Derechos Humanos

24 noviembre, 2016

Crónica de la Primera Marcha de la Gorra en La Plata

Este miércoles 23 se realizó en la ciudad de La Plata la Primera Marcha de la Gorra, replicando la de la que se viene realizando hace años en Córdoba. Una iniciativa contra la violencia policial y la estigmatización política y mediática. “Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito”

Un pibe flaco, alto, con ropa deportiva. Joven, no tendrá más de veinte años. Lleva una visera y zapatillas con resortes. Es de noche. Va fumando un pucho que pidió a alguien dos cuadras atrás. El patrullero que lo viene fichando se detiene al lado suyo. Las luces azules iluminan ahora toda la cuadra. Dos efectivos se bajan del auto, a los gritos y le ordenan que se tire al piso, que levante las manos y que entregue el celular que le robó a alguien hace unos minutos. Él no entiende, no sabe nada, no tiene nada que ver. Lo reducen, lo insultan, lo patean en el piso. La policía no está para cuidarlo a él. Tampoco cuida a los carreros que no deja acercarse al centro de la ciudad, a los manteros que saca a patadas de la calle o a las familias que desaloja a los palos.

Víctor Carabajal, militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), dijo a Notas: “La persecución es diaria, la policía nos molesta por la forma que nos vestimos, por el color del chico que va con el carro, por ser diferentes a otras personas. Nos detienen, nos bajan del carro, nos revisan la mercadería, nos preguntan de qué barrio somos. Nosotros salimos a trabajar y por ser de tal barrio pagamos las consecuencias”.

“La idea de este año era empezar a articular aquellas organizaciones sociales, centros culturales, movimientos populares y gremios que estuviesen interesados en la temática de seguridad, que tuviesen laburo con los pibes y las pibas en el territorio, para que no se los siga estigmatizando, para que no haya más persecución policial para los sectores populares”, explica Malen Gorgone, militante de Patria Grande.

Hace algunos años la Marcha de la Gorra, originalmente cordobesa, comenzó a replicarse en múltiples puntos del país. En el caso de La Plata, este miércoles 23 se realizó un festival frente a Gobernación, donde los pibes y las pibas se encontraron convocados bajo la consigna “Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito”.

«Estamos mostrando lo que están haciendo los pibes en los barrios y planteando que los pibes no solamente necesitan comer, como parece que piensa la gobernadora cuando dice que va a abrir nuevos comedores”, comenta Ignacio Fernández Camillo, militante del Movimiento Evita.

La estigmatización que cae sobre los jóvenes de clases populares es fogoneada cotidianamente por los grandes medios de comunicación, que se convierten en cómplices del abusivo accionar policial. Un médico mata a un ladrón y el caso es tratado como si la condición profesional alivianara el delito. Mucho antes de que la Justicia lo encuentre culpable del intento de robo, ya existe una condena mediática: la víctima era “delincuente” o “pibe chorro”, no “vecino” ni “ciudadano”.

“Cuando la policía tiene el poder de definir quién es peligroso, si desde el Estado se le da más poder a la policía en los barrios, son ellos quienes definen quiénes son los chicos que pueden circular y quiénes no”, amplía Carolina Salvador, integrante del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ). “En este tipo de instancias podemos mostrar a los chicos haciendo cosas, qué hacen, cómo se divierten y cómo aprenden en el barrio, más allá de cómo la policía dice que son”, agrega.

Sin embargo, existen medios que dan una batalla diaria para construir una imagen de la pobreza y la juventud que rompa los sentidos establecidos por la comunicación hegemónica. Pablo Antonini, director de Radio Estación Sur y vicepresidente de FARCO, explica que los medios populares apuntan a “una comunicación que los tiene a los pibes como protagonistas”. “Se trata de poner el eje en la promoción de derechos y marcar la responsabilidad del Estado cuando esos derechos son vulnerados”, añade.

En relación con este aspecto, Florencia Espinosa, integrante de la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional, plantea: “La policía tiene determinados sentidos para actuar ante determinados pibes o grupos en las calles y reprimir. Entendemos que los medios de comunicación tienen un rol preponderante en la construcción de esos sentidos”.

Mientras tanto, un policía te para por cómo vas vestido, por cómo caminás, por cómo hablás, por la música que escuchás, por la cara que tenés. Entiende a la perfección que la ciudad se divide entre los ciudadanos de primera y los de segunda. Hay vidas que valen y vidas que no: unos son víctimas de homicidios y otros son linchados por los buenos vecinos. Los ricos pasean, los pobres merodean. Los pibes no tienen derecho a la participación política. Por eso una Marcha de la Gorra asusta. Porque la calle es de los pibes que se acostumbraron al señalamiento, a dar miedo, a que la gente se cruce de vereda.

Muchos funcionarios públicos utilizan la vida de esos jóvenes como un recurso electoral. Prometen más policía, más patrulleros, más cámaras de seguridad. Prometen bajar la edad de imputabilidad, endurecer de las penas, que cada vez menos delitos sean excarcelables. Es un negocio redondo. La industria de seguridad privada crece gracias a la demanda permanente: alarmas en las casas, rejas en la entrada, cámaras de seguridad, reflectores. La venta de seguridad sigue siendo asociada a la prevención del delito callejero. El miedo que te venden lo pagan los pibes, que son torturados en las comisarías y en las cárceles.

El cierre del festival de la Marcha de la Gorra en La Plata estuvo a cargo de Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito, una banda de rap de pibes del conurbano bonaerense y barrios porteños. JC, integrante de la banda, explicó que canta “por los que no están, por los que están encerrados y por los pibes que la están peleando porque les arman altas causas”. Rap desde y para los barrios. “Algo que se ve mucho, que está mal, es la bronca entre barrios. Ya no necesitamos más enemigos, tenemos que estar todos los barrios juntos. Estamos todos en la misma. Nos identificamos porque sabemos lo que son los barrios bajos. Por usar una visera o ropa deportiva no somos delincuentes”, concluye JC.

Malena García y Juana Saraví Tammone

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