Batalla de Ideas

6 junio, 2017

El Mercosur: una historia de autonomía o dependencia

Por Debora Fagaburu*. El resurgir de las ideas neoliberales están a la orden del día en la región. Es en este contexto que el diseño e implementación de las políticas públicas se constituye como una variable central a analizar en el proceso de integración regional del Mercosur.

Por Debora Fagaburu*. La fragilidad de la democracia brasileña, las protestas en Venezuela y el descontento de la población argentina ante la realidad económica nacional son solo algunos escenarios de la región latinoamericana que, de alguna manera, demuestran el resurgir de las ideas neoliberales. Es en este contexto que el diseño e implementación de las políticas públicas se constituye como una variable central a analizar en el proceso de integración regional del Mercosur.

Hacía 2003, Argentina y Brasil suscribieron el documento “Consenso de Buenos Aires”, hecho que impulsó la agenda social y política del Mercosur, que históricamente estuvo subsumida a la coordinación de políticas en el área comercial. Así, esa plataforma se transformó en un espacio de acumulación política para el «desarrollo con inclusión social», con un enfoque de ampliación de derechos.

“Click”: la cooperación de la Argentina

Con gobiernos de tinte populista, el Mercosur se redefinió desde la dimensión política y así nació un nuevo modelo de integración, en el cual las políticas sociales eran consideradas tan importantes como las económicas. El crecimiento con inclusión social fue eje central para el modelo de desarrollo argentino durante los últimos años. Y la integración con los países vecinos considerada un elemento fundamental para lograr beneficios colectivos: crecimiento económico, participación de la sociedad civil y desarrollo.

Con la llegada al gobierno de Mauricio Macri, las prioridades nacionales vinculadas a la inserción en el mundo, se manifestaron junto a un retroceso del crecimiento económico. El macrismo ha cambiado la forma en la que la Argentina se relaciona, priorizando los vínculos con: 1) los “países emergentes” -como China, a través de cooperación económica/comercial-; 2) potencias hegemónicas -Estados Unidos-; y, 3) países de renta baja -ejemplo de ello es la cooperación agroalimentario ofrecida a los países africanos-.

Es decir, el abanico de relaciones externas es amplio y se encuentra focalizado en la apertura del comercio internacional, en atraer inversiones e impulsar el mercado financiero. La agenda de integración es decisiva en este sentido, como parte de la política exterior nacional y a los fines del desarrollo socioeconómico de la región.

Dadas las implicancias que podrían acarrear estas medidas neoliberales para la economía argentina -y que ya están sucediendo-, resulta necesario dilucidar cuáles serían los efectos contracíclicos que se generarían si la región apuesta a la cooperación iberoamericana con visión estratégica.

En consonancia, y en vistas de la próxima Cumbre Iberoamericana (“Una Iberoamerica próspera, inclusiva y sostenible”) a celebrarse en noviembre de 2018 en Guatemala, la cooperación regional es entendida como una herramienta fundamental para fortalecer los procesos de integración de la región, como el Mercosur.

Se trata de un modelo solidario y horizontal basado en el diálogo político intergubernamental, que se manifiesta, como afirma la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), “en la cooperación técnica (intercambio de buenas prácticas, creación de redes, participación en el diálogo político con quienes toman las decisiones, formación) y la cooperación financiera para dar más y mejor respuesta a las necesidades de la ciudadanía iberoamericana”.

Es un juego de ajedréz

La doctora Mariana Vázquez, ex coordinadora de la Unidad de Apoyo a la Participación Social del Mercosur (UPS), afirmó que las dinámicas de restauración del orden neoliberal quedaron en evidencia en junio de 2012, cuando se produjo el golpe parlamentario en Paraguay y el país quedó suspendido del bloque regional. Ello constituyó un golpe al proceso de integración tanto como a la democracia paraguaya. El modelo de desarrollo económico estaba en disputa.

El modelo Mercosur autonómico se encuentra hoy casi en el olvido. El intergubernamentalismo con el que históricamente ha funcionado el bloque, se puede percibir como un claro obstáculo para sortear los desafíos que presenta la coyuntura regional.

Al respecto, el vicepresidente del Parlamento del Mercosur, Jorge Taiana, planteó que ello ha contribuido a un mejor conocimiento entre las burocracias estatales pero se ha amalgamado y transformado en un obstáculo para que el bloque avance hacia instancias supranacionales. Paralelamente, afirmó que otra limitación para el desarrollo político del Mercosur es el hecho de responder a las realidades inmediatas y la dificultad de diseñar políticas a largo plazo: de esta manera, la integración productiva se hace casi imposible.

El giro político regional sobre la noción de integración vacía de contenido la cuestión social: la agenda comercial en auge destituye otras. En definitiva, el Mercosur se comenzó a perfilar como un proceso de integración y desarrollo productivo dependiente, ya no solo de los caprichos de la economía hegemónica sino también de la “lluvia de inversiones”. Estas preocupaciones quedaron patentes durante los debates desarrollados en la reciente Jornada “La agenda política y social del Mercosur: visibilizando logros y planteando desafíos en el contexto del cambio de ciclo en la región”, organizada por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

La integración regional es imprescindible si queremos tener sociedades que tengan algún grado de autonomía frente a los poderes hegemónicos, y frente a la acumulación salvaje del capital. El Sur debería sumar voces y aferrarse a lo construido, pero con la perspicacia que reclama un juego estratégico. La cooperación en Iberoamérica se vuelve crucial en ello.

* Maestranda en Cooperación Internacional en la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), investigadora en el Departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Quilmes (DEyA -UNQ) y de “UNQolectivo de Investigación Crítico”

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