Batalla de Ideas

13 octubre, 2016

Con una pequeña ayuda de mis amigos

Por Martín Ogando. La postergación ad eternum del paro cegetista consolidó el optimismo del gobierno. Saben que el camino a diciembre es largo, pero lograron desactivar varios problemas de envergadura. ¿Hay señales de reactivación económica?

Por Martín Ogando. Lo largamente presentido finalmente ocurrió. Luego de una modestísima oferta oficial, la CGT puso en terapia intensiva su amenaza de paro. La definición formal se tomará la semana que viene, pero nada indica que la medida de fuerza pueda ser reflotada. El flamante triunvirato acaba de darle un espaldarazo mayúsculo a Macri para llegar con abundante oxígeno hasta fin de año.

Un bono de mil pesos para los beneficiarios de la AUH y los jubilados que cobran la mínima, y la ansiada eximición de ganancias para el medio aguinaldo de los salarios brutos inferiores de 55 mil pesos, es lo único concreto que se llevaron los dirigentes sindicales de la reunión. La cúpula de la CGT intenta mostrar que ha dado un paso, y que ahora apuntará los cañones a la negociación del bono con los privados y a una eventual rebanada para los estatales, muy complicada por la situación fiscal de provincias y municipios.

La convocatoria oficial a la “Mesa del Trabajo y la Producción”, donde el gobierno aspira reunir a empresarios y sindicalistas será el cuadrilátero formal sobre el que se desarrollarán estos tironeos. Como sea, el movimiento obrero deja bajo el ring su arma más poderosa: la acción directa.

Ganadores, perdedores y expectantes

El gobierno, muy por el contrario, llegará a la eventual cumbre tripartita fortalecido. Se anotó un triunfo importantísimo desactivando un paro nacional largamente anunciado. Más aún, lo consiguió sin ceder más allá de lo que sus estrictos cálculos fiscales le aconsejaban. Ofreció, se plantó, e hizo oídos sordos a la estridente amenaza gremial. Una cosa es gradualismo y otra aflojar las riendas. Una señal muy importante para los sectores empresariales, que todavía dudan de la templanza del gobierno para lidiar con las presiones gremiales.

Aventar el paro tiene un efecto clave: consolidar el optimismo que el gobierno pretende transmitir hacia adentro y hacia fuera. Lo peor ya pasó, repite y repite. Pero además hay un triunfo suplementario. La agachada del triunvirato agudizó las disputas al interior de la CGT y del movimiento obrero en general. Por estos días se llegó a hablar, incluso, de una prematura ruptura de lo precariamente reunificado, aunque seguramente la sangre no llegue al río.

El acto del 29 de abril y las tendencias a la unidad de acción con las CTA y algunos movimientos sociales, configuraban una escenario de pesadilla para Cambiemos. Desmontarlo, colocar una fuerte cuña en esas tendencias a la unidad, es un triunfo de magnitud.

La cúpula sindical le ha otorgado un voto de confianza al gobierno, que muchos empresarios todavía retacean. O al menos esto es lo que piensa la mesa chica presidencial. Por eso, apenas unas horas después de sellado el acuerdo con los gremios, Macri habló en el coloquio de IDEA para reclamarles, con muy buenos modales, mayor compromiso y “corazón”.

El dato es doblemente significativo. El retorno presidencial al cónclave capitalista, luego de 14 años de ausencias, es toda una declaración de intenciones. Sin embargo, Macri pretende un apoyo más decidido de sus compañeros de clase. Por eso, casi como provocación, les habló de la madurez de los líderes sindicales y les pidió que aporten lo suyo. Es decir, que pongan la tarasca. Sin embargo, como señala Mariano D´Arrigo en Notas, son muchos los que piensan que el gobierno debe profundizar y acelerar reformas, mientras esperan la prueba de fuego del 2017 para empezar a creer… y a poner.

Golpeando las puertas del cielo

Contenido el paro, la incógnita central pasa por el termostato de la economía. ¿Estamos saliendo de la recesión? La inflación, que dio un salto abrupto con la devaluación, parece estar poco a poco desacelerando su marcha. El éxito es relativo, claro, porque esta caída tiene un fuerte componente vinculado a la retracción del consumo. La cuestión entonces pasa, cada día más, por reactivar la actividad económica, por volver a crecer.

Todavía es difícil señalar una tendencia clara al respecto. El gobierno se aferra a una serie de indicadores macroeconómicos que muestran un leve cambio de tendencia. En efecto, la mayor parte de los indicadores de referencia, como el índice Construya, la producción industrial, la recaudación del IVA, el crédito privado o las importaciones de bienes de capital, muestran leves evaluaciones positivas, si se compara septiembre con agosto, e incluso el tercer trimestre con el segundo. Las incertidumbres aparecen cuando la comparación es interanual. En casi todos los casos las comparaciones con el 2015 siguen mostrando notables números en rojo. “Dejar atrás la recesión” parece todavía una aspiración de Prat-Gay, más que una realidad consolidada.

Eppur si muove

En este escenario complejo se insertan indicadores sociales en franco deterioro. La pobreza, el desempleo y la precarización laboral tienen un piso asentado en las características estructurales del capitalismo argentino. La inflación y la recesión han venido, lógicamente, a empeorar las cosas, y el gobierno por ahora responde con mínimos paliativos. Sabe, además, que un tibio repunte económico no alcanzará para retrotraer la situación en este plano. Habrá perdedores.

Dando vida a estos fríos números, hay un conglomerado enorme de movimientos populares y comunitarios. Muy cerca de ellos las dos CTA y los gremios docentes y estatales. Son una serie de actores que quedan fuera del acuerdo gobierno – CGT y van a cascotear el rancho. Con qué firmeza y capacidad de acción está por verse, pero no será un dato irrelevante de los próximos meses.

Los sectores combativos del sindicalismo vienen anunciando que de todas maneras irán al paro. Los movimientos sociales hace rato que advierten que no les sobra colchón como para pasar el verano. Una vez más se pueden sumar sectores descontentos de la propia CGT, como la Corriente Federal y el moyanismo. ¿Confluirán todos estos actores en una medida de fuerza y una nueva demostración multitudinaria antes de fin de año? Parece posible. El impacto sería mucho menor que el de una huelga general, pero no debiera ser subestimado. Puede recalentar las calles y también el clima político, poniendo nuevos obstáculos al optimismo PRO hacia el electoral año 2017.

Macri pilotea una transición, a la que poco a poco (y para mal de los de abajo), parece estar encontrándole el pulso. Sin embargo, nada está dicho sobre lo que vendrá. Argentina es una sociedad movilizada en múltiples sentidos.

El multitudinario Encuentro Nacional de Mujeres que se desarrolló en Rosario, probablemente único a nivel mundial, es una muestra destacada de dicha vitalidad. Un movimiento de masas joven, renovador y extraordinariamente combativo, ha irrumpido bajo el impulso del “Ni una menos”, pero desborda todos los días sus límites y amplía sus potencialidades.

La casta política, acostumbrada a la previsibilidad de los sindicatos y otras organizaciones, tendrá que lidiar con este y otros fenómenos que día a día nutren la resistencia social en nuestro país. Después de todo, nadie tiene la vaca atada, aunque pueda tener a algunos de la correa.

@MartinOgando

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