Batalla de Ideas

25 junio, 2017

Con CFK otra vez en escena, el gobierno define su suerte en Buenos Aires

Por Federico Dalponte. Cambiemos nacionalizó su estrategia y será la fuerza más votada en octubre. Aun así, la notoria presencia de presidenciables obliga a reorientar energías. Una derrota en territorio bonaerense supondría para el oficialismo un severo condicionamiento de gestión.

Por Federico Dalponte. Todo cierre tiene sorpresas. Caídas irreversibles, candidaturas inéditas, quiebres inesperados. Este sábado también, como siempre. Aunque la envergadura fue notable.

La postulación de Cristina Fernández de Kirchner rompió todas las previsiones. Raúl Alfonsín tardó doce años en llegar al Congreso después de dejar la Casa Rosada; Carlos Menem, seis. La decisión de la ex mandataria sigue en cambio los pasos de su compañero difunto.

Néstor Kirchner encabezó una campaña inverosímil en 2009, apenas dos años después de entregar el bastón de mando. Peleó contra un rejunte de centroderecha sostenido con más publicidad que estructura; y perdió.

Tal vez aquélla haya sido la última batalla legislativa con pesos pesados en cancha. Este año, alentados quizás por sensaciones similares, todos mostraron sus mejores cartas.

Cambiemos sabe que se juega buena parte de su proyecto político a largo plazo en octubre. Si pierde -léase: si la impresión generalizada es que el gobierno fue derrotado-, llegará al 2019 con más dudas que certezas. Y el ajuste previsto para este fin de año será más difícil de justificar frente a un electorado adverso.

En ese contexto, el oficialismo impuso candidatos potentes. Dos ministros nacionales, el titular del difuso plan Belgrano, varios funcionarios con rango de secretario y perlas diversas como Elisa Carrió o Graciela Ocaña.

Aun así, la centralidad estará puesta en lo que puedan hacer Mauricio Macri y María Eugenia Vidal para torcer la elección. La provincia de Buenos Aires siempre tuvo peso simbólico aglutinante, pero esta vez todavía más.

Enfrente, Cristina Kirchner ya no es lo que era hace un año. De aquella mandataria jubilada y acorralada por las citaciones judiciales, ahora su propia reinvención desafía a los límites de toda lógica.

Al discurso en Arsenal, sensato y cuidado, se le sumó este sábado un armado de listas en igual tono. Casi como si supiera que aquellos que la secundaron con fervor son, al mismo tiempo, las figuras menos digeribles para el electorado independiente. Aníbal Fernández, fuera de competencia; Daniel Scioli, en segundo plano; La Cámpora, relegada; Diana Conti y Carlos Kunkel, misma suerte; Luis D´Elía y Amado Boudou, ni siquiera convocados.

Pareciera otra persona. Incluso la elección de Jorge Taiana como segundo candidato a senador evidencia una revalorización de los viejos aliados. Al mismo tiempo, por cierto, que desdibuja el apoyo del Movimiento Evita a Florencio Randazzo, tal como la inclusión para diputados del titular del PJ bonaerense Fernando Espinoza.

Nada es casual. Ni siquiera la paridad de género en la listas. Lo que sirve para reafirmar lo dicho: la reinvención de la ex presidenta nace a partir de una cuidada y premeditada elaboración de su estrategia.

El escenario principal

Es difícil nacionalizar una elección legislativa, fragmentada como está por distritos. Rosendo Fraga insiste en algo basal: 21 de los 24 senadores se eligen en las provincias del interior. Lo mismo que 94 de los 129 diputados. Eso serviría -supuestamente- para repensar la importancia que se le concede a la circunscripción más populosa del país.

Sin embargo, esta vez, al peso específico y simbólico de la gran provincia se le suma la participación de cuatro figuras nacionales. Basta comparar ello con los candidatos de hace seis años: Aníbal Fernández (57%), Jaime Linares (13%), José Scioli (11%), Hilda “Chiche” Duhalde (7%).

Si para algo servirá esta elección bonaerense, será entonces para ordenar el mapa presidencial a futuro. Sergio Massa apostará todo a quedar segundo, relegando a Cristina Kirchner; menos que eso sería perder. La ex mandataria, por su parte, tendrá que ganar para reafirmar su liderazgo y acallar a quienes promueven su retiro. El macrismo, lógico, podrá salir primero o segundo, pero siempre tendrá dos años para recuperarse. La incógnita en este escenario se llama Florencio Randazzo.

El ex ministro está más de veinte puntos por debajo de Cambiemos y de Unidad Ciudadana en todas las encuestas. El acercamiento en favor de la unidad peronista alentó, el viernes por la noche, la hipótesis de que primaría la lógica electoral: no fragmentar el voto opositor. Pero no.

Sucede que Randazzo juega su propia elección. Buscará posicionarse, presenciar la derrota de Cristina Kirchner en primera fila, estar allí para sucederla. Es posible que algo de eso haya. O no. O será tal vez que tienen razón los que especulan con razones menos santas.

En cualquier caso, su postulación será útil en términos de discurso: nadie espera que se someta él a la estrategia de discutir la corrupción del kirchnerismo en pleno plan de ajuste neoliberal.

La cuestión federal

Fuera de la gran provincia, el mapa nacional es tan amplio como diverso. Pero hay resultados casi cantados: Cambiemos no podrá controlar el Congreso el próximo bienio; la oposición aparecerá mucho más fragmentada que en su anterior composición; y el extinto Frente para la Victoria confirmará su disolución a nivel legislativo.

Para lo demás todavía es pronto. Si Agustín Rossi podrá volver a ocupar una banca, si Gerardo Morales ratificará su poder en Jujuy, si Martín Lousteau confirmará su adhesión al oficialismo, si la elección en Córdoba catapultará a Juan Schiaretti como presidenciable, etcétera. Todo está por definirse.

En Casa Rosada, mientras tanto, se prepara una campaña nacional. Los adversarios serán locales en todos los casos, pero el oficialismo tendrá que demostrar capacidad para una estrategia unificada. En ese sentido, arriesga mucho más que cualquiera. Y ése será el saldo a contabilizar después de octubre.

@fdalponte

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