Economía

9 julio, 2017

Economía en el granero del mundo

A nivel global, la brecha de desigualdad económica se ha visto profundizada en los últimos años; la globalización moderna naciente en los setentas logró sellar la diferencia entre un país industrializado y un país que exporta materias primas. El impacto de la devaluación y la tasa de interés estadounidense en la economía argentina.

La teoría económica ha logrado homogeneizar, independientemente de la ideología que prime o el período en el que se escriba, la geografía. No debe permitirse la lectura económica, más que a modo de aprendizaje histórico o en forma de análisis antropológico del “otro”, de aquellos países en los que se ha logrado desarrollar la industria y aquellos que aún mantienen viejas disciplinas orientadas al sector agroexportador.

La brecha de desigualdad se ha visto profundizada en los últimos años; la globalización moderna naciente en los setentas logró sellar la diferencia entre un país industrializado y un país que exporta materias primas.

Devaluación

A fines de 2015 asumió Mauricio Macri. Una de sus primeras medidas fue levantar el mal llamado “cepo cambiario”. Las fuentes oficiales determinaron los siguientes valores: con diez días de diferencia, el peso argentino cotizó en la bolsa un 30% menos: el 5 de diciembre, un dólar equivalía a 9,65 pesos y el 17 de diciembre, a 13,95. Es decir, para conseguir el mismo dólar ahora se necesitaban más pesos argentinos; lo que es lo mismo que exponer que la moneda argentina perdió valor.

Un productor de soja al 5 de diciembre de 2015 vendía una tonelada de soja en alrededor de 330 dólares, según datos del Ministerio de Agroindustria. Si esta ganancia se tradujera en moneda local, entonces una tonelada en pesos sería igual 3185,5 pesos. Quince días después, el productor vendería la misma tonelada al mismo valor en dólares pero, al efectuar el cambio dólar-peso en el Banco Central, obtendrá aproximadamente 4603,5 pesos.

Es decir, frente a una devaluación, se aumentaron las ganancias en pesos un 44,52%. Esta ganancia extraordinaria debería estar regulada estatalmente. Hasta uno de los ministros de Economía de Onganía, Krieger Vassena, realizó una maniobra que, ante la devaluación de aproximadamente el 40% que se dio en su mandato, colocó una elevada tasa de retención a las exportaciones. Esto generó, por un lado, mayores ingresos al Estado y, por otro, redujo las ganancias extraordinarias del agro.

Frente a una devaluación, los productores de bienes agroexportables decidirán aumentar los precios internos para “equipararlos” con los precios internacionales. Es decir, “no hay razón”, desde el punto de vista económico y lejos de una mirada social, para mantener bajos los precios internos si se puede comerciar al exterior y obtener altas tasas de ganancias.

El problema reside en que los productos que exportamos son bienes primarios, parte fundamental de la canasta básica. A diferencia de Chile, cuyo principal producto de exportación es el cobre, por ejemplo. Aunque así como la población chilena no come cobre y en la Argentina tampoco somos consumidores/as de soja, el aumento de la carne -por ejemplo- produce pérdidas sustanciales en el salario real.

Las tasas de interés y el Estados Unidos de Trump

A comienzos de los años 70, desde Medio Oriente comienzan a desplazarse los llamados petrodólares que inundaron las economías emergentes latinoamericanas en forma de préstamos y aumentaron la capacidad prestable a bajas tasas de interés. Los gobiernos (en su mayoría dictatoriales) se endeudaron a un tipo de interés flexible lo cual aparejó muchísimas complicaciones de pago de deuda a futuro.

El problema surgió cuando en 1979/80, Estados Unidos elevó su tasa de interés un 20% y dio lugar a que todos los prestamos e inversiones se redireccionaran. Fue un período crítico, en el cual el Estado se endeudó de forma cíclica.

En enero asumió el polémico Donald Trump bajo la promesa de poner en “marcha un plan de estímulos y construcción de infraestructuras” y aumentar por segunda vez en diez años la tasa de interés, que se mantenía en cero (con un respaldo bastante ficticio). La tasa de interés incrementada en el gigante del Norte significa un aumento las tasas locales en el Sur para evitar una fuga de los depósitos en dólares.

En el caso de Argentina, este aumento es directo, ya que se trata de una economía pequeña, cuya tasa de interés interna está determinada exógenamente por el tipo de interés global.

Esto se debe a que, frente a la suba inicial de la tasa de interés internacional, de EE.UU. más particularmente, la compra de bonos extranjeros (estadounidenses) resultará más atractiva y los capitales locales, o extranjeros radicados en el país, fluirán al exterior, provocando una baja en la inversión. Para poder efectuar la compra de esos bonos extranjeros más baratos, se deberán demandar dólares (garantizados “genuinamente” por las exportaciones o por deuda externa) lo que causará un exceso de demanda de divisas y, por ende, una suba del tipo de cambio (devaluación).

Lucía Sánchez Barbieri  y Agustina D’Amore

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