Nacionales

3 noviembre, 2016

Huelga de hambre para decirle basta a la contaminación de Klaukol

Los vecinos de Virrey del Pino, en el partido de La Matanza, se enfrentan desde hace años con un monstruo que los envenena día a día. Hartos de verse morir, iniciaron un acampe el domingo frente a la planta, ubicada en el barrio Las Mercedes. Las autoridades bien, gracias. La empresa apuesta al desgaste. “Nos vamos cuando tengamos una medida favorable”, dicen.

Una pequeña carpa de lona, apenas sostenida por unos pocos palos y alambres, alcanza para cubrir a los vecinos del barrio Las Mercedes, que empieza a asomarse en el  kilómetro 44,5 de la Ruta Nacional 3, en localidad de Virrey del Pino. En ese punto de la inmensa geografía matancera la vida se divide en dos. Los sanos y los enfermos.

Los últimos presentan tumores, distintos tipos de cáncer, eccemas, problemas respiratorios. La lista sigue. Los primeros son los menos. Y si las cosas no cambian, van camino a sumarse al otro grupo. El barrio también está partido por su historia. Y eso explica la primera división. Como si se tratara de un punto de quiebre (que lo fue) todos se refieren al mismo momento. Que se remonta a  1980.

Quien visite el lugar va a encontrarse con lo mismo. Antes de Klaukol y después de Klaukol.

A.K.

Roberto Carabajal tiene 56 años. Vive en el barrio desde 1969. Guarda en su memoria los días en que aquel predio, donde hoy realiza sus actividades Klaukol había un bosque: “Era difícil entrar porque era todo verde y muchos venían a cazar pajaritos”.

Carlos Rodolfo Herter se describe a sí mismo como uno de los fundadores de Las Mercedes. Al interior de la carpa, con el ronroneo de camiones que entran y salen, infla el pecho y describe un barrio que ya no es. A sus 84 años, lamenta que muchos de los amigos con los que se crió hoy ya no están. “Nos instalamos hace 47 años y cuando llegamos no había más de cinco casas”, cuenta.

“La gente andaba libremente. Podía salir. Podía caminar y pasear. Después las cosas empezaron a cambiar”, recuerda Susana Aranda. “Un día nos enteramos que llegaba una empresa al barrio. La verdad es que nos pusimos muy contentos. Nadie imaginó lo que, finalmente, sucedió”, dice Roberto.

D.K.

klaukol3Para Susana, cuando llegó la empresa no se sintió tanto la diferencia. Porque entraban pocos camiones, no había tantos empleados y se trabajaba menos cantidad de horas. Pero, después, las cosas empeoraron.

“A los chicos ya no los podíamos dejar ir a la calle. Primero por los camiones, que iban a mucha velocidad. Inclusive, hasta atropellaron a un muchacho. Después empezamos a notar el polvillo que largaban las tolvas. Al poco tiempo empezaron los problemas respiratorios”, cuenta.

En el año 2009 el barrio quedó blanco. “Parecía nieve. Se había metido por todas partes”, recuerda Roberto. Inmediatamente, las autoridades de la empresa los convocaron a una reunión.

“Sí me querés dar plata, está bien. Pero no la voy a aceptar si me hacen firmar eso”, le dijo Susana a uno de los empleados cuando le mostraba una birome y un papel que decía que no iba a iniciar acciones legales contra la compañía: “Ahí se delataron. Se estaban cubriendo por la contaminación”.

La noche y el día en Las Mercedes

En la medida en la que barrio vivía su ocaso, Klaukol no dejaba de crecer. Comenzó sus actividades en 1972 comercializando adhesivos, pastina para la colocación de pisos, revestimientos cerámicos y morteros de albañilería. Con el nuevo siglo, el grupo Lafarge Mortiers puso sus ojos en la firma y la convirtió en multinacional. Fue en junio de 2006 cuando ParexGroup reemplazó al grupo Lafarge Mortiers “como parte de una transformación que introdujo un cambio de la actividad en el área de morteros a nivel mundial”, explican en su página.

Y así como el barrio y la empresa vivían vertiginosos cambios, Susana Aranda transitó los suyos. Aquel día de mayo de 2009, cuando la tolva explotó, ella hizo lo propio. Y se puso al frente de la causa radicada en el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N°2 de Morón a cargo del juez Jorge Ernesto Rodríguez y en el Juzgado N°1 subrogado por el juez Juan Pablo Salas contra la empresa.

No es la humedad

La compañía se jacta de tener una producción segura y sustentable. En 2007, por ejemplo, anunciaron una inversión de 30 millones de pesos para “incrementar sensiblemente la producción con un mayor cuidado del medio ambiente”.  Sin embargo, no hubo un cambio. Por el contrario, como señala el periodista Lucas Pedulla, en la revista MU, “la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar) y el Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS) dieron cuenta de al menos 70 insumos utilizados por Klaukol, entre ellos sílice, cuarzo y fly ash (o ceniza volante)”.

Cada una de estas sustancias es altamente contaminante y genera sensibles problemas en la salud, como; sangrado de nariz, inflamación ocular y distintas enfermedades en el tracto respiratorio y otros órganos con consecuencias mortales.

El cuerpo

El cuerpo de Susana es testigo. Cada familia tiene un padre, una madre, un tío, un hijo, amputado. “Todo empieza más o menos igual. Primero le sangra la nariz. Algún sarpullido. Y después puede derivar de cualquier manera. Puede quedar en eso. O no”, relata.

El cuerpo de Susana es testigo, también, de las consecuencias que duelen cuando las amenazas exceden las palabras. “Elegí vos. Un plomo de una 9 mm que o tragarte esto”, le dijo el tipo mientras la apuntaba, el 15 de septiembre pasado. Debió ingerir dos pilas ante la mirada de un grupo de desconocidos que sabían muy bien acerca de su lucha. Hace unas semanas, llegó una moto a su casa. El conductor no se presentó. Ni se sacó el casco. Solo le entregó otra pila. Le dijo que se la había olvidado la última vez que se vieron.

El cuerpo de Susana es testigo de la voluntad de sus vecinos y de su vocación de lucha. Por estas horas, mientras algunos escriben notas, otros las leen, algunos descansan y trabajan, Susana permanece en una carpa frente al enemigo. Un monstruo que les come la vida todos los días. “Queremos que se vayan. Queremos vivir bien. Queremos vivir”, dice Susana, con una voz que por momentos parece apagarse por el cansancio. Por la huelga. Por el hambre. Y que vuelve a encenderse, como una llama difícil de apagar. Por la bronca.

Leandro Alba – @leanalba

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas