América Latina

12 julio, 2017

El ataque judicial contra Lula que busca alejarlo de la Presidencia

Este miércoles, el juez federal Sérgio Moro condenó a nueve años y medio de prisión al ex presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT), Lula Da Silva, por un supuesto delito de corrupción del que no tiene más evidencia que una delación premiada de un empresario. Intentan impedir que se candidatee a la presidencia en 2018.

Este miércoles, el juez federal Sérgio Moro condenó a nueve años y medio de prisión al ex presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT), Lula Da Silva, por un supuesto delito de corrupción del que no tiene más evidencia que una delación premiada de un empresario.

Un día después de aprobarse en el Congreso una reforma laboral totalmente regresiva, el establishment brasileño consiguió otro de sus objetivos: una condena a Lula que por lo menos entorpezca su regreso a la presidencia.

La causa

La denuncia por corrupción pasiva y lavado de dinero fue presentada en septiembre de 2016 por el procurador general de Brasil, Deltan Dallagnol, en el marco de las investigaciones vinculadas a Petrobras. Implica a la empresa OAS y la compra de un tríplex en la localidad balnearia de Guarujá, propiedad que fiscalía y juez le atribuyen a Lula y su esposa, Marisa Letícia Rocco, quien falleció durante la imputación. Según la acusación, habrían recibido 3700 millones de reales (1,1 millones de dólares), desviados por la empresa OAS Petrobras para la compra, reformas y decoración del inmueble.

Los abogados de Lula, al momento de ser presentada la denuncia habían declarado que “el inmueble que habría recibido las mejorías (…) es de propiedad de OAS como no deja duda el registro en el Registro de Inmuebles de Guarujá (matrícula 104801), que es un documento dotado de fe pública”. Agregaban también que la denuncia de Dallagnol “no contiene ni un único elemento que pueda superar esta realidad jurídica, dejando en evidencia, por lo tanto, que es una pieza de ficción”.

Al conocerse la sentencia del juez Moro, la presidenta destituida Dilma Rousseff, declaró: “La condena es un escarnio. Es una flagrante injusticia y un absurdo jurídico que avergüenzan a Brasil”. “Lula es inocente y esta condena hiere profundamente la democracia”, subrayó.

En el mismo sentido, los abogados del líder del PT afirmaron que durante más de tres años este “ha sido objeto de una investigación por motivos políticos”. “No se ha producido ninguna evidencia creíble de culpabilidad y abrumadoras pruebas de su inocencia han sido descaradamente ignoradas”, agregaron. Y señalaron que la sentencia tiene una “motivación política” que “ataca el estado de derecho, la democracia y los derechos humanos básicos de Lula”. “Es de enorme preocupación para el pueblo brasileño y para la comunidad internacional”, remarcaron.

Sergio Moro, juez y parte

Como explicaba Micaela Ryan en este portal, el juez federal Sérgio Moro, que lleva adelante la investigación por el caso Lava Jato, mantiene estrechos lazos con Washington, donde viaja mensualmente. El Instituto Lula, al momento de comenzar la investigación, había denunciado que Moro «no es imparcial”, y recordado que el juez fue denunciado ante el Supremo Tribunal Federal y la Corte Internacional de Derechos Humanos de la ONU, por abuso de poder en el desempeño de su función.

Además, habían planteado que en las investigaciones contra Lula participaron al menos 300 agentes del Ministerio Público, la Policía y el Ministerio de Hacienda, y que no hallaron pruebas que lo relacionen con los desvíos de Petrobras, ni tampoco “ninguna cuenta secreta, en Brasil o en el exterior, ninguna empresa de fachada, ningún pago ilegal, directo o indirecto” del ex presidente brasileño.

En reiteradas ocasiones se señaló la cercanía de este magistrado con el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), encabezado por Aécio Neves, ex candidato presidencial, procesado hace tres años por tráfico de cocaína, aunque la causa está paralizada en los tribunales en la actualidad.

¿Y ahora?

Legalmente la condena no impide que Lula Da Silva sea candidato para las elecciones generales de 2018, tal como anunció que haría. Para que no pueda postularse debería ser condenado por un órgano colegiado y no por un juez. Por ende, depende del fallo de un Tribunal en segunda instancia.

Se abren entonces tres escenarios: el primero, que el Tribunal Federal Regional Nº4 confirme la condena, lo cual le quitaría a Lula los derechos políticos e impediría su candidatura. El segundo, que no se pronuncie hasta pasadas las elecciones, lo que dejaría sobre el ex presidente un manto de duda, pero lo habilitaría a postularse para volver a Planalto. La tercera, la más beneficiosa para el líder del PT (y favorito en las encuestas para retornar a la presidencia), sería que de marcha atrás con el fallo de primera instancia y lo absuelva.

Como señala Martín Granovsky en Página/12, las esperanzas del PT no son vanas: el tesorero del partido de Lula, Joao Vaccari, había sido condenado por Moro a 15 años de prisión pero el mismo Tribunal de segunda instancia que tratará el caso del ex presidente lo absolvió ante la falta de evidencia firme.

“Nunca tuve tantas ganas de ser presidente de Brasil como ahora”, había afirmado Lula luego de declarar frente a Moro en mayo de este año, ante una multitud que lo acompañaba. Este miércoles, en las principales ciudades del país se produjeron movilizaciones y actos para rechazar la sentencia.

Vale recordar que Brasil atraviesa una fuerte crisis política que comenzó con el impeachment a Dilma Rousseff el año pasado, que continúa con denuncias y condenas por corrupción de dirigentes de los principales partidos políticos y que afecta al mismo Michel Temer, hoy a cargo del Poder Ejecutivo. Temer es acusado de ser cómplice del pago de sobornos y enfrenta tanto una posibilidad de juicio político como de ser procesado por el Supremo Tribunal Federal, ya que se trata de delitos comunes.

Temer -o quien finalice su mandato en el probable caso de que sea destituido- abandonará la presidencia a fines de 2018. Si la situación judicial lo habilita, Lula tiene -por el momento- todas las cartas para convertirse nuevamente en presidente de la potencia sudamericana en las elecciones de octubre del año que viene.

Julia de Titto – @julitadt

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