Derechos Humanos

28 marzo, 2017

Casa «Nono» Lizaso, un Espacio de la Memoria que refleja la militancia de los 70

En el partido bonaerense de Vicente López, a sólo 20 cuadras de la General Paz, se emplaza la Casa de la Memoria y Resistencia Jorge “Nono” Lisazo, una Unidad Básica de la década de 1970 que conserva en su interior las marcas de la militancia de la zona norte del conurbano.

La noche del 23 de marzo cientos de integrantes de movimientos sociales, partidos políticos y organismos de derechos humanos salieron a empapelar las calles con siluetas que representan a los 30 mil desaparecidos de la última dictadura militar. Como desde hace más de 34 años, el “siluetazo” se constituye en una herramienta de la memoria del pueblo para aportar a la lucha por memoria, verdad y justicia. En Vicente López diversas organizaciones participaron de la actividad pero el punto de encuentro fue uno solo, la Casa de la Memoria y Resistencia Jorge “Nono” Lisazo, el único Espacio de la Memoria del partido. La historia de militancia y organización popular de esa casa está atravesada por la del territorio en que se emplaza.

En los años 70, el territorio bonaerense en que se cruzan el norte y el oeste del conurbano era netamente fabril, en él confluían grandes establecimientos y talleres medianos y pequeños de ramas productivas que abarcaban desde la industria textil hasta la metalúrgica y la petroquímica. Antes de que los dos grandes ciclos neoliberales que se dieron en Argentina destruyeran el perfil industrial del país, los barrios del conurbano se formaron alrededor del trabajo que conglomeraba gente en las inmediaciones de la ciudad de Buenos Aires.

nonolizaso_1rrEn la zona oeste de Vicente López, en el barrio de Munro, funcionó uno de los espacios en que esa masa de trabajadores se organizó políticamente, debatió ideas, pensó un proyecto de país y lo puso en acción a través de la militancia. En el edificio en el que en los 70 funcionaba la Unidad Básica Combatientes Peronistas hoy se encuentra la Casa de la Memoria Jorge “Nono” Lizaso.

La casa se inauguró como espacio de militancia de la Juventud Peronista (JP) en 1972, en el marco del “Luche y Vuelve” y la campaña presidencial de Héctor Cámpora. Jorge “Nono” Lizaso, hijo de una familia de históricos luchadores peronistas de la zona, quedó al frente de esa Unidad Básica junto a su compañera, “la China” María del Carmen Núñez.

En 1946 el padre de Jorge, Pedro Lizaso, fue el primer intendente peronista de Vicente López y su hermano Carlos fue uno de los fusilados de José León Suárez en 1956. La Unidad Básica reunía día a día a decenas de jóvenes para discutir política y organizar la acción militante en la zona noroeste del conurbano. La acción política estaba destinada principalmente a los trabajadores: viejos militantes de la zona aún recuerdan las volanteadas a las seis y media de la mañana en la esquina de Ader y Vélez Sarsfield, paso obligado de los obreros que iban hacia los talleres de la zona oeste de Vicente López y este de San Martín. “Los militantes eran todos muy jóvenes, al punto de que a Jorge Lizaso le dicen ‘el nono’ porque era el referente de más edad pero en el momento en que se abre la casa tenía menos de 40 años”, relata Mario Niemal, integrante actual de la organización que lleva adelante el funcionamiento de la Casa de la Memoria.

No faltaron intimidaciones en la historia de la Unidad Básica, cuya fachada fue baleada en más de una oportunidad. La persecución por parte de la Triple A, una seguidilla de allanamientos, el paso a la clandestinidad y el asesinato o desaparición de decenas de militantes forzaron su cierre en el año 1975.

En abril de 1976 fueron desaparecidos y asesinados 25 integrantes de la columna norte de Montoneros, entre ellos el «Nono» Lizaso. Su compañera María del Carmen cayó en otro operativo y también integra la lista de desaparecidos por la dictadura cívico-militar.

A partir del cierre el edificio se mantuvo siempre tapiado y fue incorporado a un lote de bienes apropiados por la dictadura que fueron subastados. Su comprador fue una persona cercana a las Fuerzas Armadas que nunca lo utilizó y lo conservó intacto y vacío.

En 1998 le colocaron un cartel de venta y esto movilizó a un grupo de vecinos y militantes que decidieron ocuparlo para recuperarlo como espacio de memoria. Luego de una ardua batalla, que incluyó un intento de demolición, amenazas por parte de una patota armada enviada por los propietarios ilegítimos, una medida de no innovar dictada por la justicia provincial y una ley provincial para la expropiación, el espacio fue recuperado, refaccionado y abierto al público.

“En esta casa se pensó, se luchó, se soñó con la Justicia Social. Fue declarada monumento histórico, definitivamente incorporada al patrimonio histórico cultural de la Provincia de Buenos Aires por el decreto 4317 del ’98-’99. 5 de agosto del ’99”, puede leerse en una placa de bronce en el interior. Las paredes perfectamente conservadas transportan a los visitantes a los años 70 con pintadas, carteles, recuerdos de compañeros caídos. “Evita. Vive en la memoria del pueblo” puede leerse en uno de los afiches, otros convocan al recibimiento de Perón en Ezeiza.

Las paredes de la Casa «Nono» Lizaso le hablan a quien las mire y trazan la línea de cómo se vivía la militancia en los 70. “El trabajo de refacción fue especialmente complejo, trabajó el mismo equipo de arquitectos que proyectó la recuperación de la ESMA. A nivel estructural sólo se hicieron obras de impermeabilización y apuntalamiento, también se mejoró la fachada, pero la mayor parte del trabajo fue recuperar las inscripciones, pintadas y afiches que cubren las paredes. Fue un trabajo de restauración que permitió que la casa mantenga su impronta militante”, cuenta Mario a Notas.

Hoy la Casa participa de las acciones por memoria, verdad y justicia que se llevan adelante en Vicente López. En marzo de cada año organiza el «siluetazo» en conmemoración de los desaparecidos junto a diversas organizaciones del municipio. Durante el resto del año recibe a colegios y clubes de la zona para dar visitas guiadas, convoca a familiares y sobrevivientes de la represión clandestina para dar charlas, organiza ciclos de cine-debate y recitales. Luego de largos años de estar tapiada y en manos de los perpetradores del horror hoy la Casa «Nono» Lizaso es finalmente un lugar destinado a la memoria y la celebración de la militancia popular.

Ignacio Ferrari

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