Nacionales

15 enero, 2017

Un día en el Pu Lof Cushamen

Luego de las brutales represiones a la comunidad Pu Lof en Resistencia Cushamen en la provincia de Chubut, sus integrantes buscan reorganizarse de lo que ha sido una semana por demás agitada. Los detenidos regresaron y la solidaridad se hizo presente en una jornada de alegría y también cautela.

Luego de las brutales represiones a la comunidad Pu Lof en Resistencia Cushamen en la provincia de Chubut, sus integrantes buscan reorganizarse de lo que ha sido una semana por demás agitada. La connivencia entre el gobernador Mario Das Neves y el terrateniente multinacional Luciano Benetton sigue en evidencia. Así como también el hecho de que la resistencia de los pueblos originarios del sur sigue en pie y más viva que nunca.

El puesto de guardia que da inicio al territorio sagrado mapuche está aproximadamente a cien metros de la ruta. Allí nos encontrábamos distintas comunidades mapuches, integrantes de organizaciones sociales, comunicadores y personas que acompañan la lucha de los pueblos originarios.

La pequeña casa de adobe con una salamandra y un parabrisas de ventana hace de referencia de la primera guardia; allí también se encuentra una gran fogata que propone encuentros y charlas donde los más ancianos son el centro de atención, los jóvenes escuchan y los niños y niñas corretean entre los arbustos.

Mapuches 1

En la entrada de este territorio sagrado no hay árboles, sólo arbustos y suertes de trincheras que sirven de resguardo ante cualquier avanzada de las policías provinciales o federales. Es que uno no se da cuenta del valor de la tierra hasta que la ve; la tierra cordillerana es fresca por naturaleza y los árboles más grandes se encuentran llegando a las montañas rocosas a kilómetros, donde viven las abuelas de la comunidad, desterradas a vivir allí. “Antes las abuelas vivían en el bajo, pero los distintos gobiernos con Benetton las fueron arrinconando hacia las rocas, allí las tierras no son productivas”, comentaban debajo de la sombra de un toldo al lado de la guardia.

Pasado el mediodía se acercaron al cruce de El Maitén y Leleque Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, María del Carmen Verdú, abogada de la Coordinadora contra la represión policial e institucional (Correpi), Nicolas Del Caño, ex diputado nacional del Frente de Izquierda, entre otros dirigentes.

En su intervención, Nora habló sobre los 30 mil desaparecidos, que la lucha de los pueblos es una sola y que la necesidad de estar atentos de lo que les suceda a los pueblos originarios es una tarea de cualquier persona que se considere militante de los Derechos Humanos.

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El pueblo mapuche siempre estuvo a la sombra de cualquier gobierno. Un día antes, en la Ruca de Bariloche (casa mapuche), mientras cenaba con mis amigos mapuches, me comentaban que para ellos los distintos gobiernos que pasaron y pasan no tienen nada que ver con su lucha, en cuanto representación.

– «¿Un ejemplo?» – Les pregunté

-«Para nuestro pueblo Macri y Cristina son lo mismo, ambos negociaron nuestras tierras y ambos también negociaron el ajuste de todos los pueblos de este territorio».

Mapuches 3

Mientras hablábamos, en la radio AM se escuchaba una canción de Horacio Guarany, que había fallecido a la mañana, y los alardes de nacionalismo del festival de Jesús María poco a poco iban sonando cada vez más bajo.

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En el Lof, desde los campos adentro de Cushamen, iban y venían los caballos con los peñis y las lagmien (hermanos y hermanas en mapudungun, idioma mapuche) que seguían organizando lo que luego sería la llegada de los liberados y posteriormente la ceremonia mapuche, donde los compañeros no podíamos acceder. Así siguió la tarde de verano donde el sol está hasta las diez de la noche.

Alrededor de las ocho llegaron las primera noticias de la liberación de los compañeros detenidos; allí se fue organizando su llegada y al grito de “Marichiweu” llegaron Nicolás Daniel Hernández Huala, Ricardo Antigual y Ariel Mariotta Garzi, quién no pertenece a la comunidad pero estuvo acompañando la causa.

La alegría invadió la guardia y por un momento, sólo por un momento, nos pudimos olvidar de esta semana trágica.

También llego la mamá de Facundo Jones Huala, quién en este momento es el referente de Cushamen; venía de Bariloche de ver su otro hijo, Fausto, quién durante la represión (aún no se sabe si fue por un piedrazo o bala de la policía) sufrió un hematoma en la cabeza y politraumatismo de cráneo. “Fausto está mejorando de a poco, quiere venirse para acá y dice los chicos me necesitan; con suerte el lunes le pueden dar un pre alta para estar en su casa, eso sí a su casa conmigo, acá todavía no”, contaba segura de la fuerza de su hijo pero con recelo de madre.

Cerca de las once, cuando la luna ya estaba arriba de los cerros, la intensidad bajó y la tranquilidad volvió en el lof. Comenzaban los preparativos para la ceremonia; la mayoría de los peñis y lagmien “bajaron” y algunos se quedaron con nosotros mientras mateábamos y nos calentábamos con el fuego de arbusto de la Patagonia.

Mapuches 2

Habíamos quedado cerca de diez personas en la guardia, mientras algunos preparaban guiso, el centro de atención fue un viejo Lonko de una comunidad cerca de Ñorquinco que hablaba de sabiduría: “A mi desterraron de mis tierras mis propios peñis, algo muy doloroso pero yo no me quedé con eso; es fácil desterrar a alguien pero nadie quiere ver en profundidad las cuestiones”.

Entre mate y mate y la brisa sureña, se hicieron las cuatro de la mañana, hora en que los peñis que quedaban en la guardia debían bajar para la ceremonia. “Gracias por quedarse, estamos muy agradecidos con ustedes”, nos dijeron y colgaron una mochila de responsabilidad en un puñado de nosotros, compañeros que con gusto estábamos asumiéndola: “Peñi, no se haga problema, acá estamos bien”, señaló alguien mientras echaba más leña de arbusto al fuego.

Al sonido de la trutuca y con la estrellas iluminando, se perdieron campo adentro, con una seriedad envidiable.

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Un par de horas más tarde, el amanecer. Tomé unos mates cocidos improvisados con el otro compa de guardia y me dirigí fuera del territorio sagrado, a la ruta, era la hora de partir, de volver a Bariloche, para luego volver a casa.

Germán Hernández

Allí pasó el micro, que de casualidad lo manejaba el mismo chofer que me había llevado el día anterior, el mismo que me decía que “estos originarios se quieren robar todo, que si Benetton compró esto de buena ley no hay nada que hacer”. Al abrirme la puerta, lo vi y solo atiné a decirle: “Hola, che”. Más hostil que nunca respondió:

– «¿Y…no te comieron los indios?»

– «Al contrario» – respondí. «Me dieron de comer guiso, carne, tortas fritas, millones de mates y para cerrar mate cocido» – Le dije con una sonrisa cansada.

Buscó la mirada cómplice en otro pasajero pero yo ya estaba en otra. Lo más extraño es que él también era hermano, él también era peñi.

Germán Hernández

Fotos: Germán Hernández

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