América Latina

27 diciembre, 2016

Chile: “La ausencia total de derechos sociales es un problema de la democracia”

El pasado 6 de diciembre asumió la alcaldía de la ciudad chilena de Valparaíso Jorge Sharp, dirigente del Movimiento Autonomista, reconocido por su participación en las movilizaciones estudiantiles de 2011. Gonzalo Winter, otro de los referentes de la organización, recapitula en esta entrevista la historia detrás de la irrupción de esta fuerza en la política chilena.

El pasado 6 de diciembre asumió la alcaldía de la ciudad chilena de Valparaíso Jorge Sharp, dirigente del Movimiento Autonomista, reconocido por su participación en las movilizaciones estudiantiles de 2011. En octubre de este año el Movimiento Autonomista había alcanzado casi un 54% de los votos de la tercera ciudad en población del país cordillerano. Gonzalo Winter, otro de los referentes de la organización, recapitula en esta entrevista realizada por Radio Sur la historia detrás de la irrupción de esta fuerza en la política chilena.

– ¿Cómo surge el movimiento autonomista?

– Es discutible si el Movimiento Autonomista es muy joven o muy viejo porque como todo movimiento político es heredero de luchas anteriores. Uno pude encontrar reminiscencias en los años 90, de donde viene por supuesto la corriente autonomista. Por ese entonces marginalizado, en un momento en que se dio el auge de lo que nosotros denominamos “el pacto de la transición”. A su vez, estos grupos de los 90 tienen vínculos sobre todo ideológicos con movimientos como el MIR de los años 70.

Pero cuando realmente se vuelve masivo y popular es con las movilizaciones estudiantiles en 2011.

– ¿Cómo decidieron pasar de la militancia estudiantil a la electoral?

– La verdad es que no fue un día que tomamos la decisión. Siempre tuvimos conciencia, pero el autonomismo tenía una historia previa.

Muchos autonomismos que habían surgido se fueron transformando en otras cosas. El que se hizo famoso fue el universitario: esto tuvo que ver con que nuestro carácter no era educacionalista. El único movimiento social que logró hacerle una grieta al pacto de la transición (el pacto neoliberal en Chile) fue el movimiento estudiantil en el ciclo de movilizaciones que va de 2006 a 2011.

Ahí habia un cuestionamiento que nacía de la crítica al sobreendeudamiento, que era el sistema de entrega de créditos mediante el banco con un 6% de interés. Pero de esta crítica inicial se fue generando un sujeto dispuesto a movilizarse, y al mismo tiempo el movimiento terminó cuestionando el tipo de sociedad que tenemos. Fue algo lógico el politizar la demanda, porque en 2011 mismo ya no es solo al modelo educativo sino a la sociedad individualista que el modelo neoliberal nos dejó.

– ¿Por qué creés que este movimiento que surge en lo estudiantil logra arraigarse en otros sectores de la sociedad? Desde el movimiento suelen usar el concepto de “democracia más profunda”, ¿en qué se diferencia esta concepción de democracia de la de los otros partidos?

– El tema de la democracia en Chile es muy interesante porque cuando surge la Concertación logra quedarse con esa palabra para sí y todo el que esté contra la Concertación es enemigo de la democracia, porque logran poner a Pinochet del otro lado. Utilizan mucho ese sentimiento democrático precisamente para profundizar el modelo neoliberal.

Nosotros nos autodenominamos “la Corea del Norte” del neoliberalismo con un poco de humor y un poco de pena, lo que ocurre con el movimiento estudiantil viene a cuestionar si es posible hablar de democracia en un país donde no hay derechos sociales. ¿Puede considerarse vivir en democracia una persona que no tiene acceso a la salud, a la educación o a la vivienda?

Finalmente la reflexión que termina surgiendo, y no de un grupo intelectuales sino marchando en la calle durante 5 o 6 años y comiendo gases lacrimógenos, es que la democracia se trata del poder. Tener derecho a que un doctor te opere la rodilla también se trata de poder. Por eso la ausencia total de derechos sociales es un problema de la democracia.

Eso cambia mucho y hace un quiebre muy importante entre la vieja izquierda chilena que nunca aceptó que la sociedad pinochetista realmente existía y seguía haciendo política para el Chile de los 70, y la nueva izquierda surgida al calor de la movilización estudiantil que asume la soceidad en la que vive.

– ¿Por qué pensás que ante este contexto latinoamericano de avance de las derechas pudieron surgir alternativas como la que ustedes plantean?

– Yo creo que lo primero a señalar es ponerle paños fríos, no inflarnos más de lo que somos porque no hemos llegado al gobierno. Hay que hacer una reflexión más general.

En casi todas partes se está hablando que hay una crisis de la Socialdemocracia. Yo creo que esta crisis es necesariamente la crisis del neoliberalismo y los medios de comunicación han querido esconder ese matrimonio entre ambas cosas. La crisis de la Socialdemocracia a nivel europeo tiene bastante relación con la crisis chilena, en el resto de América Latina fue distinto.

La década de los gobiernos populares en América Latina nosotros no la vivimos. Lo que ocurre en Chile y en muchas partes del mundo es que la Socialdemocracia pasa a tener una cesantía histórica cuando queda develado que su proyecto político es realmente el mismo que el de la derecha, con los casos de corrupción deja en claro que comparten el mismo sistema de valores.

La concertación durante muchos años tuvo el mismo proyecto político que la derecha, pero había un sistema valórico que era distinto. Hablaban distinto que la derecha patronal y fascista chilena que sabemos que existen. Eran compañeros que habían sido torturados, o habían estado en el exilio, pero habían sido compañeros en el sentimiento. Cuando se develan los casos de corrupción, cuando ves al compañero involucrado en un caso de corrupción, entiendes que su sistema político, su sistema valórico está asociado al proyecto del enemigo. Así se genera un vacío en la cancha.

Esa cesantía histórica de falta de proyecto puede ser ocupada por fuerzas de izquierda o revolucionarias, como se le quiera llamar, como la nuestra. Eso no significa que todo Valparaíso se haya vuelto marxista, o que todo Chile esté en esa, sino que se ve con buenos ojos darla una nueva oportunidad a los proyectos políticos que ponen a la ciudadanía vuelva en el centro.

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