Batalla de Ideas

28 marzo, 2017

Belén libre: un triunfo que da aliento

Por Fernanda Fernández, desde Tucumán. Ella está libre y es tan responsable de su libertad como cada una de nosotras porque necesitamos de su fortaleza para llevar este caso adelante y pusimos toda nuestra energía en la cancha para que lo logre cuanto antes. Ella somos nosotras, todas somos Belén.

Por Fernanda Fernández, desde Tucumán. Me resuena en la cabeza “ella está libre”. Está absuelta, libre de culpa y cargo y yo solo puedo pensar que está libre, que es libre. «Al fin puede buscar laburo”. Lejos van a quedar los días ya donde esa Mesa se reunía a buscar consensos, a pactar estrategias que nos sumen para conseguir paso a paso, puerta a puerta, marcha a marcha, su libertad.

Ella está libre y es tan responsable de su libertad como cada una de nosotras porque necesitamos de su fortaleza para llevar este caso adelante y pusimos toda nuestra energía en la cancha para que lo logre cuanto antes. Ella somos nosotras, todas somos Belén.

Si nos preguntaran qué sentimos podría hablar por todas mis compañeras cuando digo que aparte de felicidad, la resolución de la Corte Provincial nos tomó por sorpresa. Más cuando el martes pasado, al ingresar a la vocalía para preguntar sobre el estado de la causa, nos habían dado más incertidumbres que respuestas, diciéndonos que todavía no se sabía nada. Muchas veces nos contuvimos la bronca y el malestar que nos generaban las respuestas de este tipo, como cuando ese 16 de agosto nos dijeron que la dejaban libre y tardaron más de dos días en hacer efectiva su salida de la cárcel, cada vez que nos comíamos la bronca nota tras nota de los medios hegemónicos de la provincia y de la Nación que apoyados por los sectores fundamentalistas de la Iglesia, le tiraban la carga de los estereotipos de género encima, contra los cuales peleamos hasta el día de hoy cuando vemos los titulares sobre su absolución. La prensa alternativa y popular nos cubre a las feministas.

Lo que le paso a Belén le podría pasar a cualquier mujer que depende del Estado para garantizar sus derechos. El fallo que condenó en su momento a Belén no sólo fue patriarcal y misógino sino que por sobre todas las cosas fue clasista. Fue una sentencia condenatoria con doble opresión, clase y género, y su absolución viene a desnudar aquellas violencias generadas por la desigualdad social, la selectividad del derecho penal y las realidades de las mujeres del campo popular en cuanto se acceso a los derechos sexuales y reproductivos.

Este fallo nos viene a dar aliento, en una provincia donde la agenda política la marcan los sectores más reaccionarios de la iglesia, donde hace más de 13 años esperamos la adhesión a la ley de Salud Sexual y Procreación Responsable, donde cada Interrupción Legal del Embarazo se pelea y la Educación Sexual Integral es un sueño. Porque si hubo una Belén presa es porque hay un Torquemada encendiendo piras en cada institución, en cada hospital, en cada comisaría, en las escuelas, en los medios de comunicación y también en la Justicia. Este triunfo se vuelve increíble después de que durante estas semanas hayamos visto cómo en la provincia y a lo largo del país se encendían hogueras y comenzaban las cacerías, algunas cibernéticas, otras de la mano de la fuerza policial y otras acompañadas de declaraciones de funcionarios que tenían más parecido a un cura de misa dominical que a una persona que ocupa algún cargo público estatal.

La absolución de Belén llega en un momento clave, en un momento que no puede entenderse más que como un triunfo global. Que se inscribe en una realidad nacional de un avance neoliberal y de restauración conservadora que intenta avasallar hasta nuestros derechos adquiridos y en un contexto internacional donde nosotras somos las protagonistas, donde se habla de una cuarta ola feminista que nos encuentra más hermanas que nunca. No estamos solas, estamos sororas.

Esta lucha como otras que dieron aquellas que sentaron nuestras bases no sólo nos deja este triunfo sino que nos enseña de compromiso, perseverancia, militancia y, sobre todo, compañerismo y unidad. El movimiento de mujeres ha sabido entender que el enemigo es uno sólo, y que necesitamos pelear en unidad para ganar, para conquistar nuestros derechos.

Sería injusto decir que esa victoria es sólo del movimiento de mujeres de Tucumán o de Argentina. O que es de las compañeras de estos tiempos. Esto es el logro de una lucha histórica de miles y miles de compañeras que nos allanaron el camino para que hoy estemos acá, tanto aquellas que nos abrieron la puerta de la academia como de las que la pelearon en las calles y nos enseñaron que a nosotras nadie nos regaló nada nunca. Este triunfo es de todas nosotras: de las que ya no están, de las que le pusimos el cuerpo hasta el último suspiro y de las que vendrán y no nos conocerán. Nuestro legado son las cosas que dejamos escritas en esta historia, son nuestros logros en las luchas que damos colectivamente. Son los derechos que conquistamos para que el mundo que jamás fue pensado con y para nosotras sea también nuestro.

Este es un paso más para seguir disputando en las trincheras de nuestro cuerpo y al fin conseguir nuestra soberanía total y plena para decidir. Nuestra lucha sigue. Nos necesitamos a todas para que no haya ni una Belén más. Porque vivas y libres nos queremos.

*Integrante de la Mesa por la Libertad para Belén. Militante de Mala Junta. 

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