Batalla de Ideas

11 abril, 2017

Un modelo que cierra con palos

Por Juan Manuel Erazo. Hay malestar y no sobra la paciencia. Hasta los más optimistas creen que el gobierno debería repensar sus estrategias. Pero ya lo dijo el presidente, y en inglés para que se entienda: “No hay plan B”. Y cada día Cambiemos demuestra que el Plan A solo cierra con palos.

Por Juan Manuel Erazo. Los brotes verdes se secaron o no florecen más. La economía no despega. El salario no para de licuarse en una enorme maquinaria de precios que cada día suben un poquito más. Hay malestar y no sobra la paciencia. Hasta los más optimistas creen que el gobierno debería repensar sus estrategias. Pero ya lo dijo el presidente, y en inglés para que se entienda: “No hay plan B”. Y cada día Cambiemos demuestra que el Plan A solo cierra con palos.

Argentina se abrió al mundo, pero el mundo está en otra. Trump prueba el consenso bélico mundial (y de su propio país) lanzando más de 50 misiles a bases militares en Siria. África se desangra. China se resguarda. Rusia se muestra. Europa se ensimisma en candidatos de derecha, ultra derecha, alternativas por izquierda. Los capitales van y vienen, pero nada cae por estos pagos.

Las guerras parecieran ya no ser por la expansión del capitalismo, sino por quién se queda con los escasos recursos que nos quedan. La humanidad consume cientos de mundos al año y ya se envalentonan las élites que sostienen casi sin descaro que en la Tierra sobra población.

En América Latina la ofensiva neoliberal no hace pie. Protestas en Brasil, crisis política en Paraguay, derrota de la derecha en Ecuador. En Venezuela el intervencionismo norteamericano y la guerra económica, paramilitar, mediática y diplomática implementada por la derecha no tiene parangón. Algunas caretas van cayendo y todo se vuelve más obsceno, más denso, más turbio.

Pobreza mucha, diálogo cero

En este contexto se mueve el macrismo. Y sí, podemos hablar de macrismo. Porque nos referimos a una forma de hacer política, a una base social (peligrosa y escalofriante) y a un proyecto de país sostenido por sectores económicos fuertes. Este macrismo enfrenta un desgaste que no ha sufrido desde el comienzo de su gestión tras un marzo de varias y multitudinarias manifestaciones y un paro nacional con alto nivel de acatamiento.

Los grandes grupos económicos aspiran a la concreción de un bipartidismo conservador que parece no consolidarse, ya que para lograrlo necesita el desmantelamiento casi total de las organizaciones populares (ya sean políticas, sociales o sindicales) y la reestructuración de un sistema político subordinado a los intereses de unos pocos. Dentro del bipartidismo conservador puede haber Plan B para el establishment, puede ser Sergio Massa o cualquier figurón del PJ inflado a base de cámaras y tinta.

Ahora bien, fuera del bipartidismo conservador no hay Plan B. Y cada momento que la organización popular no cae, cada mes que la economía no despega sobre los carriles del neoliberalismo, el plan se va desgastando. Y es ahí cuando los posibles aliados comienzan a titubear, y el mismísimo Frente Renovador, y Clarín, y La Nación empiezan a soltarle la mano al gobierno.

Por lo pronto hay que volver a la retaguardia: la polarización. Misiles a las estructuras sindicales (incluso esas que no tendrían muchos problemas en sentarse a negociar), a la militancia, al micro, al choripán, al vino, a las mujeres, a los comedores, a los trabajadores de la economía popular, a las maestras. Y ojala los misiles fueran solo tuit y discursos. Hablamos de palos, gases, balas de goma, hidrantes, detenciones, incluso torturas.

Hipótesis de conflictividad

Durante el año pasado la militancia popular barajó distintas hipótesis sobre la conflictividad. Estaban quienes creían que Macri se subiría a un helicóptero, quizá en noviembre, quizá en diciembre. Eso no pasó, ni las charlas abiertas en plazas lo lograron, ni el kirchnerismo jugó un rol protagónico. Otros, como la cúpula de la CGT se excedieron de prudentes al punto de no leer los malestares que circulaban por abajo y llamar a un paro general luego de tantas laceraciones producidas al movimiento obrero.

Otras organizaciones sociales, políticas y sindicales jugaron una estrategia media, prudente pero contundente: el empantanamiento sobre cada avance que el macrismo pretendía realizar ante las conquistas logradas previamente por el campo popular. En este contexto se enmarcaron la Marcha Federal, las movilizaciones por la Ley de Emergencia Social, incluso el Paro de Mujeres que evidenciaba el deterioro de políticas que prevengan y combatan la violencia de género.

Esta hipótesis tenía una razón de ser: el gobierno necesitaba hacer pie, incluso aspirando a sostener una imagen positiva de cara a las legislativas de este año, y las organizaciones populares debían mostrar y sostener musculatura ante un clima de muchos nubarrones y tempestad. Los enemigos delimitaron las trincheras, pero eso no iba a durar mucho. Esta hipótesis de conflictividad hoy entra en tensión ante un nuevo avance del macrismo sobre la organización popular.

La disputa docente juega un rol central ya que es testigo en todos los sentidos. Cuando a comienzos del 2015 la misma Cristina Fernández le ponía los puntos a las pretensiones salariales docentes, evidenciaba que los vientos de cola perfilaban para otro lado y ya no había caja para contentar por arriba y abajo. Ese viento hoy se intensifica y arremete, casi un mes de conflicto donde el gobierno polariza, hostiga, no dialoga e incluso reprime. Esos son los planes de Cambiemos, y la resistencia casi heroica de los docentes es la postal que deja a las claras que a organización de los y las trabajadoras de Argentina lejos está de haber sido derrotada.

El atolladero

Queda claro que en este 2017 turbio e intenso que se avecina, toda predicción camina sobre un intenso hilo de rigor. Pero hay una sensación -y quizás eso nomas- de que las cartas ya están en juego. Si el gobierno tiene un As bajo la manga, es extraño que aún no lo haya mostrado. Hoy el macrismo es preso de un gradualismo falso y su propia incapacidad para imaginar una solución innovadora a la crisis. ¿Es real que con los palos solo le habla a su núcleo duro? ¿A quién más le estará hablando? ¿Será solo un gesto hacia un sector o el ensayo de un nuevo escenario de intensidad represiva? La incógnita está abierta.

La organización popular no podrá quedarse inmóvil para conocer manso el desenlace. También se han mostrado las cartas. Las urnas están cerca y parece no existir lista ni figura que pueda capitalizar la inmensa heterogeneidad que implica el antimacrismo en la Argentina actual. Eso no significa que no deba hacer la tarea: resistir la intensidad de los embates del Gobierno e ir consolidando una alternativa política que condense en sí misma una multiplicidad de demandas, fragmentos de clase, inclusión, exclusión que transformen a la resistencia en avance concreto. Un avance concreto en un continente inestable y en un mundo intranquilo.

@JuanchiVasco

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