Derechos Humanos

27 octubre, 2016

DDHH: «Es la primera vez que un Estado democrático juzga a su Estado terrorista»

Segunda parte de la entrevista a tres integrantes del Equipo de Acompañamiento Psicológico a testigos en juicios por crímenes de lesa humanidad de la provincia de Córdoba, que intervino en la denominada “Mega Causa “La Perla-Campo de la Ribera”. Vinculación con los casos de gatillo fácil, particularidades de género e implicancias históricas del juicio.

Notas dialogó con Nora Galán, Yanina Petiti y Alejandra Constable, integrantes del Equipo de Acompañamiento Psicológico a testigos en juicios por crímenes de lesa humanidad de Córdoba que intervino en la denominada “Megacausa La Perla-Campo de la Ribera”, que se inició en diciembre del 2014 y finalizó con la lectura de la sentencia el pasado 25 de agosto.

Aquí la segunda parte de la entrevista, que continúa lo ya publicado. Las respuestas son colectivas.

-Como trabajadoras de la salud, ¿qué significó este trabajo?

-La posibilidad de poder pensar dispositivos como éste, que tomaba algunas cosas de lo clínico y de lo comunitario, de salirse de algunas pautas y animarse a pensar dispositivos que tengan que ver con la situación que se quiere abordar. Aprendimos que se puede pensar en alternativas.

Otro punto importante es el posicionamiento político como Estado, ya que todos éramos de alguna forma empleados del Estado. ¿Cómo actúa un Estado que hizo daño frente a un Estado que intenta hacer algo con ese daño que se hizo? Políticamente que hayamos actuado desde un Estado que dispuso la intervención de algunos profesionales es muy importante. Desde lo profesional, trabajás indudablemente desde una perspectiva de derechos.

-Yanina, vos estás trabajando en la Universidad Nacional de Córdoba en el acompañamiento a familiares de víctimas de casos de “gatillo fácil”. ¿Cómo se vincula esta experiencia con aquello trabajado en el equipo?

-La experiencia en ambos equipos te hace pensar en ciertas continuidades de lo que es el poder represor del Estado, lo que es el avasallamiento de derechos. Y por otro lado ciertas discontinuidades, ciertas rupturas.

Me surgen preguntas sobre el acompañamiento en épocas de impunidad. El juicio, si bien fue 40 años después y llegó tarde, es importante. Hay que destacar que fue por la constancia de los Organismos de Derechos Humanos, que no aflojaron. Frente a estos casos de gatillo fácil me pregunto ¿cómo hubiera sido acompañar a los familiares del terrorismo de Estado en los 70, los 80 o los 90, que también eran épocas de impunidad?

-Lamentablemente la mayoría de los familiares de estos casos no han logrado avanzar en la condena a los culpables. ¿Qué significados tienen los juicios frente a esa impunidad?

-Si bien cuestionamos el término de “reparación” en cuanto a los juicios, los testigos nos devolvieron la idea de que con el juicio se cierra algo, se llega a una instancia en la que los responsables de los crímenes han sido encontrados y condenados. Una testigo dijo en un medio público: “El juicio ilumina. Desde Tribunales se iluminaba el barrio, Córdoba y el país y quedaba claro quiénes eran los asesinos y quiénes las víctimas”.

-¿Por qué se cuestiona el término reparación?

-El término viene desde el ámbito jurídico y plantea la idea de “reparar”, de volver a un estado anterior. Pero creemos que en situaciones atravesadas por experiencias tan extremas no es posible volver al estado anterior. Habría que pensar en otro término para nombrarlo.

Además, no es un concepto que contenga la experiencia del dar testimonio, algo que no siempre es reparador y que incluso puede implicar volver a atravesar situaciones sumamente dolorosas, como en el caso de los sobrevivientes. Para muchos familiares de víctimas no era posible dar ese testimonio porque sentían que iba a ser avasallador. Dar testimonio no es una obligación sino un derecho y tuvimos que fundamentar ante tribunales por qué algunas personas no podían hacerlo. La gran mayoría sí quería hacerlo pese a todo lo que significa redundar esa experiencia.

-¿Cómo fue el vínculo con los jueces y fiscales durante el juicio?

-Nuestro modo de intervención muchas veces puso en crisis las «lógicas jurídicas» que escinden y fragmentan los testimonios y las causas. El tribunal tenía exigencias: No correrse de la prueba, del dato, la precisión en las fechas. Pero al contemplar una lógica más subjetiva debió considerarse, por ejemplo, la pérdida de percepción del tiempo y el espacio que se tiene en las condiciones de cautiverio.

Tuvimos que trabajar sobre la importancia de que los testigos pudieran decir más allá de la prueba concreta. Pensamos que era necesaria la construcción de un clima más humanitario en los juicios, sin que se desestimaran testimonios.  

Los acompañamientos fueron variando con los años, al principio teníamos más tiempo y con algunos testigos pudimos acomodar la fecha del testimonio, procurando que se los citara cuando estuvieran preparados. Pero los tiempos jurídicos fueron acelerando el proceso. El rango de acompañamiento pasó de un año a tiempos tan acotados como un encuentro en la misma sala de espera antes testimoniar. Con algunos testigos que vivían en otras provincias o en el exterior también se hicieron acompañamientos telefónicos.

En algunos casos también había que hacerlo respecto del Equipo de Protección, quienes realizaban la citación y llevaban en algunas ocasiones a los testigos a tribunales el día de audiencia, porque a muchos testigos les resultaba hostil e increíble que las mismas fuerzas de las que fueron víctimas hoy los «cuidaran» para asistir al juicio.

-Dentro de las condenadas hay una sola mujer. ¿Qué lecturas pudieron hacer en torno a la cuestión de género?

-Dentro del equipo hemos discutido la diferencia en el trato de los detenidos cuando eran hombres y cuando eran mujeres, porque había una doble estigmatización de las mujeres por “salirse de la norma”. Todo el tiempo los represores les decían cosas como: “¿Qué haces vos acá, que tendrías que estar en tu casa cuidando a tus hijos”.

No era lo mismo el peso simbólico de una mujer militante que de un hombre militante. Había un trato desigual, un ejemplo claro es la violencia sexual.

El tratamiento jurídico de los crímenes es desigual, porque por un lado se juzgan homicidios y detenciones ilegales y, por otro, los crímenes sexuales. En este juicio hubo un caso en que se investigó, se juzgó y se condenó. Ahora se está instruyendo una causa específica de violencia sexual, que no se limitaba solamente a las mujeres ya que hubo también violencia sexual hacia los hombres. Lo que pasa es que eso es incluso más tabú. En este juicio fue un solo hombre que explícitamente quiso plasmar en su testimonio la violencia sexual.

Para las mujeres era sistemático no sólo el abuso sexual sino también la humillación, la denigración, la desnudez y el manoseo. Fue sistemático y así lo trató la fiscal, desde una cuestión de género. De hecho, nos preguntamos si los cuerpos de las mujeres fueron tomados como un objeto de disputa entre esos hombres.

También preguntamos por qué no se habían juzgado antes los delitos sexuales y nos dijeron que porque los testigos no lo habían planteado. Pero cuando leímos las declaraciones de los 80 vimos que sí estaba dicho por todos lados, pero no se los había escuchado realmente.

-Nos imaginamos que todavía les queda un trabajo de sistematización de todo lo que implicó después de la sentencia. ¿Hay avances de ese análisis?

-Luego de cada juicio en el que interviene el equipo se hace un informe final, valoraciones cuantitativas, cualitativas y el detalle de la sentencia, que se eleva a todos los actores, organismos e instituciones. Nosotras ya tenemos un borrador bastante avanzado, aunque nos faltan algunas cosas.

Es complejo poder encontrar las palabras para poder comunicar por escrito lo que vemos, porque son temáticas muy sensibles. Hay que ser muy cuidadosos con las palabras, la escritura es un desafío. De acá a un tiempo creemos que puede madurar otra cosa.

-¿Qué repercusiones creen que tiene la sentencia de la “Mega Causa La Perla- Campo de La Ribera”?

-Hay un antes y un después para los testigos. Después de una larga espera, después del Punto Final y de los Juicios por la Memoria, que iban a tener carátulas nada más que nominales, que este juicio haya sucedido y haya tenido la magnitud que tuvo marca una diferencia.

Estos juicios son un ejemplo para el mundo. Es la primera vez que un Estado democrático juzga a su Estado terrorista. Estos juicios exceden y traspasan lo jurídico y lo legal. Porque dejan marcas a nivel social y marcas educativas.

Es ordenador, pone a los culpables donde tienen que estar: ya no son los que se excedieron sino los condenados por crímenes de lesa humanidad.

María Ordóñez – Andrea Nieva

Foto: Romina Guevara

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