Cultura

4 mayo, 2017

Love: ciegos y con miedo

Cualquiera que mire un capítulo de la serie que ya tiene dos temporadas en Netflix, comprenderá que hay una historia bien contada. Se trata de obviar el cartel de presentación -¿quién puede ver una serie con un nombre tan bobo como “Love”?- y dejarse llevar por personajes a la deriva que buscan ser felices en tiempos de Uber y Whatsapp.

¿Quién puede ver una serie con un nombre tan bobo como “Love”? En este caso, el minimalismo del título es un prejuicio. Cualquiera que mire un capítulo de la serie que ya tiene dos temporadas en Netflix, comprenderá que hay una historia bien contada. Se trata de obviar el cartel de presentación y dejarse llevar por personajes a la deriva que buscan ser felices en tiempos de Uber y Whatsapp.

Cualquier intento de explicar el amor es parcial. La experiencia de enamorarse involucra tantas variables como parejas existen en el mundo. Love, la serie creada por el renombrado guionista de hollywood Judd Apatow (Virgen a los 40; La Boda de Mi Mejor Amigo), es una comedia que hace foco en las relaciones amorosas de la Generación X, una franja que va de los 30 a los 41 años.

Personajes que no quieren madurar y reivindican valores de la infancia como la satisfacción inmediata y la diversión. En un universo clase media estadounidense, con trabajos part-time o que denotan poca responsabilidad, carente de vínculos familiares fuertes, la serie muestra la dificultad de relacionarse de estos kidults (niños-adultos), vulnerables y un poco superficiales.

Love es  un gran retrato ácido e irónico de estos Peter Panes. Centrada en la pareja principal de la neurótica e insegura Mickey Dobbs (Gillian Jacobs) y  el nerd condescendiente Gus Cruikshank (Paul Rust) la serie se ramifica en una tribu de freaks con características particulares, muy bien logrados, que  generan empatía con el espectador.

Los capítulos cortos de media hora de duración hacen que el ritmo difícilmente decaiga debido a los buenos guiones que se apuntalan en diálogos precisos, delirantes y en ocasiones muy graciosos. Tanto Apatow como Rust (que co-escribió la serie) demuestran un gran manejo del timing y saben llevar el guión a lugares creíbles que se configuran como ridículos o  viceversa; desde un viaje con hongos alucinógenos hasta un día de shopping.

Love muestra un mundo en que es imposible tener una relación sin un celular. Las redes sociales juegan un papel tan escencial como los protagonistas. Los personajes se ubican por Instagram, tienen cuenta de Uber, y dudan a la hora de mandar un mensaje por Whatsapp. Sus debilidades y egoísmos están a punto de estallar todo el tiempo. Son caprichosos, gritan, cambian de planes a cada segundo, se empachan de golosinas cuando están deprimidos, cogen con sus jefes para evitar ser echados del trabajo y parecen librados al puro presente.

A la excelente química de la pareja principal cabe destacar el trabajo impecable de los actores secundarios, similar a lo que ocurre en comedias clásicas como Seinfeld, que evitan cualquier fisura en el desarrollo de las historias. En especial el trabajo de Claudia O’Doherty como Bertie, la bizarra  compañera de casa de Mickey y Randy (Mike Mitchell) uno de los amigos “raros” de Gus.

El amor es ciego. Al menos eso dice el viejo adagio, el más usado para hablar de las idas y vueltas de Cupido, con una connotación negativa, de irracionalidad y locura. Love invierte esa relación. La irracionalidad se convierte en algo positivo. De alguna manera los personajes avanzan en la ceguera de tantear al otro, en la ceguera y el miedo de conocer al otro y darse a conocer, pero también en la ansiedad de mandar un emoji y esperar su devolución. En definitiva, Love es una historia de amor. Con un título tonto, si. Pero igual de tonto que amar a alguien.

Mariano Cervini – @marianocervini

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