Batalla de Ideas

21 marzo, 2017

El gobierno pasa a la ofensiva y atropella al que protesta

Por Federico Dalponte. Cambiemos necesitaba retomar urgente la iniciativa, pero eligió el atajo. Lejos de ensanchar su base política, optó por doblegar a huelguistas y piqueteros como forma de demostrar autoridad. Los pecados de una estrategia tan peligrosa como ineficaz.

Por Federico Dalponte. Tras pasar un verano con el ánimo derruido, Cambiemos decidió mostrar otra vez su faceta más dura, más amarga. La misma que alguna vez, sobreactuando autoridad, lo llevó a despedir a miles y a designar jueces sin Congreso.

El gobierno aplica táctica y estrategia. Cuando baja en las encuestas, procura salir del laberinto por arriba, como decía Marechal. Cuando sube, aplica el manual de la conciliación y el diálogo, como indica Durán Barba.

Desde principios de mes, los educadores del sector público se enfrentaron a un empleador apático y mezquino, pero hoy batallan contra mucho más que eso. Tanto la gobernadora María Eugenia Vidal como el propio presidente están convencidos de que ceder en las paritarias implicaría una derrota política. Y así pierden el foco.

Sentados en la mesa de negociación, al cálculo económico los funcionarios le agregan el costo político, la imagen del gobierno, las elecciones a la vuelta de la esquina. Y temiendo de todo un poco, se ponen duros y algo más: autoritarios, por no agregar epítetos.

Esa palabra maldita, la que repitieron hasta el cansancio los ahora oficialistas, otrora opositores, despotricando contra el kirchnerismo. Sucede que la disputa política se reduce en buena medida a una equis correlación de fuerzas. El que puede golpear lo hace: desde el ignoto diputado que aprovecha sus dos minutos de fama frente a un micrófono con cobertura nacional hasta la mandataria que se carga una ley a través de un veto.

La política institucional es un tironeo más o menos reglado, más o menos previsible. El gran error de Cambiemos fue creer que todo estaba teñido de partidismo, de pequeña ventaja.

Vidal negocia con los docentes como si lo hiciera con Héctor Recalde. El descuento de los días de huelga es la práctica predilecta de los empleadores. Daniel Scioli también apelaba al recorte sistemático. Pero la novedad en este caso fue la bonificación por presentismo: en rigor, un premio al desacato a la conducción gremial.

El gobierno como enemigo declarado. Convencidos de que detrás de los docentes está el fantasma del peronismo, Cambiemos apeló a una táctica por demás autoritaria, cuestionada por las leyes argentinas pero también por la Organización Internacional del Trabajo.

Y así confundió las peleas: ganarse la simpatía de los senadores repartiendo obra pública suena feo, pero es parte del hedor tradicional del recinto argentino. La partidocracia criolla también es eso. Pero torcerle la muñeca a los docentes a fuerza de descalificaciones públicas, operaciones y extorsiones parece un tanto más inescrupuloso.

“Los gremios docentes se creen los dueños de la educación, pero la han destruido”, reprochó Mauricio Macri, impostando firmeza. De lo que sigue, claro, en evidente silogismo, que por tan destructivos que fueron no merecen cobrar más que lo ofrecido.

Y así, cada vez que el gobierno se sienta amenazado, golpeará la mesa de mal modo. Pero no en el Congreso, donde sigue buscando votos y coqueteando con el peronismo dialoguista. Sino en la calle.

Las huelgas y los piquetes, dijo Macri, “ya no dan resultados”. Sí, él, que es precisamente el destinatario de esas huelgas y piquetes, les advierte a huelguistas y piqueteros que sus reclamos serán en vano. Y lo dicho, por supuesto, no para tener puentes alternativos, sino para anunciar lo que se viene.

Una parte importante del periodismo redobló su apuesta por el control de la calle. Y naturalmente el gobierno recogió el guante. Patricia Bullrich asegura que esta vez irán a fondo con el plan antipiquetes. Horacio Rodríguez Larreta prepara los palos para experimentar en ciudad de Buenos Aires.

En el medio, lo mismo: para satisfacer a cierto electorado de clase media y superiores, el gobierno refuerza su discurso de orden y firmeza. Porque detrás, claro, no están los dolientes, sino el peronismo desestabilizante. Ese fantasma azuzado para alimentar a los propios y descalificar cualquier reclamo.

Tras dos meses defendiéndose de las críticas, Cambiemos volvió así a ocupar el centro de la escena. Pero eligió la manera más reaccionaria. Demostrar autoridad es la receta, aunque sin iniciativa política. Ni grandes anuncios, ni apuestas históricas, ni transformaciones profundas.

Toda ofensiva, por etimología básica, implica un daño.  Y puesto que nadie ofende sin atacar, y no hay ataque sin daño, la estrategia oficial decantará en golpear primero para posicionarse, y recién después gestionar. Los docentes ya están sufriendo los primeros embates, pero la lista sigue y es larga.

@fdalponte

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