América Latina

28 julio, 2017

Venezuela, la Constituyente y la hora cero

El país está en posición de alerta, con ambos bloques políticos llamando a sus bases a movilizarse con el fin de alcanzar sus objetivos. Las expectativas, inquietudes y ánimos están encendidos de cara a la primera elección desde 2015.

El país está en posición de alerta, con ambos bloques políticos llamando a sus bases a movilizarse con el fin de alcanzar sus objetivos. Las expectativas, inquietudes y ánimos están encendidos de cara a la primera elección desde 2015.

La constituyente difícilmente resuelva de manera automática los desafíos de la guerra económica, la crisis social o el estancamiento político. Pero sin duda señalará las condiciones sobre las que actuarán los protagonistas de un nuevo capítulo en la disputa.

Por parte del chavismo, la prioridad está en garantizar las condiciones optimas que permitan una participación lo más amplia posible en la votación del domingo. La cantidad de personas que se aproximen a las urnas está en el centro de la cuestión; se trata de legitimar no solo una iniciativa gubernamental, o de demostrar la capacidad de convocatoria y tracción que puede tener el oficialismo, sino de legitimar el mismo texto constitucional, el consenso social y legal sobre el que se funda el Estado.

En sentido opuesto, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) no oculta sus intenciones de impedir por los medios que sean necesarios la realización de los comicios. Un golpe a la constituyente aceleraría, dentro de sus cálculos, la salida forzada del gobierno de Nicolás Maduro y el Partido Socialistas Unido de Venezuela (PSUV). Hacia esa dirección se ha dirigido la violencia desplegada en la agenda de calle en curso desde mediados de abril. Sin embargo, la oposición ha visto disminuir de forma considerable su capacidad de convocatoria en las últimas semanas conforme los grupos armados que actúan bajo la etiqueta de “La Resistencia” acaparan el protagonismo.

Todos a los botes

Ambas coaliciones tuvieron su calentamiento casi dos semanas atrás, el domingo 16 de julio. Ese mismo día, la MUD realizó un “plebiscito” no oficial con el objetivo de presionar al gobierno a dar marcha atrás con las elecciones de constituyentistas. En simultáneo, desde el gobierno se organizó un simulacro de votación para familiarizar a la población con el sistema de planchas para elegir representantes territoriales y sectoriales.

Pese al optimismo inicial y el recibimiento que obtuvo especialmente en la arena internacional, los resultados dados por el plebiscito se encontraron alejados de las expectativas del campo opositor. Lejos de los 10 o 12 millones de personas que algunos esperaban ver participando, declararon haber juntado siete millones de votos. Suponiendo que verdaderamente haya sido esa cantidad, algo que parece improbable y además no se puede verificar, porque la propia oposición quemó inmediatamente después los registros, quedaron por debajo de lo que la misma MUD obtuvo en las legislativas de 2015 y lo que Maduro obtuvo en las presidenciales.

Dentro de un padrón electoral de alrededor de 19 millones de personas, la acción se mostró insuficiente. Leyendo entre líneas, algunos análisis hacían hincapié en el propio cambio de discurso y énfasis de los portavoces de la oposición. El plebiscito que “detendría” la constituyente, pasó a ser denominado como una votación “simbólica” y finalmente un “firmazo”. Esto sin contar las evidentes irregularidades y falta de transparencia que exhibió la medida, ya que la quema de los libros de actas realizada por las mismas autoridades de mesa de la MUD impiden todo examen independiente.

La MUD confirma tener un núcleo duro de votantes consolidado, pero es insuficiente para desbordar el escenario. Su intransigencia a la hora de rechazar el diálogo nacional y los extremos que alcanzó la violencia (que por acción u omisión alimentó todo este tiempo) limitan su capacidad de alcanzar a aquel sector considerable que se ubica en el medio de la polarización. Si bien logra canalizar el descontento de una parte de la sociedad, aún carece de una propuesta política que amalgame y convoque lo suficiente.

Tras presentar una plataforma de gobierno “transicional”, la oposición intentó dar forma a una estructura de gobierno paralelo. El Tribunal Supremo de Justicia declaró la inconstitucionalidad de la medida y varios de los “magistrados” autoproclamados fueron detenidos días después.

Por el otro lado, el simulacro sorprendió incluso al propio oficialismo con una tasa de participación inusualmente alta. Algunos centros de votación debieron permanecer abiertos hasta altas horas de la noche. Pese al desgaste sostenido y el agotamiento del aparato partidario e institucional sobre el que tradicionalmente se viene sosteniendo el gobierno, fue su propia base social la que superó las expectativas.

La violencia, los crecientes actos de intervencionismo norteamericano y la propia percepción de que el proceso se halla en crisis pudieron haber motivado al chavismo a cerrar filas. Una demostración de que, pese a que su capacidad de representar una mayoría se encuentre en entredicho, ha logrado construir una hegemonía cultural en sectores considerables, para los cuales la participación directa en el proceso político es un elemento identitario central.

Hora cero

Esta semana está programada la fase final de lo que dirigentes de la MUD han llamado “la hora cero”, la movilización total de partidarios y recursos dirigida a impedir la constituyente. Incluyó un llamado a la población a reunir víveres para los días que vendrán. La campaña debería ser coronada con la propia “toma de Caracas”, señalada para este viernes. Sin embargo, la “huelga general” que debiera construir el escenario propicio no actúo a toda máquina. Pese a alterar el ritmo cotidiano, no superó a jornadas anteriores ni paralizó el país como se proclamaba.

En simultáneo, los EE.UU. sancionaron a 13 altos funcionarios del gobierno venezolano. Supone el puntapié inicial de las sanciones que anuncia si la constituyente se realiza este domingo. El director de la CIA, Mike Pompeo, generó el repudio del canciller venezolano tras mencionar en un foro de seguridad que su país estaba “haciendo lo mejor” en vistas de producir un “cambio de régimen” en Venezuela. Este jueves, Washington recomendó a su personal diplomático en el país que evacuaran a sus familias.

En el cierre de campaña, el chavismo colmó la Avenida Bolívar en Caracas. Lo más destacable fue el llamado de Maduro a establecer una mesa de diálogo y negociaciones con la oposición para intentar encauzar el conflicto por la vía política una vez más. Pocas señales hay de que el intento rinda frutos. En un escenario donde ambos bandos han quemado sus naves, en medio de un clima de degradación del tejido social golpeado por la crisis y la violencia, el país se dirige a la primera de una nueva serie de ejercicios electorales. ¿Habrá vida después del 30?

Emilio Torres, desde Caracas

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