Batalla de Ideas

6 junio, 2017

Mujeres públicas, mujeres políticas

Por Florencia Freijo. Con ciertas animosidades intencionales, los medios de comunicación han cuestionado al movimiento de mujeres por politizar el reclamo por #NiUnaMenos. Sigue muy arraigada la idea de que el ámbito de las mujeres es el privado.

Por Florencia Freijo*. Desde que la consigna #NiUnaMenos caló hondo hace dos años en Argentina, tuvo repercusiones en el mundo entero. Hasta el día de hoy, el movimiento de mujeres en nuestro país, enarbolado en múltiples pedidos, supo canalizar, formalizar y conquistar, en el ámbito de la discusión pública, un sinfín de demandas que han posicionado en la agenda política las problemáticas sociales desde la perspectiva de género.

Con ciertas animosidades intencionales, los medios de comunicación han cuestionado al movimiento por politizar el reclamo. Sigue muy arraigada la idea de que el ámbito de las mujeres es el privado (el doméstico y el de las relaciones intrapersonales). Por consiguiente, si la política es el ejercicio por la resolución de las demandas públicas, pedir que “dejen de pegarnos o matarnos”, debería ser un pedido que se resuelva como un duelo colectivo. Que al clamor de penas más duras, la problemática se resuelva en todo el peso del sistema penal recayendo sobre un individuo.

Sin embargo, si bien a partir del 2015 la indignación y ese duelo de darnos cuenta de que estábamos perdiendo a las pibas en la calle dio paso a que todos los colores del movimiento de mujeres se organizaran en un grito colectivo, la marea feminista creció hasta gestar un océano de voluntades. Entendíamos que la desigualdad es violencia, y que si estamos imbricados en un sistema que per sé no es distributivo y reproduce estructuras de dominación que tienen a las mujeres en posición de desventaja, debíamos unificar los reclamos y cuestionarlo todo.

De esa manera “El Estado es Responsable” comenzó a sonar fuerte, entendiendo que, en principio, la violencia de género se encuentra cuando en un país donde el femicidio se cobra a una víctima de manera creciente, no se dispone aún de estadísticas oficiales, reales y sólidas, que permitan analizar este fenómeno.

La paridad legislativa fue otra discusión que pusimos en agenda, ¿qué pasaba si ni siquiera al interior de los partidos se cumplía el cupo del 30% de paridad? Decidimos romper el “techo de cristal”, explicar que pedir representación femenina no necesariamente nos asegure políticas de género, pero sí genera a nivel simbólico la presencia de la mujer en la política, rompiendo con el imaginario en donde el ejercicio del Poder, se nos es negado. De esta manera presentamos proyectos para obtener la paridad del 50% y nuevamente volvimos a conquistar a la política pública.

Cuando ocurrió el femicidio de Lucía Pérez, en la ciudad de Mar del Plata, volvimos a organizarnos. Asambleas improvisadas que daban lugar a la denuncia de las connivencias policiales y a declarar que el negocio narco también se está llevando a nuestras mujeres. El concepto “feminicidio” nace justamente por los crímenes hacia mujeres en Ciudad de Juárez en manos de la antropóloga Marcela Lagarde, e interpelaba la relación entre el crimen narco, el cuerpo de las mujeres como arma de guerra o bien de intercambio y las complicidades estatales ¿Acaso entonces no debe ser político el movimiento de mujeres?

El 19 de octubre dijimos “si nuestra vida no vale, produzcan sin nosotras”, y decidimos dar un paso más en la lucha, logrando el primer paro de mujeres. Un paro que, además, denunciaba que todos los puntos exigidos al Estado en la primer marcha del 2015, no sólo no habían sido contemplados en agenda a ese día, sino que las políticas de ajuste económico dejaban a las mujeres (las grandes trabajadoras informales históricamente) en situación de desventaja dentro del hogar, y en la dinámica laboral.

Los reclamos siguieron incesantes, ante una Belén detenida en Tucumán por haber llegado a un hospital con un aborto espontáneo. Un caso en donde el debido proceso dejó a la luz el machismo judicial que se exacerba al interior de las provincias y que recae con más fuerza sobre las mujeres pobres. “A Belén la sacamos entre todas”, fue una victoriosa afirmación, luego de haber logrado que este caso llegara ante el mundo a los ojos de la CEDAW y Amnistía Internacional. Una vez más, lo personal fue político.

También denunciamos que la gobernadora María Eugenia Vidal no había aprobado el protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) promovido por el Ministerio de la Salud, poniendo en riesgo la salud de las mujeres (recordemos que el aborto es la principal causa de muerte en situación de gestación).

La presión más directa al Estado, sin duda, se dio cuando vieron que también “estamos atentas” a las cuestiones presupuestarias, y encontrábamos que el 80% del presupuesto para el Consejo Nacional de las Mujeres, iba destinado a la construcción de refugios (que no son preventivos, ni hablan de darle herramientas a la mujer para que no esté expuesta a la situación de violencia) y que además, había un faltante de 67 millones de pesos que, sumado al contexto inflacionario, dejaba muy chico el sostén para la ejecución de políticas públicas tendientes a la prevención y protección.

Que el movimiento de mujeres se posicione desde lo económico para hablar de desigualdad, está fundamentado en que sabemos que el “secreto” del éxito del capitalismo ha sido en negar sistemáticamente que sin nuestro trabajo (no remunerado, disfrazado de amor) no habría estructura productiva posible. La mujer en el hogar, al cuidado de la familia, permitía que las dinámicas sociales y culturales necesarias para garantizar esos niveles de producción fueran posibles. ¿Es entonces una salida a la situación de la violencia de género que la mujer esté inmersa en un sistema productivo?

La respuesta está justamente en el equilibrio de la dinámica que se debe dar de lo público y lo privado tanto en hombres como en mujeres. Pensemos nomás que, pese a que la mujer trabaja fuera del hogar, vuelve a su casa y trabaja entre tres a seis horas más que su par masculino. Claramente debe haber un cambio en la construcción social de la masculinidad, que acerque y comprometa al hombre en roles domésticos y del cuidado.

Político, ¿y qué?

Cuando el debate trasciende la dicotomía de lo público y lo privado, se habla de que la demanda ha tomado el curso de la estructura de partidos (“se partidizó”, dicen los genios del análisis político). Como si los embates partidarios, la política y lo público, no fueran la alquimia necesaria para traspasar las discusiones a los ámbitos de la decisión hegemónica, esa decisión que puede transcender en política pública.  Como si los gobiernos (desde la estructura de partidos) no fueran responsables de decidir los alcances del “Estado”, y poner a su disposición (o no) la estructura institucional necesaria para la resolución de las demandas.

¿No será que una vez más molesta ver a las mujeres en el espacio partidario y político, y que en el imaginario, incomoda vernos cuestionando todo lo establecido? ¿No es acaso político que las mujeres no estén representadas en ningún sindicato, no encabezando ninguno, y no formando parte de más del 10% del organigrama que detenta las decisiones? ¿Quién sino nosotras, como movimiento, para partidizar, y llevar a la esfera pública nuestras demandas, ante toda una estructura partidaria que nos desoye?

Si la política es el arte de detentar el poder, su distribución y sus ámbitos de influencia, entonces a las mujeres nos deben y nos debemos, hace años, ser parte de ese espacio de la toma de decisión, que dispone recursos y que nos legitima como un actor político de incidencia.

Sin duda queda pendiente el análisis a nivel global, de que así como en Argentina, las resistencias feministas colisionan en el resto del mundo con el surgimiento de gobiernos de corte neoliberal cuyas posiciones públicas y por consiguiente partidarias, ponen a la mujer como el sujeto/objeto fundamental dentro del hogar, y fuera de la esfera pública, para el ordenamiento de lo social/económico.

Mientras tanto, el desenlace es un océano de mujeres políticas y partidarias, que han decidido trabajar con perspectiva de género, con ideales feministas, y en lucha por la justicia social.

@Florfreijo

*Politóloga y militante feminista

Foto: Bárbara Leiva

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