Cultura

7 marzo, 2017

Los vientos de agosto: «Sofoco de la vida y del espíritu pueblerino”

La nueva novela de Jorge Paolantonio, ya con segunda edición en Argentina, describe el “universo catamarqueño patentizado en sus creaciones” a través de la historia de amor de Aguasanta Marinelli y Rodolfo Valentino Maza, atravesados todos por la lucha popular y las pasiones en los convulsionados meses previos al golpe militar de 1976.

Dice Marcelo Gershani Oviedo, prologuista de Los vientos de agosto, que Jorge Paolantonio (San Fernando del Valle de Catamarca, 1947) describe el “universo catamarqueño patentizado en sus creaciones”. Y es exacta la frase, ya que si hay algo que caracteriza al mundo paolantoniano es esa narrativa con estampa de pueblo y personajes de la cotidianeidad que nos cuenta el deambular de las vidas en una Catamarca que se nos hace menos extraña o distante en cada frase.

La exitosa Los vientos de agosto viene precedida del Premio Municipal ‘Luis de Tejeda’. Con dos de sus seis novelas vertidas al inglés y al italiano, el autor también tiene en su haber -entre otros- el premio de narrativa ‘SoleLuna’ del Festival de Literatura de Milán, obtenido en 2012.

Su obra suma más de una treintena de títulos entre poesía, novela y teatro. Rosas de Sal (monólogos dramáticos, 1990) constituye un hito en la historia del teatro del noroeste argentino tras cumplir más de 27 años de representaciones ininterrumpidas. Escenificada en buena parte del país y en ciudades de Perú, Ecuador, Chile, Brasil y Cuba, es su trabajo más difundido y ya un clásico de la dramaturgia del noroeste. Su novela Ceniza de Orquídeas (Eugene O’Neill en Buenos Aires, 1910) le valió ser primera finalista del Premio Planeta 2000, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires  y la traducción al inglés aparecida en New York en 2009.

Con una sutil combinación de lo popular y lo culto, situada en la convulsionada época de los movimientos revolucionarios previos al genocida golpe militar de 1976, Los vientos de agosto es un relato lleno de ironía y metáforas que nos cuenta la historia personal de un amor silenciado, de ocultamiento, que arde en medio de la San Fernando del Valle de Catamarca silenciosa de aquellos días. “Ciudadela donde convivían, sin roces, criollos variopintos -incluyendo hidalgos sin blasón alguno-, italianos de toda la península, españoles de mar y de montaña, árabes aceituneros, sefaradíes de mercachifle, e indígenas cabizbajos y dolorosamente pobres”, al decir del autor.

Paolantonio tardó casi tres años en escribirla: “Un día abrí los ojos con la peculiar figura de la protagonista en retina. Y en un pantallazo reviví su historia -mínima para muchos, una brevísima noticia de diario- pero entendí que era reveladora de mucha otra cosa. Es historia en singular pero con un enorme trasfondo colectivo. Es la hebra gruesa de un amor frustrado inserta en un complejo tejido social.  Como conocí personalmente a esta mujer (era cercana a mi madre), me resultó más que atractivo recontar el hecho. Primero desde el afuera y luego en su propia conciencia. En realidad es una narración que alterna el punto de vista omnisciente con los monólogos interiores de esa mujer a quien la vida no le da respiro. Está escrita sin golpes bajos y con mezcla de humor e ironía, una combinación que parece caracterizarme. Hay, sí, una preocupación constante por la verosimilitud”.

Inspirado en su ciudad natal, una vez más utiliza los recursos vividos, de sus alrededores: “Un enclave lleno de magia que para mí nunca cesa. También la historia familiar paterna y materna que es rica y rizomática -tiene multiplicidad de raíces- y a la que le descubro ramas que (creo) todavía tiene frutos a cosechar”.

Estos vientos de agosto soplan con sangre y dolor pero también con la historia de amor de Aguasanta Marinelli y Rodolfo Valentino Maza, atravesados todos por la lucha popular y las pasiones.

Es un relato con dos o tres protagónicos pero, a la vez, el de una genealogía y una historia precedentes. Individuos insertos en una  sociedad y una ciudad que el autor conoció y conoce como a la palma de su mano.

Coincidiendo con el prologuista, intuyo algo de Manuel Puig  y García Lorca en los personajes de esta novela. Esos personajes de ‘Boquitas’ o ‘Bernarda Alba’ que “viven también (…) eso que en este libro experimentan Aguasanta y su familia: el ahogo, ese sofoco de la vida y sobre todo del espíritu pueblerino”. Desde el cine de los sábados a la masacre, pasando por la religiosidad y el prejuicio, las creaturas interactúan en un espectro donde lo coral se torna preponderante.

En agosto de 1974 “cuatro patrulleros fueron a curiosear lo que parecía un campamento. Hubo muertos. Se armó el desbande ante la evidencia de que el ataque comando ya no sería sorpresa. Los dos furgones huyeron hacia el este por sendas poco transitadas. Allí salvó su pellejo el líder de la operación, entre otros tres o cuatro. Desaparecieron para nunca más volver”. Una historia de violencia y de división. Un pueblo, una capital de provincia y su pasado. Catamarca y su historia no tan reciente, que es aún peor o casi. Y Los vientos de agosto que soplan desde la eternidad y seguirán mientras somos algo más que personajes de novela.

Nacido en Catamarca y migrado a Córdoba, donde se recibió de profesor, licenciado en lengua y literatura inglesa por la Universidad Nacional de Córdoba, Jorge Paolantonio fue becario del Fondo Nacional de las Artes Argentina y del Consejo para las Artes del Reino Unido. Ejerció la docencia a nivel terciario y universitario hasta 2008. Fue profesor consulto del Instituto Superior de la Fundación Octubre de Buenos Aires y profesor visitante del bachillerato multinacional ISA en Amsterdam en 2006.

Los vientos de agosto fue editada durante 2016 en Lima, Perú, por Hanan Harawi Editores. En Argentina, ya con segunda edición, por Imaginante Editorial.

Gustavo Pecoraro – @gustavopecoraro

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