Nacionales

23 abril, 2017

«El modelo energético apunta a más privatización y extranjerización»

Entrevista a Ramón Gómez Medero, integrante del Observatorio Geopolítico de la Energía y la Soberanía de la FETERA sobre las políticas del gobierno de Cambiemos hacia las energías renovables. Una tendencia creciente a la privatización y la extranjerización energética detrás de un discurso «verde».

Desde el programa «Con el pie izquierdo» (Radio Sur 88.3), dialogaron con Ramón Gómez Medero, integrante del Observatorio Geopolítico de la Energía y la Soberanía de la Federación de Trabajadores de la Energia (FETERA) y secretario adjunto de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en San Juan, acerca de los avances que, según el gobierno, se han logrado en cuanto a incorporación de energías renovables a la matriz energética del país.

– ¿Qué nos podés contar acerca de la política oficial en lo que hace a energías renovables?

– Lo primero que hay que decir es que ningún proceso histórico parte de cero. Todos, inclusive en términos del modelo de acumulación capitalista en la región, siempre aparecen desde una decantación de otro proceso que viene de antes. No es que aparece algo y se quiebra todo lo anterior, como popularmente se dice, sino que decanta de otro proceso anterior y va construyendo una política en términos estratégicos, a partir de los intereses de las clases que dominan el Estado. En este caso, la clase capitalista dominante es la que obviamente va a defender sus intereses en contra de los intereses de la población en general y de los trabajadores en particular.

En ese sentido el Plan sobre Energías Renovables en la Argentina nace en 2006, con el kirchnerismo. En principio ese plan se llamó Generación Renovable (GenRe) y lo que establecía era una perspectiva en términos de construcción de energías renovables que podía y debía, inclusive había afirmaciones, como siempre se hacen en los actos políticos, aportar el 8% de la energía general de la matriz de generación en la Argentina que se vuelca al Mercado Energético Mayorista (MEM). Eso implica unos 2000 megavatios. Se hacía con contratos a 15 años, con valores cotizados en dólares…

Para 2010, en el marco de la ley 26.190, ya se habían presentado 32 iniciativas, lo que cubría más o menos 900 Mw. En teoría, esos 900 Mw iban a generar una inversión de 2 mil millones de dólares. Una de las prioridades de la ley 26.190 era que las energías renovables iban a ser prioridad y foco en la utilización no solamente de material producido en la Argentina, con valor agregado, sino que además estaba en torno de un plan de cualificación técnica de mano de obra. O sea que eso tenía que darse con las universidades, las escuelas técnicas, etc.

De esas 32 iniciativas que iban a generar 900 Mw solamente se habían aportado a final de 2015 138 Mw. Una gran diferencia.

– ¿Y qué hizo el nuevo gobierno sobre ese plan de energías renovables preexistente?

– Hoy estamos en un momento en el que el plan GenRe pasó a llamarse RenovAr (Plan de Energías Renovables) y está pretendiendo hacer cumplir la 26.190 pero en un contexto cada vez más extranjerizador de la economía y cada vez más extranjerizador de la energía. La energía no está fuera de los ámbitos de la economía, está completamente conectada, no solamente en términos económicos de la construcción de herramientas de generación de energías renovables sino también en términos del consumo. Porque acá siempre se habla del problema de la matriz de producción energética pero no se habla de la matriz de consumo. Siempre se dice que el MEM está dividido en los usuarios, la industria, el agro y todo lo demás, cada una de las partes de la sociedad tiene una parte de la distribución de ese tipo de energía. Pero hay que decir que en la actualidad ese tipo de modelo energético no es democrático y está completamente extranjerizado además de privatizado.

– Para hablar del gobierno actual y de sus anuncios acerca de las inversiones en energía renovable… ¿No nos conviene igual, a pesar de que detrás de todo este discurso verde haya negocios e inversiones extranjeras, que empiece a cambiar la matriz energética y vaya dejando de depender de los hidrocarburos?

– La disponibilidad fósil viene en una espiral descendente, pero no de ahora sino desde la década del 70. La llamada curva de Hubbert estableció en términos de perspectiva estratégica una cota y un amesetamiento de la producción de petróleo a partir del consumo y de la producción que iba a decantar. Eso es exactamente lo que pasó y está pasando. Ahora, nosotros no tenemos que discutir si ante la decadencia de la energía fósil tenemos que generar energía a cualquier precio, de cualquier manera. Si así fuera me parece que estamos errándole.

Los proyectos actuales son 105. De esos, hay emprendimientos de energía solar y energía eólica a partir de la concepción inicial de la producción de energías renovables de manera democrática y con mano de obra y componentes locales. Mendoza, por ejemplo, tiene bastante avanzada la técnica de la construcción de paneles voltaicos y de generadores de energía solar. De esos seis proyectos que presentó Mendoza, el 87% tenía componentes locales, o sea que iba en línea con lo que decía la ley acerca de que tenía que haber componentes locales y además valor agregado. No ganó ninguno de esos proyectos. Se entregaron a empresas extranjeras, alemanas, chinas o españolas, que contemplaban una participación del 0,5% de componentes locales. Teniendo en cuenta los 105 proyectos en general se alcanza apenas el 20% de elementos locales.

– ¿Cuáles son los factores que hay que contemplar para analizar la matriz energética?

– Yo divido la problemática en tres partes. La primera es que hay una fuerte política y una fuerte concepción de privatización y extranjerización de los bienes naturales. O sea, privatizar el aire, el agua y todo tipo de elementos que generen determinados tipos de energía. El segundo momento es que hay una visión antidemocrática de la construcción de la energía porque no hay ninguna consulta con las poblaciones. Un ejemplo en otro país: hoy las comunidades originarias en Oaxaca, México, están peleando contra los parques eólicos porque destruyen todo el clima natural de ese lugar y porque no les han consultado.

Las poblaciones tienen que ser consultadas porque, por ejemplo, el impacto de la energía calorovoltaica, que es distinto de la fotovoltaica, es muy grande sobre la diversidad y puede llegar a crear cambios climáticos que tienen incidencia sobre las economías locales.

El tercer punto es ¿para qué yo voy a crear una matriz energética determinada, que por supuesto yo estoy totalmente de acuerdo con que tiene que ser diversificada, si el que va a consumir la energía la va a consumir para ampliar su frontera energética fuera de su propio país, que es lo que está ocurriendo con Estados Unidos? Porque Estados Unidos tiene el 13,2% de la producción mundial de petróleo, después de Arabia Saudita. Pero si nos ponemos a ver, Estados Unidos lo tiene porque todos sus pozos petroleros están fuera de los Estados Unidos. Eso es lo que hay que discutir. La matriz energética argentina no puede estar construida sobre la base del megaconsumo de las empresas extranjeras que se asientan hoy en Argentina.

– ¿Entonces la política del gobierno nacional sobre energías renovables demuestra que le importan sólo los negocios y no la energía renovable?

– Por supuesto. Le importa eso nada más.

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