América Latina

22 diciembre, 2016

¿Bolivia dijo «No»? Las perspectivas del MAS y la candidatura de Evo

Algunos hechos recientes han modificado el escenario que dejó planteado el referendo constitucional de febrero en Bolivia. Centralmente, la renovada apuesta del Movimiento Al Socialismo (MAS) por el liderazgo de Evo Morales y su anuncio de que irá por la presidencia en 2019.

Algunos hechos recientes han modificado el escenario que dejó planteado el referendo constitucional de febrero en Bolivia. Centralmente, la renovada apuesta del Movimiento Al Socialismo (MAS) por el liderazgo de Evo Morales y su anuncio de que irá por la presidencia en 2019. Pero además, la sorpresiva definición del actual vicepresidente Álvaro García Linera, quien optaría por no repostularse para retomar tareas vinculadas a la formación política y la «mística revolucionaria» del Movimiento.

El escenario político boliviano ha recobrado un dinamismo que parecía perdido. En febrero, las urnas habían definido, por escaso margen, que Evo Morales no podría renovar su candidatura en las próximas elecciones presidenciales. La consulta popular se desarrolló en medio de un escándalo presentado por la prensa que apuntaba a deslegitimar la figura del presidente. En ese contexto, parecía que todo estaba dicho. Los sectores opositores descansaban en el bloqueo electoral del actual presidente y el MAS se enfrentaba a la dificultosa tarea de construir alguna figura que lo reemplazara en su rol aglutinador de las diversas fuerzas que sostienen el proyecto del gobierno.

Pero a pesar de la derrota de febrero y de algunas otras situaciones dificultosas, como el violento conflicto con los cooperativistas mineros (que terminó con un viceministro asesinado) y la dramática crisis hídrica en La Paz, el MAS retomó la iniciativa y parece decidido a consolidarse como espacio unificado capaz de continuar representando a las mayorías del país.

El 14 de diciembre fue presentado El Cártel de la Mentira. Se trata de un documental que apunta a develar y desmontar una operatoria de los medios más relevantes del país, tales como La Razón, El Deber y Página Siete, orquestada para incidir directamente en la decisiva instancia electoral del 21 de febrero. La producción tuvo una gran repercusión, generando importantes reacciones entre el grupo mediático acusado.

Allí se desmienten las acusaciones que se esgrimieron contra la figura de Evo Morales. Por un lado, las que apuntaban a movilizar el morbo colectivo en torno a los pormenores de su relación con Gabriela Zapata, centralmente su supuesta minoría de edad y el hijo que habría tenido con el presidente que, según se dijo, permanecía oculto por su expreso pedido. Pero además, se desmintieron las derivas corruptas del vínculo en la adjudicación de obras públicas a la empresa que la abogada representaba.

En términos generales, el documental apunta a problematizar la incidencia política de los medios masivos en el país y deslegitimar su mensaje ante la población. En los concreto, es un intento por cerrar definitivamente el ciclo especulativo y plagado de rumores que continuó reproduciéndose a lo largo de estos meses. Pero además establece la base sobre la cual se pone en tela de juicio el rechazo del pueblo boliviano a la candidatura de Morales.

Inmediatamente después, los días 15, 16 y 17 de diciembre, se desarrolló el IX Congreso Ordinario del MAS-IPSP. El evento reunió a más 5500 delegados, que acudieron en representación de las distintas organizaciones sociales que componen el Instrumento Político. Allí, sindicatos y federaciones campesinas, organizaciones de mujeres, comunidades originarias, gremios obreros y agrupaciones juveniles definieron saldar la discusión sobre las próximas elecciones presidenciales y erigir a Evo Morales como su candidato.

La comisión destinada a tratar el tema elaboró cuatro vías legales para llevar adelante el plan, siguiendo el criterio de no moverse “ni un milímetro fuera de la Constitución”: la primera plantea reeditar la reforma parcial del artículo 168 de la Constitución Política del Estado (CPE) mediante una iniciativa ciudadana. Esto requiere la recolección de firmas en un número equivalente al 20% del padrón electoral. La segunda consiste en reformar el artículo 168 de la CPE, pero mediante la aprobación de una ley votada por dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional. El tercer camino implica la renuncia de Evo Morales antes de cumplir su mandato para quedar habilitado como candidato. Y la cuarta es mediante una interpretación constitucional solicitada al Tribunal Constitucional que apunte a la prevalencia del derecho de los ciudadanos bolivianos a elegir el gobierno de su preferencia.

La decisión despertó críticas inmediatas por parte de la oposición, pero también generó algunas incertidumbres en torno a las razones que llevaron al MAS a insistir sobre el tema. En las declaraciones de distintos dirigentes pueden visualizarse al menos dos.

Por un lado, se afirma unánimemente que Evo es garantía de victoria electoral y no existe posibilidad de plantear otro candidato que asegure resultados comparables. Lo segundo, evidentemente relacionado, y que explica la anticipación con que se abordó el tema, es la necesidad de apostar a la unidad del Movimiento, evitando que se reproduzcan pugnas internas de aquí a un buen tiempo. En ese sentido, el actual vicepresidente afirmó que Evo Morales “es el único que podría garantizar que las fuerzas sociales se cohesionen”, mientras Juanita Ancieta, ejecutiva del movimiento de mujeres Las Bartolinas, dijo que «todos los soldados leales de este proceso de cambio continuarán unidos”.

La definición del Congreso fue coronada por un masivo festejo en ocasión del 11° aniversario de la histórica elección de 2005, cuando el 54% de Bolivia consagró a un dirigente campesino e indígena de raíces aymaras como su presidente. Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente y el gobierno parece tomar nota de las profundas transformaciones que ha vivido la sociedad boliviana en estos años.

Pasado el ciclo de levantamientos antineoliberales y ascenso popular que culminó con la llegada de los movimientos populares al gobierno, hoy parece asentarse la idea de repliegue como característica distintiva del momento. A esta realidad respondería la sorpresiva definición del copiloto del proceso, Álvaro García Linera.

La redefinición de sus tareas hacia el interior del Movimiento busca, según sus palabras, “aportar en otros niveles» considerados «deficitarios en este proyecto histórico, donde se están presentando problemas”. “Nos hemos despolitizado internamente”, especificó en el programa televisivo de Susana Bejarano. Así, dejaría su puesto en el Estado para ubicarse en la primera línea de otra trinchera: “Publicar, escribir, tener un programa de radio o tv, formar cuadros, lo que sea posible en la batalla de las ideas, clave de la continuidad y donde estamos más débiles”, explicó al periódico español El País.

Carys Alfonzo

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas