explicación» de lo que se le imputaba. «Lo encuentro injusto, muy injusto», dijo.

El mandatario deja así la presidencia que ostentaba desde hace casi una década, período en el cual debió enfrentar ocho mociones de censura en el Parlamento de parte de la oposición. No obstante, siempre con el respaldo de sus legisladores, sorteó sin problemas esas instancias.

La situación se volvió más compleja cuando el CNA, el PC y Cosatu informaron que este jueves respaldarían su destitución votando con los opositores en el Congreso. Acorralado, aceptó finalmente dimitir y fue reemplazado por el vicepresidente Cyril Ramaphosa.

El desgaste de un ícono de la lucha contra el racismo

El CNA fue fundado en 1912 con el objetivo de defender los derechos de la mayoría negra del país. A mediados del siglo XX y con el régimen de apartheid instalado por la minoría blanca adoptó la lucha armada como método para enfrentar al gobierno.

Nelson Mandela, su principal dirigente, fue un abogado y militante de izquierda condenado a prisión en 1962 donde permaneció durante 27 años. Sin embargo, su estancia en distintas cárceles se convirtió en la principal denuncia al gobierno racista sudafricano y permitió que su figura cobre reconocimiento mundial.

Tras salir en libertad se presentó como candidato en las elecciones presidenciales de 1994 -las primeras de carácter libre y plural en la historia del país- donde resultó ganador. Desde entonces el CNA -en alianza con el PC y Cosatu- se convirtió en la fuerza política hegemónica, asentada en las clases populares sudafricanas.

Pero esta marca de orígen fue sufriendo un importante desgaste con los años. El gobierno de Zuma -que asumió en plena crisis económica mundial- estuvo atravesado por fuertes denuncias de corrupción, la falta de respuesta a distintas demandas populares y tensiones internas entre los partidos de gobierno que llevaron al escenario actual donde, a priori, no está garantizado el triunfo en las elecciones de 2019.

Uno de los cimbronazos que iniciaron este proceso fueron las elecciones locales de agosto del 2016 cuando el oficialismo perdió posiciones claves como Johannesburgo y Tshwane, donde está Pretoria, la capital. A esto se llegó en el marco de acusaciones de desvíos de fondos que implicaban directamente al jefe de Estado y su círculo más cercano.

En total Zuma está involucrado -ya sea en proceso de investigación, imputado o procesado- en 783 causas de corrupción entre los que figuran haber pagado la ampliación de su residencia privada con dinero público (por lo cual en 2016 debió devolver medio millón de euros) y derivar dinero destinado a productores pobres hacia la familia de empresarios Gupta. De hecho, estos últimos fueron arrestados por la policía horas antes del discurso de renuncia.

A nivel social, un conflicto que tuvo mucha repercusión y se dio dos años consecutivos (2015 y 2016) fue el vinculado al aumento de matrículas universitarias. El movimiento estudiantil manifestó un fuerte rechazo con movilizaciones y protestas callejeras que en muchos casos fueron duramente reprimidas.

Disputas al interior del gobierno

Con estos antecedentes, el 8 de agosto de 2017 el Parlamento votó la octava moción de censura contra Zuma donde por primera vez se observó una fractura interna. La jefa del Legislativo, Baleka Mbete, aceptó una metodología reclamada por los partidos opositores: el voto secreto en vez de a mano alzada. Si bien el presidente fue ratificado en su cargo, considerando las abstenciones y ausencias, los números arrojaron que 21 de sus diputados votaron a favor de destituirlo.

Tras la votación el Cosatu emitió un duro comunicado. “La tarea estratégica de recuperar la unidad del pueblo no será alcanzada por una organización que ha perdido su vocación de grandeza. El CNA debe recordar que todas las rachas ganadoras tienen un fin y que las masas están perdiendo la paciencia”, declaró la central sindical en un contexto donde la desocupación alcanza el 25%.

Apenas unas semanas después, el 27 de septiembre, Cosatu impulsó una huelga nacional contra la corrupción y obtuvo el respaldo de los comunistas. El Ejecutivo respondió en octubre con cambios en el gabiente que incluyeron la remoción del ministro de Educación Superior, Blade Nzimande, quien es además el secretario general del PC sudafricano.

La crisis llevó a una cumbre de las tres organizaciones donde se abordaron los problemas del gobierno y finalmente desembocó, en diciembre, en un Congreso del CNA que puso al frente de la organización al vicepresidente Ramaphosa con el objetivo de «rectificar» el rumbo del partido.

De hecho el nuevo presidente aparece como la principal figura del oficialismo para las elecciones de 2019 con un discurso anclado en la lucha contra la corrupción y la reactivación económica. Cuenta no sólo con el apoyo de su partido sino también el de sus aliados en el gobierno.

Su tarea no será sencilla, ya que deberá recuperar el apoyo de gran parte del pueblo sudafricano que se ha ido desencantando con el gobierno por sus políticas de ajuste y sus manejos oscuros de los fondos públicos. Además la salida anticipada del Zuma sin duda tendrá un costo que buscará ser aprovechado por la oposición.

De momento el CNA ha seguido -en el marco de la dinámica propia de la política sudafricana- un camino similar al de sus vecinos de Angola e incluso de Zimbabwe, tratando de generar una renovación interna ante una evidente crisis que podría dar por terminado un ciclo en la historia reciente de la economía más importante del África austral.

Santiago Mayor – @SantiMayor

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas