Cultura

16 noviembre, 2016

Foucault para no tan principiantes: lo último de César González

Exomologesis, la tercera película de César González no sirve para Hoyts, no le interesa a Showcase. Dos horas de tortura afectiva y efectiva, en blanco y negro para permitirnos pensar de otra manera.

El camino de César González desde que llegó a la poesía y derivó en el cine ha sido el de una doble inversión de los factores, o al menos, ha ido dos veces a contramano.

Primero. González es el villero que despojó de su autoestima la idea de no poder producir y distribuir su arte por su condición de ex preso y pibe chorro. Ascendió. El cine, más que su poesía, despegó por su voluntad de trabajo y por la venia de algunos periodistas y programas de televisión que vieron en él un sujeto periodísticamente rentable para la línea moral editorial de sus departamentos de contenido.

Junto a esto, la cultura progresista estalló en éxtasis por toparse con un pibe de los barrios que buscaron mostrar no sólo como la posibilidad de resurrección, sino también como resultado de doce años de políticas, a priori, inclusivas. No lo absorbieron, entonces, lo olvidaron.

Segundo. González con su tercera película Exomologesis, afina la crítica social con un bagaje filosófico consistente. Y desciende. Ya no es el Gaumont el que le abre los brazos sino los circuitos culturales de Palermo, las casas de la Cultura barriales, las que lo convocan. Su mejor película queda subalternizada en el ámbito de la distribución todavía más.

¿Será que sigue marcando la cancha afirmándose sobre él y los pibes que la Gendarmería sigue matando en las villas y tanto la industria como el Estado no pueden exprimir más la editorialización a partir de su biografía? ¿O porque el mercado aún no encuentra rentabilidad vendiendo imágenes de la villa que no sean condescendientes o estigmatizantes sobre los sujetos de los sectores populares?

Exomologesis es ambiciosa desde el título: relata una verdad. No sirve para Hoyts, no le interesa a Showcase. Dos horas de tortura afectiva y efectiva, en blanco y negro para permitirnos pensar de otra manera. No hay dobles de riesgo y los golpes van en serio, como en la vida que tenemos. Habla de la máquina neoliberal justo cuando se llevó puesta a América Latina sacando a flote los parches de los populismos que no estuvieron a la altura.

La historia transcurre en un departamento en el que se recrean los sometimientos de cuatro sujetos diferenciables por origen social y cultural, pero constreñidos bajo el mismo aparato capitalista que induce deseos tanto como tritura anhelos. ¿Qué somos capaces de seguir negociando para ser, tener, consumir, pertenecer, aparentar? ¿Nos queda algo que no hayamos vendido creyendo que estábamos ganando?

Los dos ambientes donde ocurre la película funcionan como un dispositivo de subjetivación: el poder entre unos y otros circula como ejercicio, cada uno de ellos llama al otro a ponerse en su lugar cuando el auto control no lo hace. La película usa a Michel Foucault y lo pone a funcionar desde el montaje.

González rompe reglas básicas cuando salta de a un tamaño de plano en vez de dos. Es recurrente, no puede no subvertir la expectativa promedio. De la villa a la filosofía: muchos lo impugnarán porque el juicio estético legítimo les hará considerar que no puede hablar de otra cosa que de negros y delincuentes (nuevamente, que se ponga en su lugar), pero no se darán cuenta que nos habla con el mismo realismo sólo que con otra densidad.

De los cuatro personajes, el pibe del barrio pobre (Alán Garvey), el negro, opera como desvío, y es el único que muestra resistencia frente a la coacción de todos los técnicos que transitarán por el departamento impartiendo alguna doctrina. Él observa con viveza: sabe que todo lo que está sucediendo entre ellos es resultado de psicologías maltratadas que se llenan de cáscaras, incluso la suya. El pibe miserable es, en realidad, el que pone en evidencia las miserias que los demás no ven en ellos mismos.

El resto de los personajes va a morir en el narcisismo aspiracional. La clase que se cree media tiene un teléfono sonando hace mucho tiempo.

Ana Clara Azcurra Mariani* – @serserendipia

* Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Docente (UBA), Becaria UBACyT del Doctorado en Ciencias Sociales

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas