América del Norte

1 noviembre, 2016

¿Cómo se elige al presidente de Estados Unidos?

Evan McMullin puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Es cierto: Hillary Clinton y Donald Trump se disputan mano a mano los votos en los territorios más peleados y son quienes cuentan con casi todas las chances. Pero ahí está McMullin.

Evan McMullin puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Es cierto: Hillary Clinton y Donald Trump se disputan mano a mano los votos en los territorios más peleados y son quienes cuentan con casi todas las chances. Pero ahí está McMullin y las complejidades del sistema electoral estadounidense.

Este ignoto ex agente de la CIA, mormón, nativo de Provo, Utah, montó una campaña independiente con el apoyo de la organización “Better for America” (Mejor para Estados Unidos), una organización sin fines de lucro que canalizó los esfuerzos de los republicanos reunidos en torno a la campaña #NeverTrump (#NuncaTrump).

Con el apoyo velado del ex candidato presidencial Mitt Romney, con quien comparte fe, basó su discurso en un regreso a los valores conservadores tradicionales del Partido Republicano. Hoy, las encuestas lo muestran apenas un par de puntos por detrás de los candidatos de los partidos principales en su Estado natal.

Ahora bien, una victoria en Utah convertiría a McMullin en el primer candidato de un tercer partido en obtener electores desde George Wallace, en 1968. Pero serían solamente seis, cuando se necesitan al menos 270 para alcanzar la presidencia. Entonces, ¿cómo podría terminar liderando a la máxima potencia del planeta?

McMullin necesitaría de una serie de carambolas electorales casi milagrosas, pero no imposibles. Si los seis votos electorales de Utah caen hacia su lado, Trump y Clinton podría terminar igualados en 266.

En ese escenario, conocido como deadlock (cerrojo), la decisión de la elección pasa a las dos cámaras del Congreso, ya con su nueva conformación. La Cámara de Representantes, de casi segura mayoría republicana, debe elegir entre los tres candidatos presidenciales con más votos electorales, y el Senado -de probable mayoría demócrata- entre los dos candidatos a vicepresidente. En este escenario, Clinton, Trump y McMullin irían a la Cámara mientras que Tim Kaine y Mike Pence irían al Senado.

El rechazo de amplios sectores de diputados republicanos a la figura de Trump, sumado a su negativa por elegir a Hillary Clinton, derivaría en este escenario hipotético en un voto hacia McMullin. Sobre todo porque, si los representantes no logran elegir por mayoría un candidato, quien asume es el vicepresidente electo por el Senado, que sería casi con seguridad el demócrata Kaine.

Este escenario, absolutamente improbable desde la política y desde los números, es una muestra de la complejidad del sistema electoral estadounidense.

Voto popular vs. Colegio Electoral

La elección presidencial en Estados Unidos es indirecta. Esto quiere decir que los votantes de cada Estado eligen representantes a un Colegio Electoral que, una vez conformado, es quien decide quien es el nuevo presidente. Un sistema similar se utilizó en Argentina hasta la reforma constitucional de 1994.

El número de representantes al Colegio Electoral es igual a la cantidad de diputados y senadores, que a su vez se basa en el más reciente censo. En este caso, serán 538 los votos electorales, por lo que se necesitan 270 para ganar la elección.

Los votos electorales se reparten por Estado de acuerdo a su población. De esta manera, California tiene 55 votos electorales y Texas 38, mientras que Montana, Wyoming o Dakota del Norte tienen apenas tres.

Como la elección se define por la cantidad de votos obtenidos en cada Estado y no por la suma total a nivel nacional, puede darse un divorcio entre estos dos datos. Este hecho ocurrió en varias ocasiones a lo largo de la historia, la más reciente en el año 2000, cuando Al Gore obtuvo más de 500 mil votos por encima de George W. Bush, pero este último consiguió 271 votos electorales contra los 266 del candidato demócrata.

De esta forma, si bien la elección es nacional, algunos Estados tienen tradicionalmente más peso que otros. Son los denominados swing states (estados pendulares), donde la disputa es siempre ajustada entre republicanos y demócratas y el botín en términos de votos electorales es grande. Florida (29 votos), Ohio (18) y Pensilvania (20) son los tres swing states más tradicionales.

Anticipado, en ausencia, por carta

Otra particularidad del sistema electoral estadounidense, aunque no es el único país del mundo en el que ocurre, es la cantidad de variantes disponibles a la hora de emitir el voto.

La fecha de las elecciones es el 8 de noviembre, pero en al menos 33 estados del país se le permite a los ciudadanos participar de los comicios desde semanas antes.

La opción más común para esto es el early voting, o voto anticipado. En algunos Estados, lugares habilitados de votación están disponibles para los electores previamente registrados desde semanas antes. El absentee voting, o voto por ausencia, tiene las mismas características, con la diferencia de que previamente hay que presentar una explicación para no estar presente el día de las elecciones.

La última opción, el voto por carta, adquiere características similares, con la diferencia obvia de que no es necesario presentarse a un lugar de votación, sino envíar el voto por correo.

Estas tres opciones, englobadas todas bajo el concepto de voto anticipado, tuvieron un crecimiento exponencial desde el inicio del nuevo milenio. Mientras en el año 2000 representaban el 16% del total de votos emitidos, en las elecciones de 2012 fueron más del 31%.

En un sentido práctico, esto significa que algunos de los hechos políticos ocurridos en los días más cercanos a la elección no tienen influencia sobre una parte importante de los votantes. Por caso, el escándalo surgido el pasado viernes por el anuncio del director del FBI sobre una nueva investigación de los correos electrónicos del equipo de Hillary Clinton pasará desapercibido para aquellos que ya emitieron su voto a favor de la candidata demócrata.

¿2000, odisea electoral?

Hillary Clinton sigue siendo la favorita a ganar las elecciones el próximo martes. Los pronósticos electorales varían entre el 98% de posibilidades que le otorga Pollster, el seguidor de encuestas del Huffington Post, hasta el 71% que le da el portal Fivethirtyeight, pasando por el 88% de la sección «The Upshot», del New York Times.

Sin embargo, si bien su preferencia a nivel nacional permanece sólida, los sondeos muestran que está perdiendo votos en los estados disputados, como Florida y Carolina del Norte.

Aunque todavía es una posibilidad lejana, se podría dar un escenario similar al del año 2000, en el que la candidata demócrata obtiene la mayoría popular pero no los suficientes votos para alzarse con la presidencia.

A seis días de las elecciones, el pánico empieza a apoderarse de los demócratas. Los números todavía los ayudan, pero el impulso para el sprint final está del lado republicano.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

Foto: BBC

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