América Latina

22 junio, 2017

Asamblea de la OEA en Cancún: Almagro fracasa en su ofensiva en contra de Venezuela

Luego de tres días de debates, la 47 Asamblea General de la OEA no logró un consenso para posicionarse acerca de la situación política en Venezuela. Almagro apostaba a la aprobación de un documento condenatorio del gobierno bolivariano. La canciller venezolana Delcy Rodriguez fue protagonista indiscutible de las jornadas.

Luego de tres días de debates, del 19 al 21 de junio, la 47 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) no logró un consenso para posicionarse acerca de la situación política en Venezuela. Almagro apostaba a la aprobación de un documento condenatorio del gobierno bolivariano, luego de intentar aplicar la carta democrática sin éxito a fines de mayo. La canciller venezolana Delcy Rodriguez fue protagonista indiscutible de las jornadas.

La costa del Estado de Quintana Roo tiene una historia tan antigua como reciente es su ocupación por el Estado mexicano. Los pueblos mayas que lo habitan ancestralmente supieron rebelarse y mantener control territorial autónomo incluso hasta el dintel del siglo XX. Cancún es su ciudad más poblada y renombrada. En el mayor centro turístico de México viven 600 mil personas. Cancún es también una de las ciudades más jóvenes entre las grandes urbes del país. Cuando la venezolana Delcy Rodriguez no llegaba a cumplir un año de vida, se fundaba la ciudad que sería escenario de la 47 Asamblea General de la OEA. Cancún y Delcy son, casi a medida, contempóraneas.

Luis Almagro, el presidente uruguayo de la OEA, intentó en mayo aplicar la carta democrática del organismo a Venezuela. El objetivo de esta medida diplomática sería manifestar un reconocimiento internacional mayoritario de una crisis política en Venezuela y la ruptura de su sistema democrático. El efecto mediático de una decisión del organismo internacional justificaría una escalada el intervencionismo extranjero en el país sudamericano, a través de diversas sanciones, y serviría también de argumento para los sectores radicalizados de la oposición venezolana que apuestan por la violencia como la vía para lograr la salida del gobierno bolivariano.

El 31 de mayo, en una sesión de consulta convocada especialmente para tratar el posicionamiento del organismo ante Venezuela, Almagro no logró que se acordara una declaración condenatoria. Fue otro intento frustrado en una larga sucesión que data al menos desde abril, cuando se le impidió al país bolivariano ejercer la presidencia de turno en el consejo permanente. Sus expectativas y las de gran parte del poder concentrado de nuestro continente estaban puestas en lo que sucediera en este junio en Cancún.

El brazo derecho de Almagro en su ofensiva diplomática contra de la democracia venezolana es otro Luis, el secretario de relaciones exteriores mexicanos, Videgaray Caso. Este funcionario fue secretario de Hacienda y Crédito Público durante el período en que implementaron las reformas estructurales que significaron la privatización de millones de activos y funciones del Estado mexicano y la pérdida de derechos de la población. Renunció a su cargo en 2016 debido a que se conoció públicamente su estrecha relación con Donald Trump que le permitió ser el gestor de su visita al país. Permaneció cortos meses fuera de la función pública sólo para asumir en 2017 como secretario de Relaciones Exteriores.

Almagro y Videgaray esperaban lograr avances en la condena a Venezuela en Cancún. Contaban, para ello, con el reciente respaldo de grandes países del continente, debido a la elección de un gobierno de derecha en la Argentina y un golpe de estado en Brasil. El día 19 intentaron que se aprobara una declaración totalmente injerencista que demandaba al gobierno bolivariano que abandone la convocatoria a una Asamblea Constituyente y que convocara a elecciones, entre otros puntos. El documento no logró los 23 votos necesarios para su aprobación.

En los dos días siguientes continuó el esfuerzo por un pronunciamiento, incluso con una propuesta menos ambiciosa que convocaba apenas convocaba a un “grupo de contacto” para propiciar el diálogo entre gobierno y oposición. El rechazo de los países al intervencionismo en un país soberano como Venezuela fue inflexible y no se logró acordar el pronunciamiento.

El mejor balance de las jornadas lo ofrecieron quienes vieron frustradas sus expectativas. Videgaray lamentó que en la decisión final hubieran pesado los pequeños países del caribe y Centroamérica. El representante estadounidense, Kevin Sullivan, había pronosticado el martes que el resultado de los debates determinaría la utilidad y eficacia de la organización. A confesión de partes, el encarnizamiento de Almagro en contra de Venezuela lleva rápidamente a la OEA a una inutilidad absoluta para la diplomacia continental.

Así lo reconoció la delegación venezolana. Delcy Rodriguez tomó la palabra para asegurar que “Venezuela no volverá a la OEA mientras sea un país libre y soberano”. En declaraciones recientes el presidente Nicolás Maduro completó el gesto asumido por la canciller al condicionar el regreso del país a la organización a la renuncia de su presidente Luis Almagro.

La denuncia de la delegación mexicana en Cancún se centró en el rol injerecista del organismo presidido por el uruguayo. Al tiempo que fue la cancillería venezolana la que le dio voz a familiares de desaparecidos que se acercaron a denunciar el Terrorismo de Estado en México.

Delcy Rodriguez recibió a los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en 2014. La canciller llevó este caso a la asamblea general de la OEA, junto a otras nueve propuestas sobre temas como los derechos de los migrantes y el muro que pretende construir Trump, la erradicación de bases militares y la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París. Todos las propuestas fueron rechazadas al tiempo que se reprimía a los padres de los normalistas desaparecidos en las puertas del Hotel Moon Palace, sede de las deliberaciones. Quienes sí pudieron manifestarse en el plenario de la asamblea fueron 10 representantes de la oposición venezolana que interrumpieron el debate con la aquiescencia de Luis Almagro.

Cuando la noche del miércoles cubrió al dispendioso mar caribe, Almagro y Videgaray tenían ante sí un fracaso más, con el color ceniciento de la frustración de los poderosos. Delcy Rodríguez se llevaba del suelo maya una victoria más grande de la que esperó, en el escenario internacional más adverso a la revolución bolivariana en décadas.

Mucho tuvo que ver ese mar de playas blancas en cuyas costas abrevan algunas de las naciones más pobres y relegadas del planeta. Venezuela se trajo el premio de su solidaridad incondicional y su apuesta de integración continental. Delcy Rodriguez volvió a su suelo patrio con otras cosas en mente. La OEA, Almagro y Videgaray son una cosa mínima ante la tarea que enfrenta la venezolana. Después de la cumbre dejó de ser canciller para asumir su responsabilidad como candidata al proceso constituyente donde su pueblo se juega el futuro, democráticamente. Una batalla sin Moon Palace y con mucha calle por delante.

Facundo Cruz, desde Ciudad de México.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas