Asia

14 noviembre, 2016

Petróleo y geopolítica: la disputa por el mar meridional de China

El mar meridional de China, a pesar de no tener actualmente relevancia en los noticieros de política internacional, posiblemente empiece a ser nombrado cada vez más seguido. Una aparente disputa por la soberanía tiene como trasfondo el control de recursos energéticos estratégicos.

El 22 de mayo de este año, Barack Obama realizó una visita oficial a Vietnam. Si bien la noticia no fue particularmente llamativa ya que este país había recibido la visita de Bill Clinton en 2000 (fue el primer presidente estadounidense en volver a dicho país desde la guerra), existió una motivación especial para el viaje: un conflicto marítimo.

El mar meridional de China, a pesar de no tener actualmente relevancia en los noticieros de política internacional, posiblemente empiece a ser nombrado cada vez más seguido.

En términos geopolíticos, este mar constituye una zona de conflicto por reclamos territoriales entre China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Taiwan y Brunei. Representa una región de disputa que tiene sus orígenes en el reclamo por control del mar del Sur y Este de China por parte de los mencionados países dado que Beijing se niega a reconocer la Ley del Mar y exige el control en una línea de nueve puntos que avanza sobre las 200 millas de mar territorial de los demás Estados.

conflicto-mar-chinaEn este sentido, el conflicto no se limita solo al control marítimo de la zona; sino que tiene como protagonistas a un grupo de islas: las Diaoyu/Senkakus (principal foco de disputa entre Japón y China; y marginalmente, Taiwan) y las islas Paracel y Spratly.

La querella se remonta a 1894 con la guerra sino-japonesa -que derivó en el surgimiento del conflicto por soberanía en relación a las islas Daioyu/Senkakus-. En la actualidad el ojo de la tormenta se encuentra en las Islas Paracel y las Spratly. China afirma desde fines de 2013 tener soberanía sobre 2.900 hectáreas de las islas que también son reclamadas por Vietnam y Filipinas (al encontrarse dentro de su respectiva Zona Económica Exclusiva), Malasia (que pretende unos islotes en el sur de las Spratly) y Brunei (que demanda soberanía sobre el sur de las Spratly pero dicho reclamo se ha realizado sólo por canales informales).

Estas diferencias, y la negativa de China a negociar, se han manifestado -entre otras formas- en dos enfrentamientos armados de Vietnam con el gigante asiático en 1974 y 1988.

Se trata, a simple vista, de un conflicto por la integridad territorial de cada país. Tal como lo expresó el presidente chino Xi Jinping: “Estamos fuertemente comprometidos por resguardar la seguridad y soberanía del país, y en defender nuestra integridad territorial”.

Empero, los enfrentamientos interestatales suelen implicar intereses económicos y esta no es la excepción. Para entender lo que sucede en la región se debe señalar que no sólo constituye una vía de tráfico marítimo estratégico (valuado en trillones de dólares en comercio de bienes) sino que cuenta con depósitos de gas natural e hidrocarburos de relevancia.

Hay una puja entre Vietnam, China y Filipinas por los recursos de hidrocarburos y gas que hay en la región. Allí, no sólo intervienen actores estatales sino también empresas (públicas y privadas).

Las principales interesadas son las llamadas “Tres Barriles de Petróleo”: las compañías petroleras nacionales chinas (NOCs) -China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), China National Petroleum Corporation (CNPC) y China Petroleum & Chemical Corporation (Sinopec)-, PetroVietnam (empresa púbica vietnamita dedicada a la explotación petrolera) y la compañía del sector de astilleros china: China Shipbuilding Industry Corporation (CSIC).

El interés es claro para las petroleras dado los recursos potenciales que se han estimado en 11 billones de barriles de petróleo y 190 trillones de pies cúbicos de gas). En el caso de la CSIC, las presiones ejercidas al gobierno chino para avanzar en el control de la zona se deben a que un mayor presupuesto naval para expandir la presencia en el mar meridional se traducirá en una mayor demanda para la compañía.

Además, influye la creciente dependencia china de los recursos energéticos de la mano de su expansión económica (aunque con una desaceleración de los últimos años) y la de Vietnam frente a su industria petrolera como estabilizadora de su economía. Asimismo, en el caso de Filipinas, hacia 2030 está estimado que sufran una crisis energética que podría ser alivianada a través de la utilización de los recursos que se encuentran supuestamente en su mar territorial.

A pesar de que el secretario general de la la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés), Le Luong Minh, ha manifestado que “el mar del Sur de China no es sólo un conflicto de reclamos encontrados sino que es sobre paz y estabilidad en la región”, no se trata sólo de Estados en una lucha por el poder; también hay actores por fuera (las empresas vinculadas a la actividad petrolera y la energía) que juegan un rol clave en la resolución del conflicto. Se trata de una disputa aún no desatada en su máximo nivel.

Analía B. García* y Julián Canievsky**

* Lienciada en Comercio Internacional (UNQ) y Maestrando en Política y Economía Internacionales (UdeSA)

** Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE) y Maestrando en Política y Economía Internacionales (UdeSA)

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