Nacionales

18 noviembre, 2016

San Andrés de Giles: denunciaron dos fumigaciones a una escuela

En menos de tres meses una escuela rural de San Andrés de Giles denunció dos fumigaciones del campo lindero durante el horario escolar. La legislación local considera que 200 metros de perímetro son suficientes para proteger la salud de alumnos y docentes. El proyecto de una nueva ley de agroquímicos que reduce a 10 metros el límite ya cuenta con media sanción en el Senado bonaerense.

La actividad agrícola de San Andrés de Giles coincide con la estructura productiva vigente que, en los últimos años, se concentró en el cultivo de soja transgénica. La expansión del monocultivo y la utilización intensiva de agroquímicos (plaguicidas, pesticida, fertilizantes, herbicidas, etc) produjo un innegable efecto sobre el ambiente y la salud humana. Una escuela fue fumigada dos veces en los últimos tres meses.

Un informe sobre el uso de agroquímicos en la Provincia de Buenos Aires, realizado por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) junto a la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, confirmó que localidades como Salto, Junín, Ramallo, Pergamino, entre otras, presentan un estado alarmante de variedad de productos químicos muy por encima de los parámetros “aceptables” en su suelo, agua y aire. Se identificaron agrotóxicos prohibidos oficialmente desde hace décadas. Por otro lado, en San Antonio de Areco se confirmaron, a través de un análisis medio ambiental en la Escuela Rural N° 11 “ José Manuel Estrada”, siete agrotóxicos distintos en el agua y el suelo.

La problemática afecta a gran parte de las localidades de la provincia y San Andrés de Giles no es la excepción. En agosto un mosquito (máquina fumigadora) roció el campo lindero a la escuela rural N° 21 “Joaquín V. Gonzalez” provocándoles a la directora y sus alumnos dificultades para respirar. La fumigación no respetó el perímetro protegido que exige la ordenanza municipal N° 1761, vigente desde 2014, la cual establece como “Zona de amortiguación ecológicamente protegida” los 200 metros que circundan las escuelas rurales. Antes este radio se extendía hasta los 300 metros.

Por este hecho hay una investigación judicial en trámite ante el Juzgado Federal Secretaría 2 de Mercedes. Desde el Municipio también se sancionó al productor, quien debió pagar una multa de 10 mil pesos.

El 4 de noviembre Judith Cardoso, directora de la Escuela N° 21, denunció nuevas prácticas de fumigación en el mismo campo lindero. Según su testimonio, el mosquito pasó  cuatro veces frente al establecimiento respetando el radio permitido pero durante el horario escolar, alrededor de las 13.30. Al observarlo con las alas desplegadas y sentir “un olor más fuerte que la vez anterior”, Judith se comunicó telefónicamente con Jefatura y dio aviso a la patrulla rural, quienes “llegaron una hora después”. Al inspeccionar el lugar, la máquina ya no estaba funcionando. Para la Dirección de Medio Ambiente local la fumigación denunciada no existió.

Sin embargo, Judith asegura la afección: “Después de ese viernes me empezó a sangrar la nariz, tuve vómitos y ahora estoy con corticoides”. Además, el certificado del hospital municipal confirma la “intoxicación por agroquímicos”.

Entre el campo y la escuela no existe ninguna barrera natural que funcione como “rompe-viento para disminuir la dispersión de los agroquímicos”, como detalla la ordenanza. Por lo tanto resulta insignificante un límite de 200 metros sin una alternativa que frene y reduzca el impacto que causan las derivas (cuando el viento y el agua de lluvia arrastran las partículas en suspensión en el aire). Otro de los requisitos exige que “deberá dejarse un área de al menos 20 metros de ancho libre de cultivos y aplicaciones de agroquímicos”. La Escuela 21 cuenta con cultivos de soja a pocos pasos de los juegos para los niños.

El informe más reciente sobre los daños que genera la exposición a los agrotóxicos fue realizado en mayo por el entrerriano Damián Verzeñassi, médico, docente de la Universidad Nacional de Rosario y organizador de campamentos sanitarios que relevan poblaciones afectadas por las fumigaciones. Desde 2010 viene visitando 26 ciudades y destacó que en todas se repiten los mismos perfiles epidemiológicos. “Cuando estudiamos qué ejes en común unían a estas localidades, observamos que eran pueblos con producción sojera a gran escala”, aseguró consultado por La Nación. En estas regiones un tercio de las muertes llega por alguna forma de cáncer.

En diálogo con la agencia de noticias La Vaca, Verzeñassi aclaró que “desde los organismos oficiales se estimula a la confusión respecto a la toxicidad de los productos. Cuando uno habla con los productores, te dicen: ‘es banda verde’, ‘no hace nada’, y lo dicen porque alguien los ayudó a construir esa representación”. De acuerdo con su postura, la responsabilidad cae sobre el gobierno nacional que “con su política de buenas prácticas ha permitido consolidar una falaz idea de inocuidad depositando la responsabilidad del daño que pueda generarse en el aplicador”. A partir de sus estudios, el doctor afirma que no hay “uso adecuado”.

La Ley 10.699 de la provincia de Buenos Aires es la que regula actualmente la producción, comercialización, traslado, aplicación y destino final de los agroquímicos. El Decreto Reglamentario 499/91 prevé las distancias de las aplicaciones: se ocupa de las fumigaciones áreas pero no dice nada de las terrestres. Esta omisión en la legislación bonaerense habilitó a que los municipios generen sus propias legislaciones, que en su mayoría favorecen a los sectores con mayor poder económico.

En consonancia con la última modificación de la ordenanza gilense (2014), el proyecto de una nueva Ley de Agroquímicos, propone reducir el límite para las fumigaciones terrestres a 10 metros del perímetro urbano. El proyecto ya cuenta con media sanción en el Senado bonaerense.

Organizaciones sociales y asambleas de pueblos fumigados manifestaron que la iniciativa es inconstitucional porque desoye fallos judiciales y no se basa en ninguna evidencia científica para establecer las distancias.

Sofía Stupiello

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