Cultura

28 julio, 2017

Crashing: la fragilidad de los posmodernos

¿Quiénes somos? es una pregunta que explota como una supernova y se expande en el universo de lo posmoderno. «Crashing» es una comedia y también una patada en la cara. Producida por Kenton Allen y Liz Lewin, la serie británica disponible en Netflix seduce y molesta por igual.

¿Quiénes somos? es una pregunta que explota como una supernova y se expande en el universo de lo posmoderno. Crashing es una comedia y también una patada en la cara. Producida por Kenton Allen y Liz Lewin, la serie británica disponible en Netflix seduce y molesta por igual.

Dirigida por George Kane, la serie consta de seis capítulos. El puntapié inicial es un grupo de personajes que para ahorrar dinero, viven en un hospital abandonado como guardianes de propiedad de una inmobiliaria. Una geografía rara, como un hostel pero casi a punto de derrumbarse, conforma el escenario de estas vidas.

Crashing es un intento ridículo y brillante de responder por la identidad de una generación formada por miles de partículas en suspensión que darán como resultado una unidad siempre fragmentada. Los capítulos cortos de media hora, interpelan al espectador desde un guión sin sanatas. Diálogos incómodos, violentos, siempre punzantes.

Los personajes viven en una atmósfera de irritabilidad constante. Un ambiente con mala onda. Esas relaciones se vuelven tan frágiles como el lugar en el que viven. Un cuestionamiento ácido permanente respecto de lo que son, y de lo que pueden ser. Se trata de identidades siempre cambiantes. Gente descartable, relaciones frívolas en las que ni siquiera importa el sexo en sí mismo.

Crashing muestra la seducción como una herramienta que pone en juego el deseo y lo convierte en ilusión. Los protagonistas no saben quiénes son, están enojados consigo mismos, con sus trabajos esclavos y mediocres, se asustan como marionetas sin rumbo, se insultan, odian vivir y a la vez -como Sísifos sin salida- siguen empujando la piedra hacia lo alto de la montaña, una y otra vez.

El desconcierto de este mapa es lo que provoca risa. Una carcajada en el espectador que se sentirá rodeado de aquel mundo de cuernos, solicitudes de préstamos a tías borrachas y corazones derrotados. El sinsentido posmoderno atraviesa sus historias y convierte a Anthony, Kate, Sam, Lulu, Fred, Colin y Melody en los nuevos Friends bañados en ácido.

La maldad de estos personajes es indivisible de su ternura. Son frágiles porque son malvados. Mienten, pero a la vez no pueden evitar decir la verdad. Avanzan en la contradicción que los vuelve ridículos.

En esta comedia se han borrado los límites entre amor, dolor, maldad y bondad entendida como valores únicos. En palabras del filósofo francés Michel Maffesoli, Crashing es un intento posmoderno desesperado de volver a la tribu, de formar un clan con reglas propias, alejados del aburrido Apolo para enfiestarse con el múltiple y colorido Dionisio.

Mariano Cervini – @marianocervini

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas