América Latina

25 octubre, 2016

Luces y sombras del ex presidente uruguayo Jorge Batlle

Durante la noche de este lunes 24 falleció el ex presidente uruguayo Jorge Batlle, que se encontraba internado hace diez días tras un accidente. Representante de una de las familias más influyentes de la política uruguaya, cinco veces candidato a presidente y reconocido liberal, Batlle deja tras sí un historial cuestionable, sobre todo en lo que hace a política económica y derechos humanos.

Jorge Luis Batlle Ibáñez, ex presidente uruguayo, murió durante la noche de este lunes 24 de agosto, un día antes de cumplir 89 años, después de permanecer diez días internado por una caída que le provocó un traumatismo de cráneo grave, del que finalmente no pudo recuperarse.

Batlle fue el último vástago de una familia con presencia en la política uruguaya desde la época colonial, que dio cuatro presidentes e incluso brindó su nombre para una corriente política del Partido Colorado, el batllismo. Luis Batlle Berres, su padre, fue dos veces presidente, lo mismo que su tío abuelo José Batlle y Ordóñez, mientras que su bisabuelo Lorenzo Batlle sólo tuvo un mandato.

Jorge Batlle, que fuera abogado y periodista, alcanzó su primer cargo público relevante al ser elegido diputado por Montevideo con el Partido Colorado en 1958. Reelecto en 1963, comenzó a proyectarse a nivel nacional en 1965 al suceder a su padre muerto como líder de la famosa Lista 15, una corriente interna de los Colorados. Desde allí impulsó una reforma constitucional aprobada en 1966 y se candidateó por primera vez a la presidencia.

Batlle insistió con su candidatura en 1971 y durante la mayor parte de los años de dictadura militar (1973/1985) se exilió en Brasil, dirigiendo clandestinamente al Partido Colorado desde Río Grande do Sul. Según documentos desclasificados por el gobierno de EEUU en 2003, en 1972 se habría manifestado a favor de la creación de un grupo “escuadrones de la muerte” para combatir a los tupamaros del Movimiento de Liberación Nacional.

Aprovechó la restauración democrática para candidatearse como senador, ya que continuaba proscripto para la presidencia, y ocupó su banca en el Senado hasta 1989, durante la presidencia de Julio María Sanguinetti. En 1989 presentó una nueva candidatura presidencial en la que fue derrotado, según algunos analistas gracias a su oposición a una reforma constitucional que apuntaba a favorecer a los jubilados. En 1994 fue candidato presidencial por cuarta vez, obteniendo apenas el 5% de los votos, lo que no fue obstáculo para obtener nuevamente una banca en el Senado al año siguiente.

En 1999 Batlle decidió insistir con su candidatura a la presidencia y, pese a ser derrotado en primera vuelta por Tabaré Vázquez (40% contra 32%), logró imponerse en la segunda y convertirse en el primer presidente uruguayo del siglo XXI.

A pesar de haber estado exiliado y proscripto por la dictadura, su postura siempre fue conciliadora y opuesta a la investigación de los crímenes militares y al juicio y castigo. Sin embargo, la presión de los organismos de derechos humanos y de la sociedad, en confluencia con fuertes vientos latinoamericanos a favor de la investigación a fondo de las dictaduras, lo llevaron a ser el primer presidente en reconocer oficialmente la existencia del Plan Cóndor e impulsar la creación de la llamada Comisión por la paz, un organismo integrado por referentes políticos, religiosos y personalidades para investigar casos de detenidos-desaparecidos.

La Comisión elaboró un informe sobre unos 30 casos y se pudieron recuperar los restos de dos desaparecidos argentinos. También fue muy resonante la identificación de la nieta del poeta Juan Gelman, apropiada por un policía uruguayo. Gelman, luego de la felicidad inicial por la identificación de su nieta, comenzó a denunciar públicamente que los iniciales avances en DDHH del gobierno de Batlle (que llevaron su popularidad al 66%) habían sido sólo una estrategia política para el inicio del mandato que luego no se continuó con acciones sostenidas, dejando languidecer todas las investigaciones. Coherentemente, en 2011 Batlle se opuso a la derogación de la llamada Ley de Caducidad de 1986, que otorgaba impunidad a los crímenes de la dictadura.

Autodefinido como liberal, fue el responsable de liderar al paisito durante una de las mayores crisis políticas y económicas de su historia, en el 2001. En abril de 2001 se declara una emergencia nacional por un gravísimo brote de fiebre aftosa que diezmó al ganado vacuno, pero la situación acabó de complicarse hacia fines del año al ritmo del impacto de la crisis económica argentina. Una corrida bancaria, agravada por denuncias de estafas en el principal banco privado del país, drenó el 45% de los depósitos. El ajuste y la decisión de dejar flotar libremente a la moneda no hicieron más que agravar la crisis, lo que le costó el cargo al entonces ministro de Economía Alberto Bensión.

La pobreza se duplicó y la indigencia se triplicó, quebraron cientos de empresas y decenas de miles de uruguayos eligieron el camino de la emigración. Sin embargo, Batlle, a diferencia de nuestro Fernando De la Rúa, pudo mantenerse en su cargo al obtener un préstamo directo del Tesoro de los Estados Unidos de 1500 millones de dólares, gracias a sus excelentes relaciones con el presidente Bush padre, lo que también implicó un apoyo del FMI.

Así, Batlle quedó casi solitario como representante tardío de la década neoliberal en un contexto latinoamericano en el que ya soplaban claramente vientos de cambio popular. Lógicamente, su relación con los nuevos gobiernos progresistas de Latinoamérica no estuvo exenta de conflictos. En una entrevista televisiva con la cadena Bloomberg en 2002, creyendo que las cámaras estaban apagadas, dijo “Los argentinos son una manga de ladrones, del primero hasta el último”, por lo que luego debió disculparse entre lágrimas ante el entonces presidente Eduardo Duhalde.

Su oposición al Mercosur fue clara y explícita desde el inicio. En 2003, en lo que el gobierno de Kirchner consideró como una “provocación”, designó al capitán de navío Juan Craigdallie, cuestionado por su vinculación con crímenes de la dictadura, como agregado naval adjunto en la Embajada de Uruguay en Buenos Aires.

Algunos meses antes, Batlle había sido objeto de la furia de Fidel Castro, quien lo calificó de “trasnochado y abyecto Judas” por una presentación en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que cuestionaba las garantías a los DDHH en la isla. Las relaciones diplomáticas estuvieron rotas hasta el triunfo del Frente Amplio, en las elecciones de 2005 en las que el Partido Colorado de Batlle obtuvo apenas un 5%, el peor resultado de su historia.

A pesar de todas las críticas, todas las figuras políticas uruguayas concurrieron al sepelio de Jorge Batlle. Incluso el mismo José “Pepe” Mujica, sin dejar de plantear sus diferencias históricas («Nos hemos peleado toda la vida muchísimo toda la vida y si tuviéramos dos vidas, seguiríamos peleando»), manifestó su respeto por la figura del ex presidente: “Nadie elige cómo muere pero es hermoso, cayó militando. Me gustaría irme de forma parecida”.

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