América Latina

3 mayo, 2017

Venezuela y la reivindicación de la democracia

Por Lucas Villasenin. Como pocas veces en su historia Venezuela vuelve a estar en el centro de la escena mundial. Las acusaciones que reniegan del carácter profundamente democrático de la revolución bolivariana demuestran un nivel de cinismo e ignorancia sin precedentes de los montajes mediáticos internacionales.

Por Lucas Villasenin. Como pocas veces en su historia Venezuela vuelve a estar en el centro de la escena mundial. Las acusaciones que reniegan del carácter profundamente democrático de la revolución bolivariana demuestran un nivel de cinismo e ignorancia sin precedentes de los montajes mediáticos internacionales.

No fue un golpe. Fue insurrección.

El cuestionamiento de las credenciales democráticas del chavismo tienen su origen el mismo día que su líder Hugo Chávez se dio a conocer a todo el país. Aquél 4 de febrero de 1992 un grupo de jóvenes militares llevó adelante una rebelión contra el presidente Carlos Andrés Pérez.

El entonces mandatario pocos días después de asumir había implementado el llamado «paquetazo» a pedido del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La respuesta fue un gran estallido social que culminó con una masacre con pocos precedentes en la historia reciente del continente. Si bien las cifras oficiales determinaban que hubo 276 muertes, las investigaciones estiman que habrían llegado a ser entre 3 mil y 5 mil. La crueldad neoliberal llevaba a la creación de fosas comunes en Caracas.

Ninguno de los retractores de Chávez jamás reconoció el carácter de la rebelión militar de 1992 que nada tenía que ver con un golpe de Estado como los que habían existido previamente en el continente. Si bien en ese momento predominó la confusión, ya pasaron 25 años y los documentos del movimiento bolivariano muestran el carácter profundamente democrático de aquella insurrección derrotada.

El movimiento bolivariano tenía el objetivo político explícito en sus documentos de convocar a un Consejo General Presidencial compuesto por civiles y militares que designara un nuevo presidente provisional hasta que se convoque de inmediato a una Asamblea Constituyente. La creación de una democracia que cuestione el sistema político elitista era evidente. Podrán discutirse los métodos, pero jamás los golpes de Estado hablaron de crear democracias con mayor protagonismo ciudadano como aquí se proponía.

La democracia es revolucionaria

Aquella Asamblea Constituyente que propuso el movimiento bolivariano en 1992 se concretaría con la llegada de Chávez al gobierno en 1999. El proceso constituyente es un modelo histórico en la garantía de derechos sociales, la defensa de la independencia del país y la determinación del pueblo como el verdadero depositario de la soberanía. En Venezuela la fuente de la soberanía está proclamada directamente en el pueblo y su capacidad de gobierno, ya no estrictamente a través de sus representantes.

La transformación que se estaba dando en Venezuela vendría de la mano de la catástrofe política de quienes habían sido parte del bipartidismo conservador que había devenido en neoliberal. Sus partidos habían prácticamente desaparecido por la desafiliación popular, sus dirigentes tenían un carácter anacrónico y sus propuestas eran mayoritariamente rechazadas. El chavismo como movimiento político construyó hegemonía y dio cauce a un proceso de democratización de la vida social con pocos precedentes en la historia.

Reflexionando sobre lo que sucedía en el país el 5 de enero de 2006 Chávez aclaraba: «Hemos hablado de la democracia revolucionaria, no es esta una revolución democrática, no; no es lo mismo hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno como el caballo, es revolución, ¡ah!, pero es democrática, es un freno conservador; el otro es libertador, es como un disparo, es como un caballo sin frenos. Democracia revolucionaria, democracia para la revolución».

La democracia no era así una etiqueta para ponerle a los cambios históricos sino una herramienta transformar el país. Eso se expresaba en el carácter que se le había dado al proceso constitucional de 1999. No se trató de un cambio en algunos párrafos o artículos. Fue realmente un proceso de refundación histórico de Venezuela.

Los filósofos españoles Luis Alegre Zahonero y Carlos Fenández Liria en su libro Comprender Venezuela, pensar la democracia hicieron un excelente análisis de cómo la masiva participación ciudadana hubiera maravillado a los más reconocidos teóricos de la Ilustración. Ellos teorizaron cómo esa democracia revolucionaria era la principal herramienta para terminar con el capitalismo. Y sostenían: «No sólo la izquierda, la humanidad entera debería estar boquiabierta y expectante frente al del proceso bolivariano en Venezuela. Lo que se está celebrando en Venezuela es la fiesta del Estado de derecho».

El poder del pueblo o el de las élites

La propuesta de Chávez, sintetizada en su última conferencia de ministros publicada como testamento político con el nombre de Golpe de Timón, es clara. Si en el siglo XX el horizonte socialista estaba reñido con la democracia, el socialismo del siglo XXI sólo podía alcanzarse radicalizando la democracia. «Una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros a no imponer, sino a convencer», sentenciaba el presidente venezolano.

Este proyecto histórico lejos de cualquier utopía autoritaria de nuevas élites vestidas de rojo proclamaba que la democracia es el eje rector de cualquier transformación que debiera llevarse adelante. Por eso, la principal herramienta política sería librar una profunda batalla por convencer y no por perseguir y masacrar rebeliones como hicieran los gobiernos neoliberales en el pasado.

Aquel golpe de timón que proponía Chávez consistía en focalizar la construcción de un Estado más democrático y con mayor participación de la ciudadanía en las decisiones estratégicas. El instrumento principal para construirlo que ahí se proponen son las comunas como un paso progresivo para consolidar el poder del pueblo.

Con la convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente en Venezuela por parte de su presidente Nicolás Maduro se continua por este camino. Luego de cuatro años de una guerra declarada por la contra-revolución y con una oposición que pedía hipócritamente una constituyente hasta hace pocos meses, la revolución bolivariana reaviva a la democracia revolucionaria.

Socialismo, poder popular y democracia se transforman nuevamente en sinónimos que construyen un proyecto histórico que en Venezuela genera esperanza para la humanidad. El pueblo venezolano tendrá la palabra.

@villaseninl

Foto: Agencia Venezolana de Noticias

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