América Latina

1 noviembre, 2016

Día de los Muertos: sincretismo y celebración popular

El Día de los Muertos se festeja en toda América Latina el 1 y 2 de noviembre, con mayor énfasis en México. Es una fecha que expresa el sincretismo religioso entre los pueblos aztecas y los colonizadores cristianos españoles.

El Día de los Muertos se festeja en toda América Latina el 1 y 2 de noviembre, con mayor énfasis en México. Es una fecha que expresa el sincretismo religioso entre los pueblos aztecas y los colonizadores cristianos españoles.

Lejos de la tradición cristiana que concibe a la muerte como un momento desgarrador, triste y el final de la vida terrenal, el Día de los Muertos en América Latina refleja la cultura de los pueblos originarios que entendían a la muerte como el paso de un mundo a otro. En Argentina tenía fuerte arraigo en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco y Corrientes, hasta que la última dictadura militar quitó la fecha del calendario junto con el Carnaval de febrero.

En México, el Día de los Muertos es una festividad popular en la que los vivos pueden encontrarse por un día con las almas de sus seres queridos muertos, y por eso sus rituales son muy alegres. Por su importancia y masividad, que traspasa las fronteras mexicanas, la UNESCO declaró a esta festividad Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El pasado domingo 29 de octubre cientos de miles de personas se reunieron en la capital mexicana para desfilar, con disfraces y música, siendo la segunda vez que la fiesta se anticipa en un masivo festejo callejero. Pero la celebración se centra en las casas de familias y en los cementerios, donde las familias se congregan para levantar altares, comer, tomar y bailar. Las familias también visitan los cementerios durante una parte del día, donde suelen hacer un picnic o un pequeño festejo mientras dejan las ofrendas sobre las tumbas, y hornean el «pan de muerto».

El origen azteca del Día de los Muertos

La fecha está vinculada con la cultura nahuatl (o azteca), quienes creían que cuando las personas morían debían iniciar un difícil y peligroso camino hacia el Mictlán, la tierra de los muertos, que se encontraba a un nivel inferior que la tierra de los vivos. Para ello debían atravesar nueve niveles verticales y descendientes y la duración de este viaje era considerada de cuatro años. En el camino debían cruzar caudalosos ríos, filos de montañas, tormentas de viento, flechas puntiagudas y manadas de jaguares hambrientos. Una vez que el alma del difunto llegaba a Mictlán, era recibida por Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, las deidades del inframundo, que le anunciaban el final de su tormento.

Aunque otros pueblos mesoamericanos como los mayas, purepechas, nahuas y totonacas también honraban a sus muertos con festejos, el calendario azteca registraba al menos seis festejos anuales en honor a los difuntos. La celebración del Día de los Muertos estaba ubicada en el noveno mes de ese calendario -de un total de 18 meses- cerca de agosto. Pero los españoles movieron la fecha para aproximarla al Día de Todos los Santos, en un intento de eliminar las tradiciones no cristianas. Las festividades eran presididas por el dios Mictecacihuatl, la “Dama de la muerte”, y su referencia actual es la Catrina del folklore mexicano.

diamuertos

En realidad, la “mujer calavera” representa a la “calavera garbanzera”. Los garbanceros eran los indígenas que dejaban de vender maíz para vender garbanzos, para asimilarse a la cultura europea dominante. El sombrero afrancesado como única prenda es símbolo de ello. Por lo tanto, las “catrinas” son un símbolo mexicano que hace referencia a quienes reniegan de sus raíces y pretenden “europeizarse”.

Diego Rivera bautizó a la “calavera garbanzera” como Catrina y la retrató junto a su creador, el artista José Guadalupe Posadas, y a su compañera Frida Kahlo en su mural ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’.

Sin dudas, el ritual más importante del Día de los Muertos es el altar. Las ofrendas que se colocan allí son dirigidas a las almas de familiares y seres queridos que han fallecido. Por eso, cada uno de los elementos que ahí se disponen tienen un significado particular. Los altares mexicanos son una de las expresiones del sincretismo más expandidos en Centroamérica y Estados Unidos, además de México.

La flor del cempasúchil -clavel chino- junto con las velas -de los rituales europeos- y las calaveras -de los rituales aztecas- son los elementos centrales. Los aromas también dan cuenta de ese sincretismo, mezclando el incienso de las ceremonias cristianas con el copal, una resina que se incinera para aromatizar el aire y limpiar el lugar de malos espíritus, cuyo uso es milenario y extendido en gran parte de América Latina. Y lo que no puede faltar es las fotografías de los difuntos a quienes se agasaja.

En los altares dedicados a niños se suma el perrito izcuintle, el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán, el mundo de los muertos Azteca.

Halloween, muertos y santos 

altarEl Día de los Muertos tiene muchos puntos de contacto con la fiesta de Halloween, de origen celta. Los celtas creían que en la noche del 31 de octubre las almas de los muertos volvían a visitar a los vivos. Por ello, se los esperaba con comida y disfraces con el objetivo de que los vivos se mezclaran entre los muertos. Halloween también representa un sincretismo ya que era la festividad celta próxima al Día de Todos los Santos, fecha cristiana. Incluso su nombre deriva de la expresión “all hallow’s eve”, que significa “la víspera del día de todos los muertos”. Las calabazas, fantasmas y gatos negros son símbolos celtas, y al igual que en México, la fecha representa un día festivo y de bromas.

El Día de Todos los Santos se instauró en en memoria de los mártires cristianos que produjo la persecución de Diocleciano (284-305). El festejo original de esta fecha era el 21 de febrero, pero se cambió al 13 de mayo, día en que el papa Bonifacio IV instaló un templo de la Santísima Virgen y de Todos los Mártires en el Panteón Romano donde se honraba a los dioses paganos. Luego, en el año 840, el Papa Gregorio IV estableció la universalidad de la fecha y la movió del mes de mayo al 1° de noviembre.

En el año 998 en el Monasterio de Cluny, en Francia, el abad San Odilo comenzó a orar por todos los difuntos, inclusive los muertos de los pobres, “democratizando” la práctica del psalmi, las oraciones por los muertos, práctica exclusiva de las familias poderosas. Esta práctica fue adoptada en Roma recién en el siglo XIV y en España en el siglo XV.

De allí esta tradición llegó a tierras americanas donde se sincretizó con las fechas nahuas, dando origen al Día de los Muertos como lo conocemos en la actualidad.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas