Batalla de Ideas

19 diciembre, 2017

A Cambiemos le llegó su invierno

Por Federico Dalponte. Cambiemos hizo lo suyo. Manejó con presiones y balas una sesión histórica, y logró aprobar la reforma previsional. Pero sabe que el costo fue alto. Nunca antes un proyecto suyo había generado tanta resistencia. Comprender la calle, el gran desafío político.

Por Federico Dalponte. Apuro, ingenuidad, algo de torpeza. Nada explica de manera acabada la terquedad del oficialismo con este proyecto. Un ahorro de entre 70 y 100 mil millones de pesos parece poco. Sin ir más lejos, este martes vencieron 437 mil millones en Lebacs y el año que viene serán mil millones de dólares los que dejará de recaudar el Estado por la baja de retenciones a la soja.

Tampoco aporta mucha la teoría del hilo más delgado: recortarle a los jubilados porque ellos no se quejarán. Ese supuesto es endeble. Si algún funcionario creyó que los sectores políticos y sociales del campo opositor no reaccionarían en defensa de los segmentos más vulnerables, desconoce cuanto menos los baluartes básicos de la política argentina; mejor volver a la actividad empresarial.

Faltan más elementos, es evidente. Es posible que subsista algo de aquel temor lejano a mostrarse débil. Léase como remedio: mostrar fortaleza a balazos.

Enfrascados en la lucha, prefirieron no acordar la salida. El último intento fue el de Graciela Camaño. Ofertó devolver el proyecto a comisión, tomarlo con calma, lograr consensos. Una mayoría cerrada eligió seguir adelante. Quizás fue un error: pasar a comisión hubiese sido coherente con el discurso macrista de la unidad argentina con grietas.

Ese estilo confrontativo irrita incluso a parte del electorado de Cambiemos. Difícil pensar que no había votantes oficialistas entre los que marcharon esa noche con cacerola en mano. Saber quiénes son, qué reclaman, cuáles son sus alternativas políticas; eso es más delicado y no hay quién pueda decodificar por ahora ese mensaje.

Durante la madrugada ese clima se acentuó. El menosprecio por los otrora enaltecidos caceroleros denotaba cierta confusión en el macrismo, hasta el extremo de que varios creyeron desde adentro del Congreso que la movilización nocturna era en defensa del gobierno.

Cerrarse al diálogo, apurar votaciones, impedir cambios; ésas son las forman en que se expresan los fantasmas: el oficialismo teme al descontrol de la calle tanto como a la pérdida de legitimidad. Y el resultado es ése. Donde podía haber una reestructuración integral del sistema previsional hubo sólo un recorte escandaloso de la movilidad.

Eso no implica, va de suyo, que los resistentes transiten el camino hacia la unidad, ni siquiera a la coordinación de la acción. La reciente ruptura de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) con la comisión directiva de la CGT sirve como ejemplo y se suma al resquebrajamiento impulsado por las críticas de Pablo Moyano y la Corriente Federal.

Del mismo modo, la foto de los abrazos entre los diputados opositores, el jueves pasado en el recinto, tampoco garantiza una resistencia más exitosa que la del último bienio. Las masivas movilizaciones de esta semana, sumadas a una férrea oposición legislativa, no impidieron sin embargo que el Ejecutivo impusiera sus proyectos. Pareciera pesimismo, pero podría decirse de otro modo: la oposición política y social tendrá que debatir cómo transformar la resistencia en victorias electorales.

El macrismo aumentó las tarifas, eliminó pensiones por discapacidad, podó la cobertura de medicamentos, privatizó la televisación del fútbol, derogó las cuotas sin interés, puso fin a las devoluciones por compras con tarjeta de débito y convirtió los feriados turísticos en días no laborables. Medidas antipopulares. Todas. Y sin embargo arrasó en las elecciones.

Pensar que el descontento popular por los cambios en las jubilaciones se va a traducir en una merma electoral es apresurado. Algo se rompió, no hay dudas. Pero nadie puede pensar que la turbulencia de una ley modifica la correlación de fuerzas en el mediano plazo.

Seguramente el gobierno tendrá que usar el termómetro y rever su apuro. La reforma laboral, por caso, deberá ser parte de los debates del próximo año legislativo. Quien decodifique con mayor certeza y celeridad el mensaje de la calle llegará con ventaja al 2018.

@fdalponte

Foto: Marcelo Navarro

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